La catedral de Notre Dame, en llamas
La catedral de Notre Dame, en llamas. CARLOS G. KINDELÁN

La catedral Notre Dame de París, icono del gótico e insignia de la ciudad y del país, sufrió este lunes un devastador incendio que ha conmocionado al mundo y con el que han ardido ocho siglos de historia.

El templo, con un exterior espectacular y un interior majestuoso, ha perdido a causa del fuego uno de sus elementos más distintivos, su característica aguja. Asimismo, se han visto afectados otros elementos igualmente representativos, como los rosetones, un par de retrablos o la techumbre.

La catedral, que comenzó a construirse en el año 1163 en estilo gótico, ha sufrido a lo largo de su historia múltiples modificaciones y reformas motivadas por desperfectos o por deseos de ampliación. En esta ocasión, el presidente francés ya se ha comprometido a reconstruirla y ha anunciado una colecta internacional.

Situada en el corazón de la Isla de la Cité, es uno de los mayores orgullos de los parisinos y uno de los grandes reclamos de la ciudad, que atrae cada año alrededor de 13 millones de visitantes.

La acompañan en este reducto en mitad del Sena edificios tan emblemáticos como la Conciergerie o Palais de la Cité, que fue residencia de los reyes de Francia; el Palacio de Justicia; y el Hôtel de Dieu, el hospital más antiguo de París.

La catedral en cifras

Localizado en pleno centro de la capital francesa, este colosal templo cuenta en su fachada principal con dos icónicas torres de 69 metros de altura y un emblemático rosetón que se han convertido en la imagen más reconocible de la catedral.

Otra de las grandes piezas del edificio era la aguja, de 96 metros, que fue reconstruida varias veces a lo largo de la historia y que este lunes fue pasto de las llamas y terminó por derrumbarse.

La nave, con una superficie de 4.800 metros cuadrados y una longitud de 128 metros y 48 en el transepto, albergaba en su interior multitud de obras de arte, como la escultura de la Piedad, el órgano o la pintura de Santo Tomás de Aquino. 

Por su parte, los tres enormes y coloridos rosetones de la catedral se han convertido, junto con el resto de las vidrieras, en un auténtico símbolo y en uno de los elementos más paradigmáticos del edificio. Con un diámetro de 13,10 metros los de las caras norte y sur y 9,70 el del lado oeste, han sufrido daños durante el incendio.

Hasta ayer, a la colosal estructura del templo se sumaba un andamiaje de hasta 100 metros, debido a las labores de restauración que se estaban llevando a cabo para renovar la aguja y que debían finalizar en 2022.

Depositaria de grandes obras de arte

Una de las grandes obras de arte del interior del templo era la Piedad, de Nicolas Coustou, que presidía la catedral desde el centro del ábside. Se trata de una monumental escultura, que, rodeada por efigies de los reyes Luis XIII y Luis XIV, presidía el interior de la catedral y sobrecogía a los visitantes desde su entrada al edificio.

Otra de las piezas de mayor valor histórico y artístico es el órgano, que data del siglo XVIII y, con cinco teclados y más de 7.000 tubos, es el segundo más grande de toda Francia y uno de los más importantes del mundo.

La catedral albergaba también tres reliquias de Cristo, que fueron adquiridas por el rey Luis IX de Francia al emperador Balduino de Constantinopla en el siglo XIII y trasladadas a Notre Dame para su veneración, según la tradición. Se trata de la corona de espinas, un fragmento de la Vera Cruz y uno de los clavos con los que Jesús fue fijado durante la crucifixión.

Estos elementos, que habitualmente se exponen para su veneración en Semana Santa, han podido salvarse, de acuerdo con el rector de la catedral, monseñor Chauvet.

En el exterior, el Pórtico del Juicio, en la fachada occiental, es el más fastuoso de todos. Instalado entre 1220 y 1230, representa este pasaje del Evangelio según San Mateo y fue víctima de las revueltas durante la Revolución Francesa.