El Depakine, el antiepiléptico que causó malformaciones a fetos, llega a los juzgados: "Luchamos para que paguen"

Cati Gallardo con su hijo David, un afectado por el valproato.
Cati Gallardo con su hijo David, un afectado por el valproato.
20MINUTOS.ES

Un juzgado de Madrid admitió a trámite el pasado jueves la primera demanda en España, por valor de 5,19 millones de euros, contra la farmacéutica Sanofi cuyo antiepiléptico Depakine ha provocado casos de malformaciones y autimo en los hijos de las madres que lo tomaron de 2002 a 2007 desconociendo sus terribles efectos en caso de embarazo.

Será la primera vez que los tribunales españoles investiguen el llamado "síndrome de ácido valproico", una afección en los fetos por este componente que se incluye como principio activo en el Depakine, un medicamento fabricado por el laboratorio Sanofi y uno de los más recomendados en España contra la epilepsia y el trastorno bipolar.

"Yo desde el principio sospeché, pero me dijeron que sí, que sí, que no pasaba nada, que debía tomarlo y jamás dejarlo. Soy epiléptica desde los 18 años y tomaba Depakine desde los veinte", explica ahora por teléfono a 20minutos Cati Gallardo, tesorera de Avisav (Asociación de Víctimas por Síndrome de Ácido Valproico) y madre de David un niño de 15 años afectado por la enfermedad. La suya y otras tres familias son las impulsoras de la demanda por daños contra la farmacéutica.

Ningún médico, dice este mujer, conocía los efectos sobre el feto de este medicamento con valproato de sodio. "Dependiendo del niño se tienen unos u otros síntomas", dice Gallardo. No obstante, todos comparten unos rasgos físicos comunes: "ojos separados, raíz nasal amplia, labio superior fino, incluso deformaciones en las extremidades, más comúnmente las superiores. Psicológicamente tienen autismo, hiperactividad, déficit de atención".

"Mamá, ¿pero los medicamentos no curan?"

"Durante los dos primeros meses no sabes lo que te está pasando porque ves en los informes que algo pasa". Una situación desconcertante común en todos los padres. Su hijo David "tiene un 72% de discapacidad, pero un coeficiente intelectual normal a pesar del autismo", explica.

"Yo dejé de vivir... para vivir para él", cuenta la tesorera de Avisav, una asociación surgida en 2017 después de que los padres de los afectados y miembros se pusieran en contacto a través de Facebook. Entre sus miembros, más de 50 familias, hay niños de tan solo dos años con la enfermedad. Gallardo relata que uno de los momentos más duros fue cuando le contó a su hijo lo que tenía y por qué lo padecía. "Me respondió: mamá, pero ¿los medicamentos no curan?", recuerda emocionada.

Borja, David y Álvaro, tres chavales con la enfermedad del ácido valproico
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El laboratorio Sanofi, que comercializa el fármaco desde los años 70, admite en un comunicado que son conscientes del daño causado a las familias y de su difícil situación, pero defienden que actuaron con "transparencia" y que recordaron "de forma sistemática" a las pacientes "a través del documento informativo" que hablaran con sus médicos en caso de quedarse embarazadas para que el facultativo les aconsejarse en base al citado documento.

"Eso es echar balones fuera porque los que lo debían saber, como era el caso de mi neurólogo, no lo sabían", protesta Cati. La compañía se limita a decir que actuaron con "transparencia" a medida que fueron incrementándose los conocimientos científicos acerca de los riesgos del valproato durante el embarazo. "Los tratamientos eficaces tienen riesgos y beneficios y la administración de cualquier medicamento nunca está exenta de riesgos", zanja el comunicado de Sanofi.

A Gallardo y al resto de las familias que presentaron la demanda el pasado 4 de abril no les vale con esas explicaciones. Según su abogado, la firma no advirtió hasta 2015 de las contraindicaciones de su uso por embarazadas. "A mi sobrina se lo han recetado hace poco a pesar de la alerta, imagine cómo me puse, ahí fue cuando decidimos que teníamos que luchar", dice esta mujer tras apuntar que ya hay sentencias condenatorias por casos similares en Francia y EEUU. "Tenía dos opciones: buscar culpables o ayudar a mi hijo. Ahora lucho para que paguen porque el día de mañana no voy a estar y es la única forma de respaldarle".

Los padres de la asociación saben que "el camino es muy largo" pero coinciden en que la falta de visibilidad del síndrome en los medios provoca "incomprensión" por parte de la sociedad y que no salgan a la luz más casos. Ese desconocimiento ha impulsado la demanda judicial y la petición a las administraciones de crear un registro de los afectados. "Basta con que los neurólogos pregunten a las epilépticas si han estado embarazadas y tomando el medicamento", asegura Gallardo.

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