Santiago del Valle
Santiago del Valle. (EFE)

Se exhibió lo suficiente y siempre mintiendo. Salió en la tele para acusar a un profesor de abusar de su hija cuando era él quien lo hacía. Montó una acampada y convocó a los periodistas para reclamar una vivienda social. Se hizo pasar por chica para intentar que una adolescente cayese en sus redes. Intentó sacar a la venta un piso del que era inquilino. Se presentaba en los juzgados pero eludió desde 2001, gracias a la desidia judicial, cinco procesos por abusos a menores.

Santiago del Valle García, de 43 años, acusado de raptar y estrangular hasta la muerte a la niña Mari Luz Cortés y de transportar en un carrito el cadáver y arrojarlo a la ría de Huelva, vivía en la penumbra, se movía como un réptil y, sobre todo, buscaba niñas. Le gustaban muy pequeñas, de 5 años. Como Mari Luz.

Vivía acojonada, llena de pánico, me sentía en la casa del terror

Catalina, una de las hermanas pequeñas del depredador (eran 9, seis varones y tres hembras), tenía esa edad cuando Santiago, que tenía 13, empezó a visitarla por las noches. "Cuando todos estaban dormidos me toqueteaba, se masturbaba, me obligaba a tocarle. Vivía acojonada, llena de pánico, me sentía en la casa del terror", recuerda la mujer.

"Nunca me llegó a pedir perdón"

En los maltratos sexuales, que se prolongaron durante unos seis años, colaboraba también otro de los hermanos, Juan, ya fallecido. Ni éste ni Juan se arrepintieron nunca de lo que hacían con su hermana pequeña. Catalina ya no espera nada: "Juan nunca me llegó a pedir perdón, a decirme que lo hacía por esto o por aquello. ¿Santiago? Mucho menos. Es una bestia sin remordimientos, no es una persona que se arrepienta de lo que hace. Estoy segura de que jamás le escucharé decir: ‘Perdóname por lo que te hice con tu niñez'. Nunca lo hará".

No es una persona que se arrepienta de lo que hace

La familia era uno de esos colectivos situado no sólo en los barrios bajos de la sociedad, sino en los sótanos de la miseria sentimental o quizá en la ruleta del azar genético. El padre, Juan, vendedor ambulante. La madre, María, limpiadora. Vivieron durante años en el mismo piso donde acusan a Del Valle de haber matado a Mari Luz. Los viejos recuerdan a María, ya fallecida, como una mujer huraña que defendía cualquier malaje de sus hijos.

A otro de los hermanos, Curro, lo tumbó un demonio blanco, la heroína. Hace unos días le dieron una paliza cuando era entrevistado por una cadena de televisión. No tuvo nada que ver con el caso de Mari Luz, pero su linaje fue suficiente culpa para algunos incontrolados del barrio.

Su hermana Rosa

A quien sí involucra la investigación es a otra hermana, Rosa, detenida junto con Santiago en el lejano pueblo de Pajaroncillo (menos de 100 habitantes, en la serranía de Cuenca), donde habían intentado refugiarse tras la aparición del cadáver de la niña. Aunque el grado de participación de Rosa no ha trascendido porque el caso ha sido declarado como secreto por el juez, quienes la conocen aseguran que tiene una condición errática (vivía encerrada de día y salía a vagabundear en coche por las noches) y es "el perrito faldero" de Santiago.

No creo que a nuestra familia le pase nada genético

Catalina es la única que se ha enfrentado a la opinión pública con valentía y sin miedo a esconder nada. "No creo que a nuestra familia le pase nada genético, ni tampoco que la culpa, como dicen muchos, sea de nuestros padres. A mí nunca me pusieron la mano encima mis padres. Yo creo, como decimos en Andalucía, que Santiago es de una condición. Nació con ella y morirá con ella".

Algunos informes médicos dibujan a Del Valle como enfermo de esquizofrenia paranoide y la Junta de Andalucía le reconoció una minusvalía del 75% por la que cobra desde joven una ínfima pensión de unos pocos cientos de euros. Pero las sentencias judiciales, las mismas que, al no ser ejecutadas, le permitieron esquivar la cárcel, le declaran consciente del dolor ajeno y del mal causado.

Su mujer

Su mujer, Isabel García, que no ha sido detenida, es una enferma crónica (depresión ansiosa, paranoia) de muy bajo coeficiente intelectual. Algunos dicen que era una muñeca manipulable. Otros, como Catalina, que se trata de "un demonio, una consentidora".

Tuvieron su primera hija, Nuria, en 1985, al poco de casarse. Se buscaban la vida mendigando en Cazalla de la Sierra (Sevilla), donde vivieron una temporada tuvieron que escapar por piernas porque intentaron acusar al cura de abusos sexuales, y en los centros comerciales de Huelva. La niña murió atropellada, una madrugada de 1987, cuando regresaban a casa por el arcén sin visibilidad de una carretera. Cobraron de indemnización 20 millones de pesetas (más de 120.000 €) y compraron una casa en las Tres Mil Viviendas de Sevilla. Allí nació la segunda hija, a la que llamaron igual que a la primera, Nuria.

Tuvieron su primera hija, Nuria, en 1985, al poco de casarse
El matrimonio, que practicaba bizarros rituales para invocar al Espíritu Santo, comenzó a abusar sexualmente de Nuria cuando la niña tenía 5 años. Santiago, por acción, e Isabel, por omisión. Entre 1998 y 1999, la pequeña fue obligada a masturbar al padre y dejarse tocar por éste. La niña, de la que un año más tarde se hicieron cargo los servicios sociales, tiene ahora 14 años, ha sido entregada en adopción y todavía sufre las secuelas psicológicas de aquel infierno ("ven para acá por las buenas o si no, por las malas", le decía antes de cada sesión de martirio).

En una convulsión soez, Del Valle intentó sacar tajada de su degradación y chantajeó a uno de los profesores de Infantil del colegio de Nuria, acusándole en público de violentar a la cría, falsificando un parte de lesiones y sembrando el pánico entre el colectivo de padres de alumnos. El docente estuvo a punto de ser linchado y tuvo que ser protegido por la Policía durante año y medio.

Fue un paso en falso provocado por el engreimiento de Del Valle. Los investigadores descubrieron que eran los padres los delicuentes sexuales y la Audiencia de Sevilla les condenó, aunque el proceso fue lento y la ejecución de la sentencia (21 meses y 15 días más un año de prisión) nunca tuvo lugar. Desde 2005 El Cazaniñas debería estar en la cárcel, pero el juez encargado, Rafael Tirado ahora investigado por posible negligencia−  nunca se puso las pilas.

A la vuelta de la esquina vivía Mari Luz

Tras intentar que una adolescente de Gijón cayera en sus manos, Del Valle y su mujer volvieron a Huelva. Se instalaron en un piso de la familia en el barrio El Torrejón. Taparon las ventanas con plásticos. No querían que la luz entrase allí dentro. A la vuelta de la esquina vivía Mari Luz Cortés.

Catalina, que tiene dos hijas de 9 y 6 años y vive "apretadilla" con el único ingreso de las peonadas como albañil de su compañero, no tiene miedo. El abuelo de Mari Luz ha hablado con ella para asegurarle que nada debe temer de la familia Cortés. "Se han portado conmigo como caballeros y buenas personas. Me quito el sombrero ante todos ellos, sobre todo ante el padre de Mari Luz, Juanjo, que tiene un don especial. En su lugar, yo me hubiese vuelto loca o hubiese actuado sin esperar a la justicia".