Voto por correo
Un cartero entrega el voto por correo en un colegio de Barcelona. EUROPA PRESS

Fuera de España hay más de 2 millones de potenciales votantes -trabajadores, estudiantes, militares, marinos y pescadores- para quienes la administración ha ideado unos sistemas de votación tan complejos que la inmensa mayoría acaba sucumbiendo al vía crucis burocrático y opta por no votar.

Entre los más de dos millones de inscritos en el Censo Electoral de Residentes Ausentes (CERA), los casi 3.000 militares en misiones en el exterior, los miembros de la marina mercante y los trabajadores de barcos de pesca en altura suman tantos votos como toda la provincia de Sevilla o las Islas Canarias.

Para todos ellos, y con el objetivo del impedir el fraude, se estableció un sistema de votación tan complejo, con instrucciones tan confusas, con tantos requisitos y con unos plazos tan ajustados, que en las elecciones de 2011, no votó el 94 por ciento de los residentes en el extranjero.

En Argentina, Francia y Venezuela reside la mayor colonia de españoles del exterior, quienes reciben su derecho a votar en las próximas elecciones generales del 28 de abril como "una carrera de obstáculos" cargada de incertidumbre. En total, dos millones de emigrantes están llamados a las urnas, aunque si se mantienen las estadísticas, solo un 5 % depositará finalmente su sufragio.

El vía crucis de los votantes en el extranjero comenzó ya en marzo, cuando tuvieron siete días para acudir a su consulado y comprobar si figuraban en el censo y para reclamar su inclusión, un trámite que se podía realizar solo de manera presencial.

Solo ese paso resulta complicado para quienes viven en ciudades donde no hay consulado español o en alguno de los más de 40 países en los que España no tiene representación diplomática, como es el caso de Madagascar, Georgia o Islandia.

A continuación, el votante debe "rogar" por correo y con un formulario oficial que la Oficina del Censo Electoral le envíe la documentación: un gran sobre con las papeletas de las candidaturas al Congreso y al Senado de todos los partidos y los sobres de votación.

Para facilitar el proceso, el Ministerio de Asuntos Exteriores detalla los trámites y pasos a seguir en un documento con instrucciones tan prolijas y clarificadoras como que la documentación se enviará "no más tarde del trigésimo cuarto día posterior a la convocatoria, en aquellas provincias donde no hubiese sido impugnada la proclamación de candidatos, y en las restantes, no más tarde del cuadragésimo segundo".

Este paso, aparentemente sencillo, se complica para los votantes que residen en países con un sistema de correos deficiente o en zonas aisladas, como ocurre en grandes zonas de África y Sudamérica.

Y llega el momento de votar, lo que de nuevo deja al votante a merced del sistema de correos local u obligado a volver al consulado para depositar su voto.

Argentina

Argentina es, con diferencia, el país de la diáspora que aglutina la mayor cantidad de españoles con derecho a voto en estos comicios, más de 420.000. Históricamente, su sufragio podía condicionar la elección de muchos municipios españoles, pero desde la implementación del llamado "voto rogado" la participación ha caído a mínimos. Jorge Navos, de 62 años y ascendencia gallega, es uno de los muchos ciudadanos que no están dispuestos a hacer el trámite burocrático al que les obliga la Ley Electoral desde 2011. "No voté nunca más", dice a Efe rotundo.

Asegura que esta medida hace que los emigrantes pierdan los vínculos con sus ayuntamientos de origen, algo que a su juicio se evidencia también en la participación "muy escasa" que hay hoy en día. Según cálculos oficiales, antes de que se instaurase este sistema votaba el 35 % de los españoles en el extranjero y ahora solo el 5 %.

La misma postura defiende la leonesa María Teresa Michelón Martínez. "Pensábamos que en estas elecciones íbamos a tener la oportunidad de votar libremente como se hizo hasta hace unos años, pero no, seguimos en la misma tesitura. Y yo, hasta que me devuelvan el voto que me sacaron, no voy a volver a votar", asevera. Michelón lamenta que este "capricho de los políticos" les sitúe como "españoles de tercera" y recuerda que el Consejo de Residentes Españoles de Buenos Aires que preside fue el primero en salir a protestar cuando se reformó la ley electoral.

En los cuatro años que lleva Gastón Rodríguez (50, A Coruña) viviendo en Buenos Aires asegura que no ha tenido problemas para votar, aunque fuese "a costa de mucho esfuerzo". "Es todo una carrera de obstáculos que no tiene absolutamente ningún sentido y lo único que produce es una desincentivación del hecho del voto", señala.

Por eso, desde la Federación de Asociaciones Gallegas en la que trabaja pusieron en marcha un centro de ayuda para facilitar la tarea a los españoles que quieren emitir su sufragio.

"La primera sensación que te transmiten es de confusión. No todo el mundo entiende el procedimiento en una primera lectura, por eso a veces nos encontramos con que además de asistirles para realizar el trámite tenemos que explicárselo", argumenta sobre una tarea a la que "nadie acude satisfecho".

Francia

Sonia Valdés, bilbaína de 43 años, es una de los más de 200.000 españoles censados en Francia con derecho a voto. La solicitud del voto por internet le pareció "súper sencilla", pero lamenta la incertidumbre que rodea el proceso.

"Me gustaría más claridad, en el sentido de que, ahora que ya he hecho todos los papeles necesarios, no sé si voy a recibir las papeletas. Me gustaría saber que las recibo y una vez que mande mi voto por correo saber que ha llegado y que va a ser tenido en cuenta", explica a EFE.

Ella lleva casi ocho años en París y en las elecciones generales de junio de 2016 se quedó sin votar porque no le llegó la documentación por correo. Gonzaga Mérida, asturiano de 33 años, se enfrenta en cambio por primera vez a las urnas desde el extranjero.

"Por mis horarios, he podido ir al consulado a hacer los trámites, pero otros no lo tienen igual de fácil", destaca este profesor de español, que cree que los plazos son demasiado cortos y no hay tiempo "para informar a los votantes y preparar adecuadamente al personal que tiene que atender las solicitudes".

"La información que viene por vía consular no es muy buena", lamenta Carmen Mainer, que dice tener la sensación de "dar palos de ciego" y se ha apoyado en el colectivo Marea Granate para evitar quedarse sin votar, como ya le pasó en 2016.

"Tenemos que estar mandando cartas que no sabemos si llegan. Es un derecho y no hay manera de saber si has podido ejercerlo", lamenta Mainer, que coincide con Mérida en que la votación por poderes, que delega en otra persona de confianza ese trámite, podría contribuir a solventar el problema.

Venezuela

Más de 100.000 españoles que residen en Venezuela están inscritos para votar en las elecciones generales del próximo 28 de abril y la recepción de los votos comenzará la próxima semana. El promedio de participación en Venezuela es inferior al 10 %.

El caso de la periodista española Alicia Hernández, residente desde hace ocho años en Venezuela, es uno de los ejemplos de la baja participación de los ciudadanos españoles residentes en el extranjero en los comicios de su país, por considerar que es un proceso "engorroso".

Hernández, de 34 años, no votará en estas elecciones debido a que en los últimos comicios que participó, hace unos tres años, su voto llegó "tiempo después" de que se celebrara el acto electoral en su país, de tal forma que se perdió. "Yo perdí un montón de tiempo en toda esta gestión", dijo al recordar su última participación que se tornó "fastidiosa". Además recalcó que la comunicación en Venezuela es "pésima" y que eso dificulta aún más el proceso.

"Si a esta condición ya burocrática que pone el Gobierno de España, el Estado español, para votar se le añaden las condiciones en el país en el que estoy, que es Venezuela, pues hacemos un tramite larguísimo", apuntó.