Científicos prestos a cultivar el atún rojo que esquilman los pesqueros japoneses

  • El biólogo de la UCA Antonio Medina controlará la reproducción.
  • Un proyecto fallido del CSIC que ahora retoma la Unión Europea.
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El atún rojo pasa por el Estrecho de Gibraltar para reproducirse en el Mediterráneo. Las almadrabas capturan los ejemplares en mayo. Menos veces en agosto, cuando vienen de regreso, porque tienen peor calidad. Es una especie que tiene muy buena comercialización y que ha sido objeto de sobre pesca, sobre todo de pescadores japoneses que vienen a faenar a las aguas de Barbate, y se los llevan vivos o casi vivos.

El Instituto de Ciencias Marinas del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ya se dio cuenta de ello hace cinco años y comenzó a criarlos en cautividad, concretamente en jaulas en el mar, según relata su directora Carmen Sarasquete. Era un proyecto que requería de una infraestructura muy complicada y la mayoría de los atunes morían en el traslado. En aquel proyecto, que no tuvo los recursos necesarios, participaba el también biólogo de la Universidad de Cádiz, Antonio Medina, que ha logrado resucitarlo con financiación europea a través del proyecto Selfdott (Self-sustained aquaculture and Domestication of bluefin tuna, Tunnus Thynnus), de tres años de duración y un presupuesto de cuatro millones de euros.

Ahora es un proyecto coordinado por el Instituto Español de Oceanografía y en él participan científicos de siete países: Francia, Italia, Malta, Grecia, Alemania, Noruega e Israel. La participación de la UCA, es decir, de Antonio Medina, consiste en el control del proceso reproductor para permitir la producción de huevos y larvas viables.

Según ha explicado el propio Medina, algunos ejemplares fueron tratados con un análogo de la hormona GnRH (GnRHa), "lo cual induce a su vez la producción en la glándula pituitaria de gonadotropinas, que son las hormonas responsables de que las hembras ovulen y los machos produzcan esperma, garantizando la reproducción de forma casi total".

El cultivo de especies comerciales, sobre todo la dorada y, más recientemente, el lenguado, ha sido la clave fundamental para explotar la riqueza biológica del ecosistema gaditano cuando comenzó la crisis de la industria salinera. Sin embargo, según explicó ayer Sarasquete a este periódico, es muy probable que el cultivo de atún rojo se marche a Murcia, aunque Cádiz aportará un gran capital científico a través de la figura de Antonio Medina.

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