En el papel amarillento del buzón del 2º A solo hay grabado un solitario nombre en letra cursiva: Amanda Jospe. A través de la ranura se puede atisbar un buen montón de cartas acumuladas, las que aún caben, porque el portero ha tenido que ir sacándolas por falta de espacio.

Esta mujer residía en la calle Alonso Heredia, en el barrio madrileño de Guindalera, y la semana pasada fue hallada muerta en el suelo de su cocina en un estado momificado, pues su cadáver llevaba allí varios años esperando a ser encontrado después de, en principio, haber sufrido un ictus, según la autopsia.

De origen argentino, Amanda tendría unos 72 años, calculan fuentes cercanas a su entorno, que cuentan que poseía dos viviendas en Madrid: una en La Guindalera, donde vivía y ha sido encontrada muerta, y otra en la calle Orense, donde tenía una consulta psicológica en la que trabajaba antes de jubilarse. "Era una profesional muy buena y tenía clientes muy importantes", cuenta una buena amiga de la fallecida que se quedó helada tras enterarse de lo ocurrido. "Hace unos dos años fui a buscarla a su casa de La Guindalera. Viendo que no contestaba, fui a ver si desde el patio se veía algo, pero estaban todas las persianas cerradas".

El portero del edificio donde Amanda trabajaba como psicóloga asegura a 20minutos que el último pago de los gastos de comunidad lo realizó en mayo de 2015, y un mes después ya no volvió a dar señales de vida. "Siempre venía a pagarme entre el día 1 y 5 del mes, pero en junio [de 2015] ya no vino". Esta comunidad presentó una denuncia ante los juzgados por el impago de unos 4.000 euros, pero antes de este hecho, la Policía ya estaba intentando contactar con una sobrina de Amanda que vive en Israel, según confirma el portero de la calle Orense, a quien los agentes fueron a tomar declaración en más de una ocasión.

"Un secreto a voces"

Amanda no tenía apenas familia, y esta sobrina es quien, en teoría, ha presentado recientemente una denuncia por desaparición que ha permitido que la Policía entrase la semana pasada a la vivienda. Desde el bloque de La Guindalera, sin embargo, aseguran que "quien ha movido los hilos ha sido la comunidad de vecinos".

"Era un secreto a voces", cuenta una vecina del piso a este periódico, que asegura que desde hace unos años la comunidad comenzó a sospechar que a Amanda le había pasado algo. "Era una mujer que hacía mucho ruido con los tacones por la mañana, y desde su casa se solía escuchar bastante escándalo [...] Al tiempo de dejar de oír el sonido, me empezó a parecer raro". "Hace unos tres meses, la comunidad nos informó a través de una circular que se estaba intentando contactar con la sobrina de Israel", cuenta una vecina que, indignada, no comprende por qué se está diciendo que nadie esperaba lo ocurrido.

En este sentido, algunos habitantes del edificio atestiguan que la Policía ya acudió hace aproximadamente dos años a ver qué pasaba, "pero dijeron que no podían forzar la cerradura para entrar porque nadie había presentado una denuncia por su desaparición, o sea que eso de que 'no se sabía nada' es mentira". La Policía Nacional, preguntada por esta incursión, declinó hacer declaraciones, argumentando que al tratarse de una muerte natural no están investigando el caso y no tienen información.

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