Hablar de Pink Floyd es hablar de una banda que cambió la historia de la música para siempre. Del grupo que grabó su primer disco, The Piper at the Gates of Dawn (1967), al mismo tiempo y en la habitación contigua de los estudios Abbey Road donde los Beatles dieron forma a su Sgt. Peppers's Lonely Hearts Club. Del referente por excelencia de la psicodelia británica, que daría paso, posteriormente, al rock sinfónico y progresivo. De la experimentación sónica sin parangón, de las letras de alto contenido filosófico y del mimo por todos los detalles extramusicales: desde las portadas de sus discos a la puesta en escena de sus espectáculos en directo.

Pocas bandas de rock les han llegado a los talones en cuestión de ventas. El que se considera su álbum de cabecera, The Dark Side of the Moon (1973), es el tercer disco más vendido de la historia de la música y permaneció más de 17 años en las listas de éxitos. Los genios de las estadísticas estiman que en uno de cada cinco hogares británicos tienen este álbum y que, a nivel mundial, una de cada doce personas lo ha comprado. Las ventas de la totalidad de su discografía superan a día de hoy los 300 millones de discos.

Detrás de esta historia de éxito, sin embargo, también asoman muchas sombras. Las de Pink Floyd tuvieron nombre y apellido: Syd Barrett, el iluminado primer líder de la banda, a quien el destino acabaría por acorralar y arrinconar debido al excesivo consumo de drogas y la enfermedad mental (unos hablan de psicosis, otros de esquizofrenia pero sigue siendo un misterio). En abril de 1968 abandonaría definitivamente la formación. Llegaría a publicar dos discos en solitario para acabar recluyéndose en su Cambridge natal hasta su muerte en 2006. Sin embargo, el sentimiento de culpabilidad nunca abandonaría al resto de sus compañeros, que le dedicarían otra de sus obras cumbre: Wish You Were Here (1975) en el que se incluye el escalofriante tema Shine On You Crazy Diamond.

Adentrarse en esta historia de luces, sombras y psicodelia es posible ahora gracias a la exposición The Pink Floyd Exhibition: Their Mortal Remains (Pink Floyd: Sus restos mortales), que recala en el Espacio 5.1 de Ifema en Madrid por un tiempo prolongado, hasta el 15 de septiembre, y precedida por su éxito en el Victoria and Albert Museum de Londres, donde logró en 2017 más de 400.000 visitas superando el récord de la muestra sobre otro icono: David Bowie Is.

Un recorrido cronológico a través de medio siglo de una banda icónica que incluye más de 350 objetos y artefactos: como letras de canciones escritas a mano, instrumentos musicales, cartas, diseños originales y elementos escénicos. Muchos de ellos se exhiben por primera vez en esta exposición tras pasar décadas en almacenes, estudios de grabación o en las colecciones privadas de alguno de los miembros del grupo.

Sus psicodélicos comienzos se recrean, por ejemplo, con ejemplos gráficos de sus atmosféricas proyecciones, elaboradas con aceites y luces, así como el equipamiento utilizado por su diseñador de iluminación de aquella época: Peter Wynne Willson. También se celebra el arte y la tecnología con una pintura original de Syd Barrett (pintor de vocación antes que músico) o el conocido como Azimuth Co-Ordinator, dispositivo que utilizaba Richard Wright durante los años 60 para 'balancear' el sonido en directo del grupo a través de un joystick.

Ya adentrados en los setenta se muestran los avances tecnológicos puestos a su disposición en los estudios Abbey Road, instrumentos como la batería Hokusai Wave de Nick Mason, una selección de las famosas guitarras de David Gilmour o algunas de sus bandas sonoras para películas como Zabriskie Point de Antonioni.

El trabajo del estudio de diseño Hipgnosis, responsables de la cubierta de The Dark Side of the Moon; del arquitecto Giles Gilbert Scott, que ideó toda la imaginería alrededor de la Central Eléctrica de Battersea para Animals (1977); o del ilustrador Gerald Scarfe para The Wall (1979) son otros de los puntos fuertes. Algunos de los enormes inflables imaginados por Mark Fisher para la gira de The Wall se han recreado para la ocasión, así como el traje de bombillas que aparece en la portada de Delicate Sound of Thunder (1988) o las cabezas parlantes de The Division Bell (1994).

Por supuesto, la música y las palabras de todos los integrantes de la banda -Syd Barrett, Roger Waters, Richard Wright, Nick Mason y David Gilmour- recorren toda la exposición, que también cuenta con un espacio inmersivo que revive sus grandes clásicos o su última actuación en el Live 8"Queremos mostrar las oportunidades que aún existen de innovación en el futuro. Por eso esta muestra debía ser mucho más que la historia de una banda formada por cuatro chicos de clase media", precisaba ayer mismos el batería Nick Mason durante la presentación en Madrid.