Este miércoles, como cada 5 de junio desde el año 1972, el mundo celebra el Día del Medio Ambiente, una conmemoración que persigue lograr una opinión pública cada vez más sensibilizada con los problemas que azotan a nuestro entorno natural.

La ONU ha fijado en esta ocasión la lucha contra la contaminación del aire como protagonista por ser "el mayor riesgo ambiental para la salud". Pero ese no es el único reto al que el planeta se enfrenta. Urge que los Gobiernos tomen medidas, pero también la ciudadanía puede aportar su grano de arena.

Siete millones de muertes

El 92% de los habitantes del mundo no respira aire limpio. La contaminación se cobra siete millones de vidas cada año. El problema le cuesta a la economía global 5.000 millones de dólares (4.450 millones de euros) anuales en asistencia social. Las cifras que maneja la ONU son alarmantes y por eso el organismo insta a explorar soluciones mediante energías renovables y tecnologías sostenibles.

En España, la polución causa 10.000 muertes al año, según la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica. "Respirar aire tóxico genera enfermedades o agrava las  existentes y puede derivar en muertes prematuras. Hablamos de bronquiolitis, asma, cáncer de pulmón...", denuncia Adrián Fernández, responsable de movilidad de Greenpeace.

La ONG apunta al tráfico como la principal fuente de contaminación atmosférica del país y aboga por "limitar el abuso del vehículo privado donde haya alternativas suficientes". "Las zonas de bajas emisiones son eficaces y aplaudimos la intención del Gobierno de que ese tipo de medidas se haga extensible a municipios de más de 30.000 habitantes", señala Fernández. "Madrid Central ha puesto de manifiesto que hay gente que no sabe vivir sin su coche. Habrá momentos en los que te haga falta, pero en el día a día  puedes prescindir de él", añade.

La organización reclama igualmente el fin de la venta de coches diésel y gasolina en 2028 y el cierre de las centrales térmicas de carbón no más tarde de 2025.

Frenar los gases de efecto invernadero

"El mayor reto es poner fin al calentamiento global", advierte el experto de Greenpeace. La ONU ya ha calificado de "prioritario" que los Estados tomen medidas drásticas para frenar los gases de efecto invernadero y poder detener el cambio climático, el aumento de desastres naturales o la alteración de ecosistemas.

La Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública coincide en poner el foco en la salud. Remarca que favorece la transmisión de infecciones a zonas no habituales y recuerda que "en España, por ejemplo, se han identificado casos autóctonos de dengue".

Más kilómetros de climas semiáridos

Una de las consecuencias del calentamiento global es el incremento de desastres como inundaciones, largas sequías o temperaturas extremas, "efectos que no son un pronóstico de futuro sino que ya se están viviendo", recuerda Fernández.

"Las condiciones climatológicas se inclinan hacia los extremos y desembocan en una meteorología que desconocemos. Así podemos encontrarnos, como ocurrió en Europa el año pasado, con temperaturas muy altas en lugares que no están acostumbrados", previene. "Pasa igual con las precipitaciones. España es muy dependiente de una red de embalses que, por la capacidad hidrográfica de la Península, depende de precipitaciones anuales que si no se producen comprometen no solo el riego de cultivos sino también nuestro consumo de agua potable", sigue.

La Agencia Estatal de Meteorología señalaba hace unos meses que en medio siglo la superficie con climas semiáridos ha avanzado en España en 30.000 kilómetros cuadrados, lo que supone en torno al 6% de la extensión del país, con Castilla-La Mancha, el valle del Ebro y el sureste peninsular como las zonas más afectadas. La Aemet exponía que los termómetros suben en el Mediterráneo 0,34 ºC cada diez años desde principios de los 80, con su consecuente incremento del nivel del mar –3,4 milímetros anuales desde 1993– y del número de noches tropicales en la costa –más de 60 cada año–.

Un millón de especies en peligro de extinción

El cambio climático, unido a la deforestación causada por el ser humano, provoca a su vez la pérdida de biodiversidad. Un informe reciente de la ONU habla de un millón de especies al borde del peligro de extinción

En esta línea y en el marco también de la Semana de los Océanos, Greenpeace exige un "santuario marino que proteja a las especies". Por otro lado, a nivel individual aconseja un menor consumo de carne, al ser la ganadería industrial "responsable de la pérdida de biodiversidad en ecosistemas críticos, como la Amazonía".

Sin plásticos de un solo uso

Si hay un residuo al que se le ha declarado la guerra es al plástico. La UE ha aprobado la prohibición a partir de 2021 de utensilios como platos, cubiertos, bastoncillos y pajitas. "Ha sido sorprendente cómo este problema ha conseguido una rápida reacción pública a la vista de los efectos que está teniendo en los entornos naturales", se alegra Adrián Fernández, para quien se ha producido un "abuso de los plásticos de un solo uso": "Es un elemento que tiene multitud de aplicaciones pero lo que no podemos tolerar como sociedad es que se emplee una fabricación, un transporte y un deshecho por algunas aplicaciones que tienen un uso de apenas segundos".

Los artículos de usar y tirar más frecuentes suponen el 70% de los deshechos plásticos que contaminan las aguas y playas. El problema se agrava cuando se habla de un material que no termina de degradarse sino que se transforma en micropartículas que acaban en nuestro organismo. "Se descubrió que había micropartículas en el mar tan pequeñas que son consumidas por los peces que nosotros luego comemos. Así ya hay micropartículas de plástico dentro de nosotros. Ya estamos constituidos por nuestra basura. Asusta. Y si no hacemos nada va a ir a más", explicaba Miguel B. Araújo, investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales, en una entrevista con 20minutos a finales del año pasado.

El responsable de Movilidad de Greenpeace considera que, aunque falta mucho por hacer, se camina en la  buena dirección y si a nivel normativo la reacción es la adecuada, apremia a los consumidores a llevar a cabo pequeños gestos, como evitar los monodosis o no comprar fruta envasada, con el reciclaje como "última opción, al ser preferible todo lo que sea posible reutilizar", porque todo ciudadano tiene en su mano "hacer un cambio significativo para el beneficio del medio ambiente".