Menores infractores
El boxeador Samuel Carmona, en el club deportivo José Valenciano, y Wynna Zady, en Gran Canaria. JORGE PARÍS / W. Z.

Wynna Zady fue una adolescente problemática. Muy problemática. Tanto que a su madre no le quedó más remedio que denunciarla. Samuel Carmona se vio envuelto con 16 años en una pelea y acabó condenado por lesiones. Los caminos de estos dos grancanarios estuvieron a punto de truncarse, pero ambos tuvieron la fortuna de que la jueza Reyes Martel se cruzara en ellos y el destino les dio una segunda oportunidad. "Fueron chicos con unas circunstancias complejas y eso les llevó a cometer infracciones penales. Había en sus vidas un conjunto de situaciones que tenían que ser corregidas para que los problemas no crecieran más", explica la magistrada.

Wynna, que ahora tiene 30 años, atiende la llamada de este diario pocos minutos después de visitar el juzgado de menores en el que va a completar las 110 horas de prácticas que el grado de Derecho le exige. "Estoy en cuarto, me quedan pocos meses para terminar", señala con entusiasmo. Ese juzgado en el que completará su formación académica es el número 1 de Las Palmas, cuya titular es precisamente Martel. La magistrada que determinó su ingreso en un centro de menores será ahora su mentora.  

Atrás queda aquella época en la que pisaba los tribunales principalmente por peleas, pero también por algún delito contra el patrimonio. Llegó a hacerlo al menos en quince ocasiones. Incluso después de recuperar la libertad: "Siempre arrastras cosas que no habías cumplido o que habías hecho durante el internamiento. Tuve juicios hasta los 21 años".

En el centro Valle Tabares entró tres días antes de cumplir los 17. La habían echado del instituto, había estado hasta seis meses sin pasar por casa y su madre ya no sabía cómo gestionar la situación. "La llamaba desde una cabina y le decía que estaba bien y que no me buscase. Ella se preocupaba. Tenía una vida que no era la apropiada", reconoce. 

La medida cautelar, establecida inicialmente para tres meses, se prolongó durante un año por su mal comportamiento. Wynna recuerda la llegada al centro como algo traumático: "Fui como si fuera una criminal". Pero con la perspectiva que da el tiempo, esta joven hace un balance muy positivo de su estancia allí y valora con un sobresaliente el trabajo de los educadores: "Aprendí muchísimo. A conocer a las personas. A relacionarme. A defenderme en todos los ámbitos. A tener valores y principios. Y a gestionar la ira y el dolor. Yo era una niña dolida que básicamente quería cariño. Quizás mi madre me lo quiso dar pero yo no lo veía. El problema de la adolescencia radica en la falta de atención que tú crees que tienes. Yo pensaba que mi madre no me trataba como tenía que hacerlo. Pero era mi perspectiva, influenciada también por el abandono sufrido por mi padre".

Deportista olímpico

Samuel responde a 20minutos entre el entrenamiento de la mañana y el de la tarde, mientras repone fuerzas en un restaurante madrileño. Él también es de GranCanaria, pero lleva cuatro años viviendo en la capital, gracias a una beca ADO (Asociación de Deportes Olímpicos) y su integración en la selección española de boxeo. Campeón de España en 2015 y 2016, medalla de bronce en el Europeo de Ucrania en 2017, su mayor logro, hasta el momento, es el diploma en los Juegos de Río de Janeiro.

Este deportista de 22 años, boxeador desde los 10, estuvo a punto de perder la oportunidad de alcanzar ese palmarés –y el resto de logros que puedan venir– cuando golpeó al atracador que le asaltó por la calle. "Empezó él el problema, pero me denunció, y de algo pequeño se hizo una bola muy grande. Hubo un juicio  y se determinaron daños. Me impusieron  una orden de alejamiento y durante un tiempo una trabajadora social estuvo viniendo a mi casa", relata. La jueza Martel evitó que prosperara la petición de la acusación, que exigía que fuese apartado del ring. "Dijo que yo era un niño, que todos cometemos fallos y me animó a seguir hacia adelante".  

Samuel Carmona, boxeador

Así es como Samuel ha podido llegar tan alto en un deporte que cuando era pequeño veía junto a su abuelo. Una disciplina que le ha permitido salir de la venta ambulante en mercadillos a la que se dedicaba su familia. El deporte le ha ayudado a moldear su carácter y adaptarse a una vida que exige disciplina y perseverancia. Su sueño es comprarle una casa a sus padres y regresar a Canarias cuando ya no pueda seguir peleando. Espera hacerlo con un campeonato del mundo bajo el brazo. Y siempre que se lo pidan no tendrá inconveniente en contar su historia si con eso ayuda a menores con problemas a reconducir sus trayectorias.

La meta de Wynna, que compagina los estudios con el trabajo y con el cuidado de su hijo de 11 años, es ser jueza de menores, "porque no solo imponen medidas sino que es algo educativo". "Puedes contribuir a cambiar el mundo porque estás educando a las nuevas generaciones", apunta. Esta universitaria espera poder ayudar a chicos conflictivos a superar su dolor y su rabia contra el mundo: "Eso es lo que empaña tu interior, tu forma de comportarte y de relacionarte. Yo he perdonado, y lo más importante, me he perdonado a mí misma".

Para Reyes Martel las historias de estos dos jóvenes son un ejemplo de hasta dónde pueden llegar los menores con problemas de conducta o en riesgo de exclusión cuando se les ayuda a integrarse de pleno en la sociedad. Wynna y Samuel colaboran de hecho con Up2U, el proyecto impulsado por la jueza para promover la integración social de jóvenes conflictivos y en riesgo de exclusión. Ella es voluntaria activa: "Me encanta el trato con los menores porque sé lo que sienten y les puedo aportar mi experiencia". Él protagonizó un vídeo para fomentar el deporte como camino hacia una vida mejor y ayuda en la búsqueda de recursos para otros chicos que quieren boxear: "Si Reyes me ayudó a mí, yo también la voy a ayudar a ella".