El personalismo es algo muy habitual en la política actual. Albert Rivera en Ciudadanos siempre ha sido un líder prácticamente irrebatible, pero las campañas y las posturas del presidente naranja en la negociación de pactos poselectorales ha avivado las voces contrarias a acercarse al PP (con el consiguiente beneplácito necesario de Vox).

Toni Roldán ha sido el primero en bajarse del barco. El que hasta ahora fuera portavoz de Economía del partido ha sido el primer crítico con el plan de Rivera que ha decidido dar un paso al lado. Lo hace justo dos meses después de obtener escaño en el Congreso en las elecciones del 28-A, precisamente las mismas que evidenciaron lo que para muchos es un giro a la derecha de Cs.

A nivel de la Unión Europea es donde mayor visión crítica hay sobre este movimiento. Y es que los liberales europeos, encabezados por Macron, son rotundos en este sentido: con la extrema derecha ni se negocia ni se comparte espacio político. A esa teoría parecen sumarse voces como Luis Garicano o Javier Nart, pero también -y de forma más explícita aún- Manuel Valls, que no siendo de Cs sí se ha apoyado en el partido para ser candidato a la Alcaldía de Barcelona. La ruptura con este último por la investidura de Ada Colau fue la primera muestra de los cismas que se han abierto en la formación.

¿Es la primera vez que las voces contrarias a Rivera afloran? Desde luego, es la primera vez que se hace de forma tan notoria. "Pactos anunciados entre el PP y Vox en muchas ciudades, reuniones de líderes de partidos constitucionalistas con Vox. ¿Normalidad democrática o normalización de un partido de extrema derecha? No es lo mismo y no puedo esconder otra vez mi gran preocupación", escribió Valls sobre los acercamientos de Cs con Vox, en concreto por el encuentro entre Ignacio Aguado y Rocío Monasterio en Madrid. De hecho, tuvo un encontronazo con Marcos de Quinto a este respecto.

No ha sido tan claro, en cambio, Luis Garicano. El candidato de Cs al Parlamento Europeo sí ha ido dejando mensajes contrarios a los postulados de Vox. Sin referirse a ellos como extrema derecha, Garicano ha incidido en que el partido de Abascal va a estar "en la irrelevancia con toda seguridad y con partidos que no han sido en ningún caso aliados de España", e incluso llegó a preguntarse si estarían dispuestos a compartir familia europea con quienes "apoyan a Puigdemont", en referencia a los nacionalistas flamencos.

Javier Nart es otro de los que pidió a la dirección naranja abrir la puerta a posibles pactos con el PSOE en lugar de virar a la derecha. El eurodiputado (que repetirá en la próxima legislatura en la Eurocámara) representa también al ala progresista de la formación. Habla de Vox como el "innombrable partido español de cuyo nombre no quiero acordarme".

Sobre estos cismas, la postura de la dirección de Ciudadanos es rotunda. "No podemos faltar a nuestra palabra" y "somos la voz del constitucionalismo" fueron las afirmaciones con las que Inés Arrimadas justificó la decisión. Sin cargar explícitamente contra Valls, Arrimadas anunció la ruptura. Quien si fue crítico fue otro dirigente catalán como Carlos Carrizosa. El diputado del Parlament afeó a Valls que no tuviera "en absoluto" en cuenta al partido para investir alcaldesa de la ciudad a Ada Colau. "La personalidad de Valls suplantaba al primer partido de Cataluña en el Ayuntamiento", criticó.

Francisco Igea, empujado hacia el PP por la dirección

A nivel autonómico, el caso más notorio se da en Castilla y León, donde el candidato de Cs, Francisco Igea, abrió desde el principio la opción de un acuerdo con el PSOE. Esa puerta la cerra la propia dirección del partido, que dio prioridad al PP. Igea, que ganó las primarias frente a Silvia Clemente después de denunciar un 'pucherazo', no contaba con el apoyo de Rivera, que optó por su fichaje. "Muchos votantes estarán decepcionados", dijo Igea tras firmar el pacto de Gobierno con Fernández Mañueco.

De esta forma, la unanimidad de la que siempre ha hecho gala Ciudadanos parece debilitada. El peso de Albert Rivera y su núcleo cercano en la Ejecutiva sigue siendo incuestionable, pero los pactos han sacado a la luz posturas alejadas de los vetos y dardos al PSOE que fueron el pan de cada día durante las campañas electorales.