Cuidado de la piel
Cuidado de la piel. Panthermedia / GTRES

La piel es el órgano más sucio de nuestro cuerpo. Es casi el único que está en contacto directo con suciedad, polvo, radiación, microbios y un largo etcétera de sustancias, muchas de las cuales, si estuvieran en contacto directo con nuestros órganos internos, nos matarían en poco tiempo. Por eso, su salud y buena conservación son tan importantes para nosotros.

He aquí a nuestra sufrida piel, aguantando como una jabata, e impidiendo que todo lo que nos cae encima pueda ser dañino para nuestra salud. Además de esta cascada de impurezas que nos invade cada segundo, la piel es también una vía de excreción. Es decir, junto con las heces y la orina, nuestro cuerpo elimina a través de la piel toxinas y sustancias de desecho.

Cada centímetro de nuestra epidermis se comporta como una planta de procesado de residuos. Destruye, gracias a sus vías bioquímicas detoxicantes, las sustancias agresivas que tienden a penetrar en nuestro cuerpo y también eliminando todos los productos de los que el cuerpo quiere deshacerse.

Ante este frenesí de desperdicios se podría pensar que lo más importante es limpiar la epidermis, a cada rato, de la manera más eficaz y agresiva posible. Esto es sin embargo un gran error porque no haríamos más que destruir un sistema de reciclaje que está admirablemente bien diseñado y que funciona muy bien en la mayoría de los casos.

Además, en capas superficiales de la piel, están las células de defensa que se ocupan de destruir virus, bacterias y hongos que pueden atacar a nuestras células. Muy frecuentemente, al limpiar la piel, se eliminan estas beneficiosas células y nos quedamos sin ejército que nos ampare.

Así que, curiosamente, hay una vuelta a los productos más clásicos y menos agresivos. Pero, eso sí, formulados con todas las garantías de la más moderna ciencia.

Desde la Edad Media se utilizaban para la limpieza las llamadas de "agua de tocador", en francés "eau de toilette", de las que derivan, sin tener ninguna relación, las modernas Eau de Toilette en perfumería.

Estos cosméticos dejan un olor agradable en la piel, de ahí su evolución a las fragancias, limpian suavemente sin contener sales minerales ni bacterias, y por supuesto no eliminan las defensas de la piel.

Así, el Agua de Manzanilla, el Agua de Avena o el Agua de Raíz de Angélica, cumplen maravillosamente con esta esta función, aunque la reina es el Agua de Rosas. Cuenta la leyenda, que fue descubierta por una princesa persa de gran belleza, y nombre inspirador, "Luz del mundo", la cual, enamorada locamente de un cautivo cristiano, huyó con él a Occidente trayéndonos el secreto de la fórmula.

Hoy en día los laboratorio artesanales continuamos fabricando el Agua de Rosas según la tradición, con extracto de rosas y talco, que se deja macerar, para que el agua adquiera las propiedades de la Rosa Centifolia.

Los hábitos de higiene de la piel son un acto cotidiano y reconfortante que nos permite dedicarnos unos minutos a nosotros mismos. Se trata de cuidarnos sin dejar la piel en el intento.

Jerónimo Ors, Farmacéutico y Director de Cosméticos Paquita Ors