Miembros de Friday For Future
Miembros de Friday For Future en el parque del Retiro. Elena Buenavista

Hace más calor del que debería en una de las zonas más verdes de Madrid. Marta, Alejandro, Katrina, José y Martín se sientan a la sombra de un árbol del parque del Retiro. Si fuese viernes, lo estarían frente a las puertas del Congreso de los Diputados. Si lo fuese, corearían hacia los leones de la Cámara Baja que sin planeta no hay futuro.

Son cinco de los miles de jóvenes que decidieron movilizarse ante el desastre medioambiental que se avecina. Participan en Fridays For Future, un movimiento que pide a los estudiantes de todo el mundo que no acudan a clase los viernes para reivindicar medidas contra el cambio climático.

Mañana, viernes 24 de mayo, cumplirán su duodécima sentada. Pero primero, en el marco de la huelga global por el clima, se manifestarán en Sol a las 12 de la mañana y pedirán que se declare el estado de emergencia climática.

En la protesta de la capital estarán todos menos Alejandro, que acudirá a Bruselas para reunirse con otros muchos jóvenes activistas de Fridays For Future. Entre ellos Greta Thunberg, la adolescente de 16 años que inició el movimiento frente al Riksdag - el Parlamento sueco- en agosto de 2018. La fecha del encuentro es clave: en apenas tres días determinaremos con nuestro voto el futuro de la Unión Europea.


"El principal problema es el aumento de la temperatura: de esta única amenaza se crean cientos de otras. Solo tenemos hasta 2030 para intentar que no sea irreversible", señala preocupado Alejandro.

Martín, que también mantiene contacto con activistas ecologitas belgas, lo explica: "Transformar una industria para que deje de emitir C02 ahora mismo te cuesta x, pero corregir el impacto que va a tener eso te costará 5000 x si es después de 2030".

Entre los muchos datos que justifican la preocupación de los jóvenes están los que implican a España, convirtiéndola en uno de los países más amenazados de la UE, "pues dos tercios del territorio podrían convertirse en un desierto".

No se lo inventan; lo único que hacen es atender y comprender lo que científicos llevan diciendo por activa y pasiva. Son el altavoz de los investigadores a los que no se escucha. "Estamos repitiendo lo que la ciencia lleva décadas afirmando. Hay un montón de ellos que están trabajando con dinero público para obtener toda esa información. Pero luego los políticos hacen oídos sordos", afirma Alejandro.

Un ejemplo es el informe que la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) publicó a finales de marzo alertando, entre otras, de que los veranos son cinco semanas más largos que en los años ochenta.

Pero nada, parece que estas informaciones no alteran el discurso político. Katrina, activista canaria de 20 años, señala que entre los dos debates televisados para las generales del 28-A, "solo hubo tres menciones al cambio climático". "Se echaron mierda unos a otros, pero no enfrentaron el problema como debían haberlo hecho realmente. No propusieron medidas", dice enfadada.

¿La solución? "Tenemos un acceso al sol increíble que no tienen otros muchos países. Sin embargo, seguimos exportando energía solar. Vamos a instalar placas en Estados Unidos o en Arabia Saudí cuando podríamos ponerlas aquí y convertirnos en un país verde. Tenemos que implementar nuestro propio modelo", apunta José, activista sevillano de 22 años.

La menor del grupo, Marta, piensa que lo que realmente urge es un cambio "radical" del sistema capitalista, una absoluta "reestructuración de toda la sociedad". Según la joven de 19 años, este proceso de remodelación resulta inviable si no se educa correctamente.

"Educar para preguntarnos ¿oye, qué estamos haciendo con nuestro planeta?, ver cómo es nuestro sistema y por qué deriva en lo que deriva", señala. Los activistas recuerdan a Madres por el clima y Teachers For Future, dos movimientos análogos que piden que hijos y alumnos reciban una educación basada en la concienciación climática.

Como éstas, existen otras muchas organizaciones que demuestran la transversalidad de la protesta. "Personas de todo tipo, de todas las ideologías", afirma José. De izquierdas o derechas, profesores y científicos, madres, padres, ciudadanos de todas las partes del mundo...que defienden nuestro planeta. "Solo así, con la unión entre tantas personas diferentes, se genera fuerza de movimiento", sentencia.