Despoblación
Un momento de la "España vaciada" celebrada el domingo en Madrid. ELENA BUENAVISTA

Con 4,5 millones de habitantes –de un total de 46,7 millones– viviendo en el 70% del territorio, España se enfrenta a un gran reto. Gestionar la prestación de servicios para amplias regiones con una densidad muy baja se torna complicado pero  es responsabilidad de los gobernantes garantizar al medio rural una calidad de vida semejante a la urbana, en pro de la igualdad, y tomar medidas para que los vecinos no tengan que huir por falta de recursos.

La multitudinaria manifestación que la "España vaciada" celebró el domingo en Madrid para exigir un pacto de Estado contra la despoblación, puso de manifiesto la unidad entre estas zonas y cómo, junto a las necesidades particulares, existen carencias que se repiten.

"No tenemos farmacia y el médico pasa los miércoles. Si te pones malo el resto de la semana tienes que recorrer 25 kilómetros y si es algo más grave, 50, hasta Soria", contaba Francisco Miguel, de 54 años y nacido en Cigudosa. "Tiene unos 30 habitantes. Ya no hay niños y el colegio tuvo que desaparecer", agregaba, en el relato de una situación que se asemeja a la de Anquela del Ducado (Guadalajara), con 48 vecinos censados; Escorihuela (Teruel), con unos 80, o Nieva de Cameros (La Rioja), con una población real de 20 personas. Estas dos localidades sí cuentan al menos con un menor, que para ir a clase se traslada a un pueblo vecino.  

"En muchos pueblos hace años que no nace ningún niño. Quienes más se van de los territorios que cada vez generan menos oportunidades son los jóvenes y las mujeres, con lo que la posibilidad de revertir la situación se agrava. Sin ellos, difícilmente habrá nacimientos", explica Ignacio Molina, director del Comisionado del Gobierno para el Reto Demográfico. El también profesor universitario de Análisis Geográfico Regional agrega que "el empleo tradicional en el medio rural está vinculado a la actividad agraria o la construcción y apenas genera salidas para un empleo femenino, más formado".

Esto enlaza con otra de las reivindicaciones más compartidas y que pasa por crear un tejido empresarial en esas regiones, lo que requiere de unas adecuadas comunicaciones, físicas y virtuales. "Si vas a crear una empresa que generará mil puestos de trabajo y que requiere del uso permanente del ferrocarril o de autovías, ¿la pondrás en un pueblo al que no llega el tren y que solo tiene una carretera estrecha?", reclama Pepe Polo, representante de Teruel Existe. La situación empeora cuando no hay ADSL o la conexión es muy lenta, lo que le ocurre al 10 % de los españoles, según la compañía de telecomunicaciones  Eurona. El dato crece en zonas rurales y despobladas.

Respuesta "multisectorial" y "coordinada"

Ante el diagnóstico, que presenta muchas otras aristas, se hace imprescindible una respuesta "multisectorial" y "coordinada desde todas las instituciones". Así lo defiende Javier Allué, comisionado de la lucha contra la despoblación en Aragón, y quien no comparte la visión de que las administraciones hayan tenido olvidado al mundo rural: "No es una cuestión de abandono sino de mejorar los procesos de aplicación de las políticas". Allué asegura que "Aragón ha sido pionero en la planificación de instrumentos de ordenación del territorio y de lucha contra la despoblación",  en una comunidad con el 25% de sus municipios (182) con menos de cien habitantes y un crecimiento vegetativo negativo.

El comisionado expuso esta realidad en una mesa monográfica en el marco del VIII Foro de las Autonomías, organizado por el Instituto de Derecho Público de Barcelona en el Senado. En ella participaron el profesor Molina y Virginia Marco, directora general de Relaciones Institucionales y Asuntos Europeos de Castilla-La Mancha, quien abogó por que la financiación autonómica tenga en cuenta criterios demográficos.

"En todas las comunidades, salvo las insulares, hay alguna comarca en la que la despoblación empieza a ser intensa. El mapa es muy amplio. Ya no es un problema de pequeños municipios", advierte Molina. En ese marco, hasta los vecinos de una ciudad como Linares, en Jaén, hallaron motivos para protestar el domingo. "De 70.000 habitantes en los 80 hemos pasado a unos 58.000", afirmaba Ángel Cotrina. Con un 46% de paro, su temor es acabar siendo "más pequeño que muchos de los pueblos pequeños de ahora".

El problema preocupa. En febrero, el barómetro del CIS preguntó por primera vez por la despoblación, un fenómeno considerado muy o bastante grave por el 88,5% de los ciudadanos. Porque "si la vida de los pueblos se acaba, la decadencia llegará a las ciudades", avisa el manifiesto que se leyó en la manifestación del domingo, como advertencia a que un modelo de urbes sobrepobladas no puede ser sostenible.