El cabeza de lista de En Comú Podem, Jaume Asens, y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.
El cabeza de lista de En Comú Podem, Jaume Asens, y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, visitando las carpas de venta de libros y rosas por la diada de Sant Jordi. TONI ALBIR/EFE

La puesta en marcha del Plan Especial Urbanístico de Alojamientos Turísticos (PEUAT) ha supuesto que 33 hoteles se hayan quedado sin licencia en Barcelona. El plan municipal ha supuesto también que haya bajado el precio medio de habitación en lal capital durante el último año y que –según cuantifican algunos estudios– se haya frenado la creación de hasta 4.000 empleos. La medida empezó en forma de moratoria aprobada de forma unilateral, antes de que se aprobase formalmente el plan.

Esa moratoria para paralizar proyectos hoteleros afectó a algunos desarrollos de alto nivel que ya habían estudiado planes para Barcelona, como Hyatt o Four Seasons. La moratoria, aprobada tras las elecciones de 2015 por el equipo que dirige Ada Colau, se tuvo que prorrogar durante otro año más ante la falta de acuerdo en el plenario.

Aunque no era el objetivo anunciado, el plan que finalmente se aprobó ha tenido consecuencias negativas tanto económicas como sociales: los pisos turísticos ilegales y el aumento de problemas de convivencia entre los vecinos y los turistas.

Desde que activara el plan hace casi tres años -en julio de 2016-, el equipo municipal ha conseguido ir cerrando numerosas viviendas pero, según el Gremio de Hoteleros de Barcelona, esa reducción se ha producido en detrimento de un aumento de los pisos compartidos, ante el vacío legal existente sobre esta modalidad.

Además de esta situación, lo que más preocupa al sector turístico es la caída del visitante de alto poder adquisitivo: el número de turistas creció un 5,7% (hasta los 8.057.96) en 2018 con respecto a 2017, pero la facturación cayó. Esto se debe a la bajada del precio medio por habitación, que retrocedió seis euros, un 4%, hasta los 132,5 euros.

Junto al sector turístico, se ha visto dañado el de la restauración, que según denuncian han tenido que despedir a trabajadores por la ordenanza de terrazas. El más significativo es el elaborado por el Reputation Institute, donde la marca de la ciudad cayó en 2018 siete puestos, del octavo al decimoquinto.

Recientemente, y en materia económica, Barcelona también ha caído en otro informe elaborado por PwC sobre ciudades donde invertir en el sector inmobiliario. La capital catalana ha descendido hasta once puestos con respecto a 2018: en 2019 pasa de ocupar el puesto 16 al 27.

La guerra con el Metro y grandes eventos

Junto a los hoteles, los grandes eventos fueron el otro objetivo señalado tras las elecciones de 2015. El principal que puso en cuestión el equipo municipal fue el Mobile World Congress. Finalmente no se introdujeron cambios legales, pero se han cuestionado de otra manera.

En concreto, el conflicto en que se encuentra la alcaldesa con los trabajadores del Metro de Barcelona ha generado relevantes problemas de movilidad  y dos de sus cuatro ediciones se han celebrado con huelgas.

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