Málaga, tierra de baños
Balneario Apolo. Vista aérea Foto
Mientras en los reinos de Castilla y Aragón bañarse era un acontecimiento excepcional, en Al-Andalus resultaba algo cotidiano. Por aquel entonces, en el sur de España proliferaron los balnearios, fiel reflejo de la filosofía de vida que tenían los musulmanes residentes en la península, que después aprovecharon los cristianos.
 
La Iglesia fue quien más se benefició tras la Reconquista con la repartición de los terrenos, aunque poco a poco fue perdiendo sus posesiones por la venta a particulares y la desamortización de Mendizábal, en 1836.
 
Todo esta historia se ha recopilado en la exposición que el Archivo Municipal de Málaga dedica a los baños hasta el próximo 31 de julio. Multitud de documentos, mapas, publicaciones y guías que hacen un repaso de los balnearios que existían en la capital, cómo estaban diseñados y quiénes los usaron desde 1487 hasta 1986, cuando cerró el último que quedaba en pie (Baños del Carmen). La muestra se divide en tres apartados: casas de baño de agua dulce, baños de mar y balnearios de agua de mar.
 
Lo que era un escándalo
En 1852, el entonces alcalde de Málaga, José María Corona y Serrano, tomó la decisión de encarcelar con penas de hasta cuatro días a hombres y mujeres que osaran bañarse juntos. Además, tampoco se podía dar un chapuzón en las playas antes de las diez de la noche. Estaba mal visto.
* Archivo Municipal. Alameda Principal, 23. De L a D, de 11 a 14 y de 18 a 21 h. Entrada libre.