Hasankeyf
La ciudad de Hasankeyf Frank Herbert / WIKIMEDIA COMMONS

La antigua ciudad de Hasankeyf, en el sureste de Turquía, tiene los días contados. La reciente construcción de la presa de Ilisu ha marcado el comienzo del fin para esta importante sitio arqueológico, ya que la interrupción del caudal del río Tigris, a cuyas orillas se emplaza la ciudad, originará un lago artificial que anegará la ciudad.

Así informa el diario italiano 'La Stampa', que documenta que, tras la finalización de las obras de la presa de Ilisu, es cuestión de tiempo que la crecida de las aguas sepulte Hasankeyf. 

La oposición al proyecto, cuyo origen se remonta a los años 50 (aunque no fue finalmente aprobado hasta 2006), logró movilizar a buena parte de la opinión pública, así como declarar el lugar  uno de los 7 Patrimonios Históricos más amenazados de Europa (si bien técnicamente se encuentra en Asia) y lograr la retirada de los inversores iniciales (suizos, alemanes y franceses). No fue suficiente para detener la construcción, no obstante, que prosiguió su curso con el apoyo de bancos como Andritz, de Austria, o Garanti BBVA, propiedad en gran parte del banco español BBVA.

Una buena parte de los monumentos han sido ya trasladados para salvarlos del agua, como la tumba de Zeynel Bey o la mezquita de Eyyubi (ambas del siglo XV), alejándolos del lugar en el que durante milenios los asirios, romanos, bizantinos, selyúcidas, otomanos y más pueblos dejaron su impronta, construyendo sobre las aportaciones de sus predecesores.

El impacto de la presa de Ilisu no se limita además al patrimonio histórico; un total de 199 aldeas, según datos oficiales, se verán afectadas por el embalse; hasta 55.000 personas deberán abandonar sus hogares (sin contar las 23.000 que en los 80 y 90 evacuó forzosamente el gobierno turco). De ellas, kurdos en su gran mayoría, más del 40% no poseen títulos de propiedad y no recibirán indemnización.

Además, los expertos medioambientales denuncian que algunas especies autóctonas, como la tortuga de caparazón blando (rafetus euphraticus) podrían verse seriamente perjudicadas.

La presa de Ilisu supone también un mtivo de intranquilidad para el vecino Irak, pues el agua del Tigris resulta fundamental para los agricultores del país. Actualmente denuncian que el caudal del río a la altura de Mosul ha quedado reducido en torno a la mitad, al comienzo de un verano en el que el riesgo de sequía podría tener graves consecuencias para una población que todavía lucha por recuperarse de la reciente guerra y de la ocupación de Daesh.