Una imagen de Ángel Hernández
Una imagen de Ángel Hernández. JORGE PARÍS

La tristeza y la tranquilidad se mezclan a partes iguales en la mirada de Ángel Hernández. Son los sentimientos de quien ha perdido a la que fue su pareja durante décadas pero sabe que con la muerte ha dejado de sufrir. Tres semanas después de ayudar a María José Carrasco a suicidarse y de que con ello el debate sobre la eutanasia recobrara actualidad, este hombre de 69 años pide dejar de ser el centro de atención y que el protagonismo recaiga en la necesidad de aprobar una regulación que impida que otras familias sufran lo que la suya ha sufrido.

"A donde vaya será para que se hable de la ley, no de lo que me ha pasado a mí. Este ya no es el problema de Ángel y María José. Eso ya ha acabado. Ahora hay que luchar por toda la gente que está sufriendo", ha afirmado este técnico de audiovisuales jubilado durante su participación este miércoles en un debate sobre la muerte digna, celebrado en el Teatro del Barrio de Madrid.

El viudo de María José, enferma de esclerosis múltiple durante 30 años, ha entrado en el acto tan solo unos minutos después de conocer que la jueza ha hecho suya la solicitud de la Fiscalía y ha rechazado investigar el caso como violencia machista. "Una institución tan necesaria como el juzgado de violencia de género no se podía mezclar en lo mío. Creo que la inhibición es acertada. Lo contrario habría ido en su desprestigio", ha declarado. "Muy contento" por esa decisión, ha reconocido que siempre ha tenido asumido que su actuación podría llevarle a la cárcel pero le molestó "mucho" que el magistrado de instrucción enviara la investigación a un juzgado de Violencia contra la Mujer.

En declaraciones a 20minutos, antes también de empezar el coloquio, Ángel ha defendido que solo con la movilización de la ciudadanía se logrará que la ley de la eutanasia sea una realidad.

¿Cómo se encuentra?
Ha sido muy duro pero voy cada vez mejor. Estoy convencido de que iré evolucionando hacia una estabilidad física y mental.

¿Tiene esperanza en que la ley de eutanasia se apruebe en la próxima legislatura?
Lo espero, pero será si nos movilizamos. Creo que se puede dilatar en el tiempo por las presiones que va a haber de los poderes fácticos, que van a intentar que no se haga. Muchos políticos dependen de esos poderes fácticos. No sé si me tengo que creer que lo vayan a hacer inmediatamente.

Si se aprobara, ¿cómo quedaría su caso?
Las leyes son retroactivas para bien, por lo que dejaría de estar investigado. Lo importante también es que saliera del Código Penal el artículo 143 — el que condena la cooperación al suicidio—, que es por el que me van a juzgar. Con una ley y el 143 fuera, no estaría imputado.

El PP se queda en los cuidados paliativos. ¿Una cosa no quita la otra?
Los cuidados paliativos son, por ejemplo, para una persona que necesita que se le ayude a morir. Se le seda, con los días se le retira la comida y la hidratación y, con el tiempo, hay un fallo del organismo que hace que muera. De alguna forma es como una huelga de hambre y depende del organismo de cada uno el tiempo que tarde en llegar el fallo. En este caso la persona enferma no se entera. La sedación paliativa es para ayudarle a morir, la eutanasia es lo mismo pero inmediata. Hay que elegir. Mi mujer prefería la eutanasia porque quería algo más rápido.

¿Qué opina del discurso de Vox y sus declaraciones de que en el norte de Europa, donde está aprobada, "los ancianos salen del hospital corriendo"?
Son unos indocumentados, viven de la mentira, no hay que hablar nada de ellos.

¿Qué le diría a la gente que no apoya esta causa?
Si es por un problema moral o creencias religiosas, es posible que no quieran hacerlo, a pesar del sufrimiento de su familia. Pero hay otras personas a las que hay que convencer de que vivir en la forma en la que vivía mi mujer y en la que vive mucha gente es malvivir. Necesitan ayuda, porque además es imposible que se recuperen.

¿La diferencia entre el caso de Ramón Sampedro y Ramona Maneiro y el suyo es que usted ha dado la cara?
Sí, se trata de dar la cara. Lo podría haber hecho clandestinamente, igual que Sampedro, pero acordé con mi mujer que me iba a autoinculpar para que se aprobara la ley de eutanasia. Había sufrido tanto que no quería que nadie más sufriera como ella.


Ángel Hernández, junto a Marcos Hourmann.

"La sociedad está preparada"

Mientras Ángel atendía a los medios, dentro de la sala David Lorente se sentía muy identificado con él. Este vizcaíno también ha pasado por el dolor de ver a un familiar sufrir por una enfermedad degenerativa sin haber contado con el amparo legal para acabar con ese sufrimiento. Su madre, Maribel Tellaetxe, falleció en marzo después de 17 años con alzhéimer sin que se cumpliera su voluntad expresa de no vivir sin lucidez.

"Nosotros nos planteamos hacer lo mismo pero una de las voluntades de mi ama era que no nos pusiéramos en peligro. Prefería morir a vivir sufriendo pero tenía claro que prefería seguir sufriendo a que nos pusiéramos en riesgo. Ella quería la eutanasia pero en el caso de que fuera legal", ha explicado este vecino de Portugalete durante su intervención en el debate.

A lo largo de una hora, estos dos hombres han contado su historia bajo la atenta mirada, como compañeros de mesa, de Marcos Hourmann, el primer médico condenado en España por practicar la eutanasia, y Fernando Marín, presidente de la asociación Derecho a Morir Dignamente. Moderada por el periodista Jordi Évole, la charla ha servido para abogar por que la despenalización no quede en el olvido e inevitablemente, el caso Sampedro ha estado presente.

El tetrapléjico gallego se quitó la vida en 1998 ayudado por su compañera sentimental, Ramona Maneiro, quien no reconoció su implicación hasta 2005. Su historia fue llevada incluso al cine por Alejandro Amenábar, con la película Mar adentro, pero más de dos décadas después la legislación no ha avanzado nada. El objetivo es que ahora no ocurra como entonces y que una vez de que los focos se apaguen y el caso de Ángel y María José pierda el interés mediático, la eutanasia siga en la agenda política.

"La ciudadanía tiene un papel muy importante. Si no salimos a la calle corremos el riesgo de que esto se dilate o no se lleve a cabo por presiones de los poderes fácticos", ha insistido Ángel. "La sociedad está preparada de sobra para una ley de la eutanasia. Falta que las instituciones se pongan a la altura", ha requerido David y todos los ponentes han criticado a los partidos por no haber sacado adelante una regulación al respecto pese a que más del 80% de la población está a favor de una muerte digna.

En plena campaña electoral, con PSOE, PP y Ciudadanos prometiendo que abordarán esta cuestión pero con el PP limitándose a hablar de cuidados paliativos, la esperanza en que en la próxima legislatura cambie la situación existe pero también la desconfianza. "Los programas electorales no se cumplen. Prometan y cumplan, señores", ha espetado Marcos.

Tras el coloquio, y después de atender pacientemente a todos los medios que se lo han pedido, Ángel ha abandonado el Teatro del Barrio con una premisa clara: "Seguir trabajando". Si no hay antes un cambio legislativo, tendrá que esperar a que la justicia pronuncie un veredicto sobre él, pero si algo tiene claro es que no piensa hacerlo de brazos cruzados.