El segundo brote de ébola más letal de la historia, "muy lejos de estar controlado"

Instalaciones humanitarias en Bunia, Rep. Democrática de Congo.
Instalaciones humanitarias en Bunia, Rep. Democrática de Congo.
MÉDICOS SIN FRONTERAS

"La gente se muere en sus casas, no estamos llegando a los enfermos, prefieren no buscar tratamiento porque tienen miedo de ir a un hospital". El panorama sombrío lo describe a 20minutos desde la República Democrática del Congo Andrea Nava, de Oxfam Intermón.

El país vive estos días el el brote de ébola más letal de su historia. Más de 1.300 personas han muerto, aunque las estimaciones sobre el número real de fallecimientos son incluso más altas y Cruz Roja habla de una aumento diario y "alarmante" de los casos. La nación vive sumida en la violencia y el brote, dicen los expertos en la zona, está "muy lejos de estar controlado".

Desde el pasado verano, ha estallado en la RDC el que ya es el segundo brote de ébola más mortífero a nivel mundial, detrás de la epidemia que se extendió por África Occidental en 2014. Todo comenzó en agosto de 2018 con 26 casos de fiebres hemorrágicas en la provincia de Kivu del Norte. La mayoría de los afectados falleció. Los análisis posteriores confirmaron que se trataba de ébola y se declaró un nuevo brote de la enfermedad.

Luis Encinas, experto en ébola de Médicos Sin Fronteras, apunta a que la violencia habitual en las provincias de Ituri, Kivu del Norte y Kivu del sur —el epicentro de la enfermedad— es uno de frenos a que llegue la ayuda a esas zonas. Numerosos grupos combaten entre sí y contra el Gobierno, instaurando un clima de inseguridad que afecta a la población local. "Desde el principio supimos que el brote se iba a disparar", afirma. "No había ébola antes en esta zona, hay un conflicto en marcha y es difícil actuar en ella". La región es además algo inaccesible y se "puede tardar días en llegar desde la capital (Kinshasha) a determinados puntos de Kivu del Norte e Ituri ", tras un viaje que en las avionetas de la ONU y "largos trayectos en moto o en 4x4 por caminos embarrados y a través de territorios controlados por grupos armados".

Yves Willemot, jefe de comunicación de UNICEF en el país, señala además que es una zona con alto índice de movilidad: "Es una zona de carreteras, de comercio, y la gente se traslada a menudo llevando el ébola consigo". Estos territorios, fronterizos con Sudán del SurUgandaRuanda, Burundi y con el vasto lago Tanganyika, forman parte de varias importantes rutas comerciales con un considerable tráfico humano entre zonas urbanas y rurales. No menos importantes son los movimientos de refugiadosACNUR estima que en la zona se encuentran cerca de un millón.

La desconfianza en la ayuda

Quienes trabajan sobre el terreno combatiendo este nuevo brote de ébola, sin embargo, coinciden en señalar otro problema como el principal desafío: la distante relación entre los servicios sanitarios y la población afectada. Los últimos datos facilitados por Médicos Sin Fronteras señalan a que en el 82% de los nuevos casos que cada día se reportan no existe contacto previo con infectados notificado a los médicos, lo que apunta a que la incidencia es mayor de lo que dicen las cifras oficiales.

Además, el 50% de las muertes que se producen por el virus son las llamadas "comunitarias"; es decir, se producen en el hogar o en centros médicos ordinarios. Según señalan los médicos, esto implica un mucho mayor riesgo de contagio y es sintomático del recelo que existe hacia la ayuda humanitaria.

Willemot argumenta que una parte de este miedo viene causada por la "inseguridad generada por  la presencia de grupos armados que atacan la ayuda", algo que no sólo hace que el personal humanitario pierda "tiempo y oportunidades", sino que les aleja de la población afectada. Precisamente, en los últimos meses se han producido varios ataques a instalaciones de organizaciones como la OMS o Médicos Sin Fronteras, unos ataques que Willemot lamenta: "no son entendibles ni aceptables".

En este sentido una de las cuestiones por las que Nava aboga es por la renuncia del personal humanitario a acompañarse de escoltas y fuerzas de seguridad, que no contribuyen a generar confianza entre la población (al fin y al cabo, remarca, las fuerzas de seguridad de la República forman parte del conflicto en la zona) y pueden resultar coercitivas para la vacunación, que "debe ser voluntaria".

Por su parte, Encinas explica que si bien no es raro que este tipo de ataques se produzcan, el nivel de violencia que se está produciendo en la RDC es "muy extremo". "Para una gente que no había vivido la enfermedad, es fácil culpar a un fenómeno exterior, como es la ayuda. Ellos ven que, cuanto más llegamos, más gente muere".

Personal sanitario carga con el ataúd de una víctima de ébola en la República Democrática del Congo.
Personal sanitario carga con el ataúd de una víctima de ébola en la República Democrática del Congo.

Un equipo sanitario carga con un ataúd en Kivu del Norte. John Wessels / OXFAM

"Hay que integrar a la población"

Encinas defiende que una de las claves para que los esfuerzos contra el brote sean eficaces está en integrar las realidades locales. Según explica, "hay que hablar de culturas locales más que de cultura local", ya que la región es extremadamente diversa, y "en cada pueblo la cultura es distinta, y hablan uno o incluso dos idiomas diferentes al pueblo de al lado". Como consecuencia, es necesario realizar una suerte de "traducción cultural" que permita a estas personas comprender los peligros de una enfermedad que no conocen y la importancia de combatirla, para de esta manera atajar la desconfianza y el miedo ante los recursos que puedan ponerse a disposición de los afectados.

Así, Encinas aboga por la integración de "todas las capas de la sociedad" en la búsqueda de soluciones, "escuchando sus propuestas y sus demandas y convirtiendo a la sociedad de las regiones afectadas en parte activa de la toma de decisiones" contra la enfermedad.

Andrea Nava concuerda con él, y opina que el principal error está en el fracaso a la hora de comunicar y de involucrar a las autoridades locales: "La población local se ha visto marginalizada, y hay que involucrarla", estableciendo una comunicación efectiva con ellos y haciendo a los congoleños parte de la lucha contra la enfermedad.  En su opinión, no lograr esta participación limita severamente las posibilidades de controlar el virus.

Este es uno de los enfoques más relevantes en las campañas que se están llevando a cabo; por ejemplo, explica Willemot, UNICEF ha dispuesto centros de cuidado y atención a los hijos de los enfermos cerca de los centros médicos, en los que, dado que "existe un considerable riesgo de que los familiares de los contagiados sean también portadores de la enfermedad" (que tiene un período de incubación de hasta 21 días), son los supervivientes del virus (ya inmunizados) los que se hacen cargo de los menores y pueden "atenderles, hacerse cargo de ellos, hablarles, y tocarles". Similarmente, numerosas organizaciones forman a la población en prevención y desinfección, identificación de síntomas y atención a los afectados, para que sean los ciudadanos quienes puedan desarrollar estas tareas.

La esperanza de una vacuna

Durante años, no existía ninguna manera de frenar el virus más allá de la prevención y el tratamiento de los síntomas, lo que dificultaba enormemente cualquier intento de detener los brotes. Por ello, las medidas que se tomaban consistían únicamente en el estricto aislamiento de los enfermos y quienes tengan contacto con ellos, la atención médica a los afectados, el enterramiento seguro de los muertos (en numerosas zonas de África existen ritos funerarios en los que se toca el cadáver, una práctica de gran riesgo) y la instalación de puntos de higiene y desinfección. Así, el ébola podía alcanzar cotas de mortalidad superiores al 80%.

Sin embargo, para atajar el brote de África Occidental de 2014-2016, se implementó a partir de 2015 el uso de una primera vacuna experimental con resultados muy positivos, que pareció mostrar una eficacia del 100%.

Esta vacuna no ha sido homologada aún y, por ello, aún se encuentra en fase experimental y su uso queda restringido a los protocolos correspondientes. Con todo, su existencia supone un horizonte esperanzador en la lucha contra esta enfermedad y, de nuevo, se está utilizando de forma experimental con resultados positivos.

Luis Encinas, experto en ébola en la RDC.
Luis Encinas, experto en ébola en la RDC.

Luis Encinas, experto en ébola de Médicos sin Fronteras. MSF

"Hay voluntad política"

Por su estatus de emergencia sanitaria, es el ministerio de Salud de la RDC el organismo encargado de gestionar la lucha contra el brote de ébola, y la ayuda internacional debe asumir un papel de apoyo material a la infraestructura médica del país, así como formación y soporte humano, técnico y logístico. Este es el papel que están desempeñando organizaciones como Médicos Sin Fronteras y numerosos organismos dependientes de la ONU o la Unión Europea.

Encinas recalca que "existe voluntad política"; el Gobierno aporta los "pilares completos en la lucha contra la epidemia" y ha creado una comisión para la lucha contra el brote de la que a su vez dependen subcomisiones locales. La tenue infraestructura sanitaria con la que cuenta el país constituye la base de los esfuerzos en contra de la pandemia, y Encinas dice que, por la parte internacional, "hay bastante ayuda", aunque precisa que hay que entender esta afirmación en términos relativos.

Igualmente, Yves Willemot señala el rol central de la administración ministerial, y sitúa la ayuda de ONGs y organismos internacionales en una serie de "responsabilidades especiales" de apoyo, educación y asistencia de la población y formación técnica a los profesionales congoleños. No obstante, subraya la importancia de que organismos como la ONU proporcionen una ayuda al desarrollo continuada, para lograr que el país pueda disponer de los recursos que le permitan hacer frente a las crisis humanitarias.

Nava, sin embargo, opina que a pesar de la gestión del ministerio, se está fallando en establecer una coordinación real entre el sistema público y la ayuda internacional debido a la falta de comunicación efectiva entre la ayuda y las instituciones congoleñas. Por ello, argumentase genera "un sistema de Salud paralelo" que no integra al público, y que compromete gravemente la eficacia de las medidas contra el virus al no contribuir a lograr la participación de la población: "No nos sirve de nada tener medicamentos si no llegamos a los enfermos".

"Está muy lejos de estar controlado"

Con todo, Nava y Encinas no caen en el optimismo y ambos afirman que el brote "está muy lejos de ser controlado"; la ayuda no está llegando a todos los puntos del área afectada ni se está logrando la participación necesaria por parte de la población. Durante el último período, el número de casos que se confirman cada semana se ha elevado por encima de 85, y ha alcanzado zonas urbanas con densidades de población considerables (como es el caso de Butembo, con una población de 700.000 habitantes y una densidad de 3.677,63 hab/km2), algo que dificulta aún más su control. Además, los ataques a facilidades sanitarias siguen sucediéndose.

La preocupación de la comunidad internacional crece a medida que aumenta el riesgo, del que advierten numerosos expertos, de que el brote dé un salto transfronterizo y se propague por los vecinos Ruanda, Uganda (países de los que afirma Encinas que poseen sistemas sanitarios relativamente "potentes" y que ya han iniciado campañas de vacunación y prevención), Burundi o, especialmente, Sudán del Sur, un país en conflicto y con una ingente masa de refugiados en el que los efectos del ébola podrían resultar devastadores.

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