Mujer obesa sentada en un banco
Mujer con obesidad sentada en un banco, en una imagen de archivo. FLICKER/MARJAN LAZAREVSKI

Comer mal mata más que fumar. Esta es una de las conclusiones que se extraen del último estudio publicado en la revista médica británica The Lancet, titulado Carga global de enfermedad, que examinó las tendencias de consumo según quince factores dietéticos clave entre 1990 y 2017 en 195 países.

El estudio concluye que los factores de la dieta con más incidencia en los fallecimientos fueron el excesivo consumo de sodio junto con la insuficiente ingestión de frutas, verduras, legumbres, frutos secos y leche. Según los datos recabados, de las 11 millones de muertes atribuibles a una dieta inadecuada en 2017, unos 10 millones fueron por dolencias cardiovasculares; 913.000 por cáncer y 339.000 por diabetes de tipo 2. Mientras que el tabaco se asoció con 8 millones de muertes.

Si bien los autores del análisis, financiado por la fundación de Bill y Melinda Gates, advierten de que hay cierto margen de error —pues no todos los datos estaban disponibles de la misma manera en todos los países—, los expertos consultados por 20minutos.es señalan que las conclusiones de este estudio confirman la tendencia actual de la población española, que cada vez más va abandonando la dieta mediterránea y consume más alimentos procesados con exceso de sal, azúcar y grasas añadidas.

"También va en línea con los indicadores de salud", explica el profesor del Máster Universitario en Entrenamiento y Nutrición Deportiva de la Universidad Europea de Madrid Óscar Picazo. En España, el 54% de los adultos y el 40% de la población infantil sufre sobrepeso —y el 17% de los adultos y el 18% de los menores padece obesidad—, según las datos del Ministerio de Sanidad.

Con todo, el citado informe sitúa a España en el tercer lugar de la clasificación de los 195 países con una mejor alimentación, por detrás de Israel y Francia. "Desde que se hacen este tipo de estudios, España se ha situado siempre entre los diez primeros países porque todavía persiste el patrón de la dieta mediterránea, aunque por desgracia no todo lo deseado y la tendencia actual no es buena", comenta el vocal de comunicación de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), el doctor Francisco Botella Romero. "Los nuevos patrones de consumo, la comida rápida y los alimentos procesados, especialmente entre los más jóvenes", concreta Picazo.

El estudio es "interesante" para la directora del Servicio de Endocrinología del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, Susana Monereo, porque pone el foco que grupos de alimentos y porque demuestra que la dieta puede ser dañina tanto por exceso de productos poco saludables —la sal— como por deficiencia de alimentos saludables —fruta y cereales integrales—. Monereo anota además, que estas conclusiones van "en sintonía" con el estudio Predimed, que demuestra que la dieta mediterránea ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares o el cáncer.

Y es que, en palabras de Picazo, "el potasio de la fruta y la verdura fresca nos protege frente a la hipertensión, ayuda a amortiguar el efecto del exceso de sodio en el cuerpo". Por ello, tomar mucha sal y poca fruta "es la peor de las opciones", señala.

Reglas de oro para llevar una dieta sana

En opinión de Botella, las reglas básicas y sencillas para seguir una dieta saludable son "comer menos sal, que todos los cereales sean integrales e ingerir más fruta y verdura fresca". Picazo agrega moderar el consumo de alimentos procesados, reducir el azúcar añadido y aumentar la ingesta de legumbres". "Siguiendo el patrón de que el 50% de los platos sea de origen vegetal" siempre se acierta, asegura Monereo.

Respecto a la carne y el pescado, el vocal de la SEEN apunta que no se recomienda ingerir más de 50 gramos de carne roja al día, e insta a sustituirla por carne blanca y pescado. "Se toma poco pescado, hay que aumentarlo a dos o tres veces por semana como mínimo", añade el profesor de la Universidad Europea, que sobre la carne indica "que sea de calidad y evitar las procesadas como embutidos o salchichas".

"De las carnes procesadas, el jamón serrano de bellota tiene grasas más saludables que un jamón blanco súper salado, pero no todo el mundo se lo puede permitir. En cualquier caso, el jamón serrano es mejor que otros embutidos, pero tampoco conviene excederse", continúa Picazo.

Entonces, ¿de qué huir? "De alimentos procesados que contengan sal, azúcar o grasas saturadas. Casi todos los procesados tienen uno, dos o las tres cosas", señala el doctor Botella. Y, aunque parezca obvio, conviene repasar qué se considera por procesado. Según este profesor, "todo aquel que ha sido transformado desde un producto fresco para su consumo" y que "tiene varios ingredientes y viene envasado de una fábrica, con una lista de ingredientes", abunda Botella.

Para ayudar a la población a acceder a pan integral, que actualmente es más caro que el pan blanco, Monereo insta a realizar grandes acciones como "bajar el iva" al integral. En esta línea, la endocrina del Gregorio Marañón también propone bajar el precio de la fruta y verdura. "Los sectores más deprimidos suelen tener peores hábitos de alimentación, pero también altos cargos con poco tiempo. Además, los jóvenes no saben guisar porque no se ha transmitido esa cultura, e ir a la compra y planificar las comidas ocupa mucho tiempo", indica.

Aclaraciones sobre el sodio

El sodio no es lo mismo que la sal y conviene no confundir ambos componentes. "Cinco gramos de sal equivalen a dos gramos de sodio. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no exceder los cinco gramos de sal añadida al día", indica el endocrino Botella.

En este sentido, la nutricionista Marián García puntualiza que en España la ley ya obliga a escribir sal en las etiquetas. "Estamos hablando mucho del azúcar y nos estamos olvidando de la sal, cuando en España se consumen de media 9,8 gramos al día de sal añadida —casi el doble de lo aconsejado por la OMS—". García recuerda que un consumo excesivo de sal está ligado a enfermedades como la hipertensión, con la pérdida de calcio, con la obesidad y con un peor funcionamiento del riñón.

Para saber si los productos procesados que compramos en el supermercado llevan mucha o poca sal añadida, García señala que "por debajo del 0,25% es poca y por encima del 1,25% es mucha". A modo de guía: si lleva un 1% de sal añadida, mejor para la salud dejarlo en el estante. En este sentido, el doctor Botella insta a fijarse en "otras fuentes de sodio, que son igual de malas que la sal, como el bicarbonato sódico, la sacarina sódica, el fosfato sódico o el glutamato sódico, entre otros, que cuentan como sodio".