El ocaso de un oficio: los últimos europeos en el  corte de la caña
Negros. Así acaban quienes cortan las cañas. Es lo más molesto de la recolección. Rafael Marchante
El futuro de la caña de azúcar tiene el mismo color que el de la piel de quienes la cortan: negro. El recorte progresivo de las ayudas que da la UE para este cultivo hace cada vez menos rentable la faena y las explotaciones.

Hace años que los jornaleros buscaron trabajo en otros cultivos mejor remunerados, «y la falta de mano de obra para pelar las matas se suple con el fuego», cuenta Federico Luque, agricultor de Málaga. Esta provincia, Cádiz y Granada concentran las últimas plantaciones de caña de Europa en las que los tallos se cortan a mano.

La desaparición de los campos hará más difícil entender a los niños que el azúcar no crece en los supermercados. Lo dulce sobrevivirá gracias a la remolacha, mientras los últimos recolectores habrán pasado a la historia.