Santiago Abascal
Santiago Abascal, líder de VOX, con un halcón. TWITTER DE VOX

Dio la campanada en las elecciones al Parlamento andaluz y ahora Santiago Abascal llama a las puertas del Congreso de los Diputados. Seguro de su pr√≥ximo desembarco en la Carrera de San Jer√≥nimo a lomos de Vox, aspira a condicionar la pr√≥xima legislatura y todo un pa√≠s con una minor√≠a suficiente que, de paso, pondr√° a Espa√Īa en el mapa de la ultraderecha.

A sus 43 a√Īos cumplidos el d√≠a de la Rep√ļblica, Abascal es padre de cuatro hijos de dos matrimonios. Tambi√©n es agresivo, poco riguroso y experto en armarse a golpe de tuit. Su equipo ha planteado una estrategia infecciosa en las redes para soslayar sus contradicciones.¬†Lo importante es la √©pica. A Vox no le sonroja prometer, con una mano, la eliminaci√≥n de "miles de cargos pol√≠ticos" o pulverizar el "cancer√≠geno" estado de las autonom√≠as mientras, con la otra, presenta a un candidato a presidente cuyo curr√≠culo no puede contradecir m√°s esa idea. Afiliado al PP desde los 18 a√Īos, fue concejal durante dos legislaturas en Llodio,¬†miembro de las Juntas Generales de √Ālava y del Parlamento Vasco. Tambi√©n, fue director de empresas p√ļblicas sin contenido de la Comunidad de Madrid por obra y gracia de Esperanza Aguirre. En ellas lleg√≥ a cobrar una n√≥mina anual de m√°s de 80.000 euros, m√°s que el sueldo del entonces presidente, Mariano Rajoy, a quien abandon√≥ en 2014. Cuatro a√Īos despu√©s de aquel portazo, dio otro golpe: Vistalegre.

Sus apelaciones a la Espa√Īa de a pie contrastan con una reforma fiscal abrupta que rebaja los impuestos a las rentas m√°s altas y desmonta el sistema actual de pensiones. Ejemplo de bolsonarismo, dicen sus detractores, la suya es la Espa√Īa de la postverdad. La post-Espa√Īa. La misma que para pensar el futuro se remonta a un imaginario de libro de texto franquista. La del Cid, la Reconquista y los militares.

Eso s√≠. Siempre en el l√≠mite. La apariencia, al menos en campa√Īa, importa. Aunque la prensa haya vinculado el renacer de este partido residual ideado por Alejo Vidal-Quadras con la familia del dictador, en sus m√≠tines, hay carteles que piden que no se exhiban banderas predemocr√°ticas. Tampoco quieren que se recuerde el pasado filonazi de su ide√≥logo condenado por dar una paliza a un grupo de estudiantes de la Complutense en el que estaba Pablo Iglesias. Ni que se les asocie con la homofobia, aunque propongan eliminar el derecho al matrimonio y la primera votaci√≥n de su √ļnico senador auton√≥mico sirviera para vetar una declaraci√≥n contra la lgtbifobia en el deporte. Con el feminismo, por contra, no hay ambages. Tampoco, con el libre albedr√≠o de los medios de comunicaci√≥n.

Vox no han confeccionado programa electoral para el 28-A. Mantiene el mismo texto que para las andaluzas En √©l, Abascal defiende la deportaci√≥n masiva de inmigrantes ilegales, elevar el nivel de tributaci√≥n para obtener la nacionalidad y levantar un muro en Ceuta y otro en Melilla. Literal. El trumpismo con el que se compara sabe generar titulares. Un ej√©rcito de perfiles distribuye memes para moldear conciencias y desplazar el vol√°til voto que PP y Ciudadanos compiten por retener. Pablo Casado y Albert Rivera se fotografiaron con √©l en Col√≥n. Aquella imagen inici√≥ la campa√Īa de Vox (y anim√≥ a Pedro S√°nchez para adelantar las elecciones). Todos los sondeos coinciden en que cualquier esca√Īo se lo arrebatar√° a esos dos partidos en una competencia de tono grueso. Abascal les insulta. Son, en los d√≠as amables, la "derechita cobarde" y proclama que no ejercer√° de muleta. El √ļnico partido que defiende la tenencia de las armas de fuego en los hogares necesita la tensi√≥n para crecer. Y su l√≠der lo sabe. Mientras agita el fantasma de la ruptura inminente de Espa√Īa que le ha dado toda propulsi√≥n pol√≠tica, se ve protagonista de una campa√Īa sometida a una violencia extrema. "Como no se recordaba", advierte. Aunque eso, tampoco, sea cierto. Lo suyo es el ruido. Hecho proyecto pol√≠tico.