El Thyssen acoge la exposición 'Balenciaga y la pintura española'
El Thyssen acoge la exposición 'Balenciaga y la pintura española' EP

Hace ya algunos años que el Museo Thyssen rastrea algunas de las apasionadas relaciones que se han dado entre el arte y la moda. Hasta ahora había dedicado exposiciones al maestro de la costura Givenchy, a los diseños de Sonia Delaunay -fue en Madrid donde la artista abriría Casa Sonia, un negocio que dedica a la decoración de interiores, los tejidos y las prendas de vestir- y a la pasión por la moda de Joaquín Sorolla, que hoy en día podría considerarse un auténtico 'coolhunter' a través de sus pinturas.

En un paso más allá, la pinacoteca madrileña se reta a si misma inaugurando una ambiciosa exposición que vincula a uno de los más grandes diseñadores de la historia, Cristóbal Balenciaga (1895-1972), con la tradición de la pintura española de los siglos XVI al XX para demostrar que algunos de los grandes nombres del arte español fueron fuente de inspiración esencial de muchas de las soberbias e imperecederas creaciones del modisto vasco.

Curiosamente, el origen de este vínculo se remonta a la infancia del creador. Su madre, Martina, costurera de profesión, trabajaba para algunas de las familias más destacadas de la zona de Getaria (Guipúzcoa). Entre ellas, la de los marqueses de Casa Torres en cuyo palacio, popularmente conocido como Vista Ona, el joven Cristóbal pudo admirar telas maravillosas llegadas de las mejores tiendas de Londres y París así como su magnífica colección de cuadros, en la que había pinturas de Velázquez, Goya y El Greco.

Muchos años después, en 1937, convertido ya en diseñador top, con su propio taller en la avenida George V de París y con una exquisita clientela que incluía a grandes de la alta sociedad y las familias reales europeas, las creaciones de Balenciaga eran un reflejo de su país de origen y un homenaje a la estética de lo español reflejada en tantas pinturas: las líneas minimalistas de los hábitos religiosos, la estética de la indumentaria de la corte de los Austrias, las influencias de los trajes de flamenca y de luces...

Ahora, el comisario Eloy Martínez de la Pera hilvana cada una de estas influencias para dar forma a una muestra, Balenciaga y la pintura española, la primera dedicada al modisto español en Madrid tras casi medio siglo, que reúne un total de 90 piezas de indumentaria -procedentes de Cristóbal Balenciaga Museoa de Getaria, el Museo del Traje de Madrid, el Museo del Disseny de Barcelona y varias colecciones privadas- y un conjunto de 55 cuadros entre los que se encuentran obras de El Greco, Velázquez, Murillo, Zurbarán, Goya, Madrazo o Zuloaga - prestados por museos como El Prado, el Lázaro Galdiano o el Bellas Artes de Bilbao, colecciones privadas como las de Alicia Koplowitz y fundaciones como las del BBVA y el Santander-.

"La exposición trata de un personaje influyente, admirado e inspirador. No ha habido otro más grande que él, incluso sus coetáneos le apodaban 'el maestro'", señala de la Pera. De esta manera, la exposición -abierta al público hasta el 22 de septiembre- propone un itinerario cronológico a través de las pinturas que son acompañadas por los vestidos vinculados a cada estilo o pintor. Nexos de unión que tienen que ver con formas y volúmenes, paletas cromáticas (como la fascinación de Balenciaga por el negro) o elementos conceptuales.

Por obra y arte de esta sagrada unión entre la moda y la pintura se establecen diálogos tan fascinantes como los del retrato del El cardenal Luis María de Borbón y Vallabriga de Goya con un maravilloso conjunto de vestido y chaqueta en color rojo de 1960, el popular Retrato de un caballero de El Greco con un negrísimo abrigo de noche en terciopelo con cuello fruncido creado en 1955; o las referencias a la corte del Felipe II -que puso de moda el negro como símbolo de elegancia en toda Europa- asociando el Retrato de la VI condesa de Miranda, atribuido a Juan Pantoja de la Cruz y un espectacular vestido de noche en satén combinando el negro y el marfil.

También hay referencias a los bodegones de flores, tan recurrentes en las pinturas de artistas como Juan Arellano, Gabriel de la Corte o Benito Espinós a los que acompañan vestidos con diseños florales o un abrigo de noche en organiza de seda con aplicaciones de flores; o a la pintura de corte, que une un deslumbrante vestido de ceremonia de la colección de María de las Nieves Mora y Aragón de 1960 con un retrato de Ana de Austria de Alonso Sánchez Coello. Como también están presentes los imaginarios de dos grandes pintores como Zurbarán y Goya: el primero con las texturas y blancos de los hábitos de sus frailes, que sirvieron de inspiración para el vestido de novia de Fabiola de Bélgica; y el segundo con las impactantes semejanzas entre las vestimentas de La reina María Luisa con tontillo con el vestido en satén verde claro con perlas y abalorios que el modisto diseñó en 1963.

El propio Balenciaga lo dijo en una ocasión: "Un buen modisto debe ser arquitecto para los patrones, escultor para la forma, pintor para los dibujos, músico para la armonía y filósofo para la medida". El arte y la moda, caminan de nuevo juntas, gracias a él.