Juguetes escondidos en el baúl del dolor

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"No podemos cruzarnos con su imagen". Así de somera e irrefutable es la explicación. Los padres de la niña de Huelva, desaparecida el 13 de enero y encontrada muerta el 7 de marzo, sienten ahora la necesidad de duelo y silencio.

Juan José Cortés e Irene Suárez, los padres coraje que durante casi dos meses clamaron por la búsqueda de su hija pequeña y, después, por la necesidad de justicia, se sienten peor que nunca. "Queremos que las heridas cicatricen, lo necesitamos. No es buen momento para hablar", dice Juan José.

Han guardado las fotos y los juguetes. Incluso el poni de plástico morado con crines rubias que le había regalado su tío Diego por Reyes, una semana antes de la niña fuese raptada cuando bajó a por chuches al quiosco de enfrente. Mari Luz le había puesto nombre: Manolo.

Un barrio sin ganas de música

Muchos años antes de que en Salvador de Bahía (Brasil) el músico Carlinhos Brown montase una escuela de música con niños de la calle de la favela de Candeal, en el escenario de la tragedia, el humilde barrio El Torrejón, ya los descamisados y sin aparente futuro tocaban los tambores en un taller que no tuvo la suerte, como el apadrinado por Brown y sus amigos de la farándula, de ser vendido por la mercadotecnia.

Queremos que las heridas cicatricen, lo necesitamos
Un educador social que cayó por la barriada a mediados de los ochenta, cuando el trapicheo de heroína y la violencia eran el pan de cada día en las calles de este suburbio de Huelva, montó con ayuda de la asociación de vecinos el
primer taller de percusión flamenca del que se tenga conocimiento. Era una experiencia educativa, pero los críos, acostumbrados a limitarse a dar bocaos por las calle, se apuntaron por docenas y del colectivo salió el grupo Los Activos, que grabó discos e hizo giras por medio mundo.

"Este barrio mejoró mucho desde entonces, porque aquí hay mucho arte y muy buena gente. El Torrejón siempre fue especial", dice Vicente Redondo, de 32 años, uno de los niños que aprendieron a darle a los cueros y el cajón en el taller de la barriada 'de exclusión', como gustan de llamar los sociólogos y tecnócratas a los guetos.

Cabizbajos y dolientes

Pero ahora no hay música posible para los 7.000 vecinos. Todos andan cabizbajos y dolientes. Algunos se dedican a recoger firmas para que el Gobierno modifique el Código Penal y apruebe la cadena perpetua para los condenados por crímenes como el de Mari Luz, del que está acusado Santiago del Valle García, un delincuente sexual con cinco causas judiciales por abusos a menores que nunca pisó la cárcel por la ineficacia del sistema judicial o la posible negligencia de algunos juzgadores.

En la familia de la niña, cuyo padre es pastor evangelista y tiene gran predicamente en El Torrejón, nadie quiere hablar de Mari Luz. Optan por recordarla "en el interior" de cada uno. "Lo entiendes, ¿verdad? Que Dios te bendiga a ti, a tu profesión y a tu casa", dice Juan José Cortés.

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