María Oliver, candidata de Podem-EU a la Alcaldía de València
Oliver, junto al Mercado de Russafa. EDUARDO MANZANA

Tras cuatro años de experiencia en el Gobierno local, Podem concurre, junto con EU, para subrayar el discurso de izquierdas en el Ayuntamiento. Nacida en València hace 45 años, su candidata a la Alcaldía, María Oliver Sanz entró en política en 2015, poco antes de ser elegida concejala. Arquitecta de profesión por la Universitat Politècnica (UPV), ha trabajado también en ámbitos relacionados con el urbanismo y las Fallas.

¿Qué impresiones le está dejando la recta final de la campaña electoral?
Estamos haciendo un itinerario barrio a barrio desde que comenzó la campaña y la sensación allí es muy buena porque creo que tenemos un discurso muy claro especialmente en aquellos barrios donde las dotaciones están más descompensadas y la acogida está siendo muy buena.

Se había especulado con un mal resultado de su coalición, pero, tras el resultado de las elecciones del 28-A y viendo los últimos sondeos, ¿cómo valora las encuestas?
Es un dato que no he visto en ninguna encuesta. La más fiable son las últimas elecciones, en las que nos movimos en una horquilla entre un 7% y un 15%. Nuestra reflexión va más en el nivel de madurez del votante, que ha demostrado poder incluso cambiar el voto dependiendo del ámbito territorial. En este sentido apostamos por una campaña muy cercana, explicando a la gente lo que hemos estado haciendo y cuáles son nuestras propuestas.

¿Cuál diría que es su principal diferencia respecto a Compromís?
Básicamente, que la valentía no es una cuestión de autodefinirte como valiente sino un privilegio que tenemos aquellas que no nos financiamos con los bancos y que no debemos nada a ninguna empresa. Esto se ha visto clarísimamente en momentos determinantes en los que somos la única fuerza política que tenemos esta libertad de situarnos siempre del lado de la ciudadanía. Somos una formación con muchos menos medios pero con muchos menos miedos. Esta es la diferencia y lo que nos hace necesarias. Podemos tener menos concejales, pero estamos en este nivel de exigencia en el que si los programas de Compromís y el nuestro pudieran ser bastante similares al leerlos, nosotras sí que somos capaces de llevarlos a cabo y también de hacer que el Gobierno de La Nau los lleve a cabo.

¿En qué sentido?
En el momento hay una fricción entre los intereses de una minoría de privilegiados que han estado durante décadas gobernando esta ciudad sin presentarse a las elecciones y el interés de la ciudadanía, nosotras somos un elemento clave que siempre va a estar mirando por el interés general.

Y respecto al funcionamiento del Gobierno municipal del que ha formado parte. ¿Qué balance hace?
Creo que la experiencia es muy buena. Se están normalizando los gobiernos de pactos, que generan una sensación de mayor fricción, pero no deja de ser un efecto de la transparencia y nosotras también lo buscamos. Muchas veces es necesario trasladar los conflictos políticos al ámbito ciudadano y al de la prensa para que la gente esté informada y pueda estar participando a lo largo de los cuatro años de mandato.

Ha sido concejala de Vivienda estos últimos cuatro años, un ámbito del que Podem ha hecho bandera. ¿Cómo califica la gestión?
Vivienda efectivamente para nosotras es un derecho constitucional. La ciudadanía tiene derecho a una vivienda digna y el PP la concibe como una oportunidad de negocio y esto se ve claramente en el Ayuntamiento de València, donde no solamente no existía concejalía sino que de vivienda social tenemos la friolera de 200. En Barcelona, por ejemplo, tienen 12.000 en el ámbito municipal. Ese abandono, en estos momentos, tiene unas consecuencias dramáticas. Si a esto le sumamos los cambios que hizo el PP en la Ley de Arrendamientos Urbanos y que desprotegieron a los inquilinos de los derechos históricos que tenían, unido a la presión turística en algunas ciudades, la vivienda se ha convertido en el gran reto no solo del Ayuntamiento de València, pero sí especialmente, porque partimos de cero.

¿Cuáles han sido las prioridades del mandato que ahora acaba en este ámbito?
Estos cuatro años nos hemos centrado en cuestiones de emergencia habitacional poniendo en marcha unas ayudas al alquiler que permitieran a las familias que más los necesitan seguir pagando el alquiler y no tener que irse ni de su barrio ni de la propia ciudad y un servicio de mediación que antes solo se dedicaba a los casos de desahucios hipotecarios con bancos y lo hemos ampliado al problema que se estaba gestando y que es el de los desahucios entre particulares, que ahora es el mayoritario. Al otro lado están los grandes tenedores de vivienda y fondos buitre que están con tácticas de acoso a comunidades de vecinos enteras para ir expulsándolos y quedarse con todo el edificio y, en muchos casos, hacer apartamentos turísticos. Esta era la casuística que teníamos y en la que nos hemos centrado más.

¿Y cuáles son sus propuestas?
En el ámbito de la Concejalía de Vivienda estrictamente, queda por generar poco a poco un parque de vivienda público. Hemos empezado la gestión para realizar 400 viviendas, pero quizás nos tendríamos que centrar también en las aproximadamente 60.000 viviendas que puede haber vacías en la ciudad y buscar herramientas para ponerlas en marcha. Desde la bonificación del IBI hasta hacernos cargo de la rehabilitación a cambio de que estén un tiempo en alquiler social. Hay que tratar el problema de la vivienda de forma muy global, porque son muchos los factores que están influyendo.

¿Esa salida al alquiler de vivienda podría ayudar a moderar los precios del alquiler?
Sí que ha habido un traslado de viviendas que han salido del mercado del alquiler convencional hacia el turístico y esto ha hecho que se reduzca la oferta y suban los precios. Si pusiéramos por una parte coto a los apartamentos turísticos ilegales y los tratáramos a través del IBI como una actividad comercial, esto sería una vía. Otra sería conseguir que los particulares pongan sus viviendas en el mercado de alquiler y también queda pendiente, y ahí hace falta más valentía, sentar a las entidades bancarias y grandes fondos de inversión para llegar a acuerdos y que esas viviendas paralizadas entren en el mercado del alquiler.

¿Abogan por implantar una tasa turística?
Sí, la hemos defendido siempre y también a nivel autonómico, pero han sido nuestros socios de Gobierno los que no han acabado de verlo. No he encontrado a ningún visitante de una ciudad que se vea en la tesitura de no ir porque tenga una tasa turística porque son cantidades bastante reducidas. Al nivel, coges conciencia del nivel de cuidado que tiene esa ciudad. No acabo de entender cuáles son las reticencias, no veo que tenga un efecto negativo.

En su propuesta, ¿la recaudación de la tasa revertiría directamente en los servicios municipales sin especificar?
Tiene que ser así, los impuestos no pueden ser finalistas. Al final el impacto del turismo afecta a toda la ciudad.

Han sido críticos con algunos planes urbanísticos como Benimaclet o el Grau. ¿València debe crecer más?
Entendemos que cada vez que esta ciudad abre un sector nuevo, desincentiva que los promotores y las constructoras actúen sobre los solares que tenemos, y esto lo hemos visto y es una queja constante en todos los barrios, no se activan los solares. Esto es debido a que, si ofrecemos alternativas más rentables y cómodas para los promotores, evidentemente se van a ir a lo que más les interesa. Nosotras estamos aquí para defender que València se tiene que acabar. No es común ver esta cantidad de solares en otras ciudades. Es un error tener prisa en desarrollar estos sectores, porque además hay que replantearlos. Son estratégicos y se tienen que tratar a nivel global e incluso hablar con otras administraciones para que nos ayuden a encontrar la mejor solución. El caso del Grao es el más gráfico. La ciudadanía entiende muy bien la importancia que tiene para València resolver bien ese gran solar que hay entre el Jardín del Turia y La Marina, que son dos elementos emblemáticos y es la intersección de todo el eje litoral. Los estándares del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) no nos van a dar el sector que esta ciudad necesita y se merece.

¿Cree que sigue habiendo una brecha entre la València del centro y la de los barrios?
La hay muy evidentemente en el tema de los solares y también en un desequilibrio de dotaciones. Este sería uno de los primeros pactos que tenemos que tener tanto el Govern de La Nau, en caso de reeditarse, como con el PP y Cs. Son estrategias a 12 o 15 años que tenemos que compartir y el desequilibrio de los barrios no está justificado porque está más que analizado dónde faltan las cosas, qué cosas, qué población hay en cada barrio, qué perfiles tienen y cuál va a ser su proyección en el futuro. Una ciudad como València no puede justificar este desequilibrio.

¿Sería más un modelo de ciudad que un programa de Gobierno?
Sí, después de cuatro años de un Gobierno de transición, ha llegado el momento de hacer grandes pactos en esta ciudad y sobre cosas muy evidentes. Además, creo que podemos sumar a todos los partidos.

En el caso de un barrio emblemático como el Cabanyal, que ha sufrido especialmente durante los últimos años. ¿Qué queda por hacer?
Creo que el el Cabanyal ha habido un pequeño error de planteamiento que ha sido ligar el futuro de la parte patrimonial al desarrollo de la parte nueva, de la primera línea de playa. Esto ha hecho muy difícil poder desarrollar los planes para la parte patrimonial, que se podían haber realizado de forma mucho más ágil. La parte de primera línea es mucho más compleja, por lo que haberlo hecho en dos fases nos habría hecho tener ya una aprobada y, sin embargo, estamos todavía con las alegaciones, que se refieren casi todas a la parte de primera línea de playa. Esto es un freno a lo que realmente era urgente: completar la zona cero y poner las dotaciones. A nivel de inversión y planificación, el Cabanyal está ya suficientemente dotado, y creo que ha llegado el momento de barrios como la Malvarrosa, que precisamente está sufriendo la subida de precios del Cabanyal de forma bastante dramática, porque su perfil sociodemográfico y la fisonomía de la Malvarrosa es diferente.

¿Se ha de quitar el foco del Cabanyal?
Digamos que, una vez planificado y más o menos en marcha, a mí sí que me gustaría llegar a un acuerdo en el tema de las alegaciones y empezar a mirar hacia otros barrios como Malvarrosa o Nazaret que están absolutamente desatendidos.

Otra de sus áreas ha sido Educación. ¿En qué se han centrado?
La cuestión que más nos preocupaba nada más llegar y que además nos llegaba de los propios barrios era el absentismo escolar. El PP dejó la ciudad atendida solamente por tres personas y hemos multiplicado por cinco los recursos. Esto ha tenido una respuesta espectacular en un año. Hemos conseguido bajar los casos judicializados de absentismo de 68 a 3, con una atención mucho más cercana, contando con toda la comunidad educativa. Una vez judicializado un caso, tiraba mucho para atrás y era difícil de recuperar. Al final, lo que queremos es que nuestros escolares continúen.

¿Y qué medidas proponen?
València es una de las ciudades de la Unión Europea con un abandono escolar temprano más alto y pensamos que es un problema enorme. Tenemos una medida específica en este sentido que consistiría en generar una ayuda de 300 euros mensuales para aquellas personas jóvenes que quieran retomar sus estudios en ciclos formativos. Venimos de un modelo de ciudad que nos ha negado las oportunidades a muchas personas, que han tenido que emigrar, y además es poco motivadora, porque no se está sabiendo enfocar el modelo de ciclos formativos a las potencialidades que estamos observando en las aulas.

¿Y respecto a la educación de 0 a 3 años?
Respecto a las escuelas infantiles, para nosotros ha sido un tema muy importante, porque aunque no sea enseñanza obligatoria, es clave para la conciliación y para conseguir la igualdad. Ahí hemos hecho un trabajo consciente y comedido, pero ahora deberíamos de implementarlo a gran escala tras una primera aproximación con tres escoletes como resultado de la gestión directa, que ha tenido dos efectos muy positivo: la bajada de precios de 350 a 32 euros, que eso sí que es una escoleta accesible, y luego una mejora y control de las condiciones laborales de las trabajadoras. Sabemos que hay gente trabajando muy bien en la red de centros privados, que es muy extensa y muy compleja, con proyectos educativos excelentes, pero es un sector en el que también han entrado empresas con carácter especulativo que han generado mucha precariedad.

¿Se puede generar una red pública de escuelas infantiles?
Sí, pero entendemos que es algo que hay que hacer poco a poco. Tenemos planteadas inmediatamente una en Orriols, de la que estamos acabando ahora la obra, y otra en el Cabanyal que está en el inicio de la redacción del proyecto. Hay que analizar, a lo largo del mandato, en qué barrios vamos a ir actuando, el tejido empresarial, porque hay que ser responsable, y con este análisis minucioso ir generando esta red de manera progresiva.

¿Qué harán con la zona de actividades logísticas (ZAL) del puerto si vuelven a entrar en el Gobierno municipal? ¿Se puede cambiar algo?
Se puede y se debe. Cuando llevamos la moción de paralización, todas las fuerzas políticas reconocieron que la ZAL es un error histórico. Deberíamos ser responsables y no ir a políticas de hechos consumados. Un Gobierno progresista tiene que ser exquisito en estas cuestiones, y lo vamos a poner encima de la mesa, por supuesto, en las negociaciones. Es un punto estratégico que no nos podemos permitir, sabiendo que para el puerto no es necesaria y además, el 80% de las inversiones que se hicieron son expropiaciones, por lo que se trata de un suelo público que la Autoridad Portuaria solo nos tendría que ceder. Hay un gasto porcentualmente muy bajo en urbanización y si se consolida la ZAL ya no habrá marcha atrás. Con el proceso judicial abierto, es meternos en un error innecesario.

¿Y qué pasaría con el puerto?
El puerto tiene una gran deuda con esta ciudad: Nazaret tenía una playa que ya no tiene. València se aleja cada vez más del mar, en tanto en cuanto el puerto va creciendo. El proyecto de ciudad que tiene el puerto no es compatible con el de la ciudad. Nosotras apostamos por una ciudad con una calidad de vida del siglo XXI y con un modelo turístico de excelencia. Eso es incompatible con el nivel de toxicidad que se respira en los Poblados Marítimos y con el proyecto que plantea el puerto, que es ser una gran estación de repostaje a nivel mediterráneo. Por eso planteamos una mesa de diálogo puerto-ciudad para llegar a un equilibrio entre los proyectos.

En ocasiones no se ha visualizado la postura de los grupos del Gobierno municipal en las áreas que no gestionan. ¿Cuál es su postura respecto a las polémicas relacionadas con la movilidad: carriles bici y EMT?
Yo creo que ahí hay un conflicto escenificado bastante buscado, del que se beneficia claramente a nivel de visibilidad el concejal de Movilidad y este conflicto bicicleta-coche nos perjudica a todas, porque lo que estamos aplicando no es más que el PMUS del PP, y no deja de ser increíble que genere tanto conflicto, ya que Cs también defiende un modelo de movilidad sostenible basado entre otras cosas en estos carriles bici que no son más que conectores rápidos entre barrios. Es una red que en este recorrido rápido sí que vemos que tiene que ir segregada y ser segura y por eso hemos apoyado el plan de movilidad desarrollado por Grezzi. Entendemos que las formas muchas veces son importantes y que se ha generado bastante conflicto. A nosotras lo que más nos preocupa es cómo se ha dejado en un segundo plano al peatón, que representa la inmensa mayoría de desplazamientos. En el carril bici, de Ruzafa, bajo mi punto de vista, si se quita un carril, hay que dárselo a los peatones ampliando las aceras porque mucha gente pasa por ahí de Ruzafa al centro y viceversa. En ese eje de Ruzafa era fundamental haber ampliado las aceras y la gente que vamos en coche lo habríamos entendido mucho más.

Con las peatonalizaciones no han surgido tantos conflictos.
Porque no hay un beneficio electoral. Es tan sencillo como eso, y me da un poco de pena de que se esté conflictivizando algo en lo que deberíamos estar todos de acuerdo, porque la crisis climática está ahí y porque València es una ciudad que se puede permitir peatonalizar no solo en el centro, sino en los centros de los propios barrios, y luego pacificar el tráfico. Segregar tiene que ser únicamente para garantizar la seguridad en una red uniforme que conecte los barrios.

¿Y cuál es la alternativa? ¿Ciclocalles?
Efectivamente. Vas por el interior de Patraix y si dejas uno los lados sin aparcamiento, la visibilidad es perfecta, y con una limitación de 2030 km/h, que en estos barrios ya existe de facto, dejas de buscarte un conflicto innecesario. En los barrios hay que ensanchar las aceras, ya que hay situaciones realmente rocambolescas.

¿Influirá la entrada de Podem en el Consell en las demandas en la ciudad?
Sí que hay cierta sensación de que València, sobre todo en la relación PSPV-Compromís, puede hacer de moneda de cambio. Yo creo que eso es un error. La política municipal de la tercera ciudad del Estado no puede estar dependiendo de esta moneda de cambio.  València no puede ser moneda de cambio de nada.

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