El malagueño Dani Rovira y el argentino Joaquín Furriel protagonizan Taxi a Gibraltar, una comedia que se estrenó en cines el viernes y que cuenta la historia de dos personajes al límite que deciden buscar un tesoro oculto en el interior del Peñón.

Han estado muchas horas en el taxi, ¿han acabado odiándose?
Dani Rovira: No, es algo que podría haber pasado, pero resulta que a los tres que nos ha tocado nos hemos combinado bien y el taxi nos ayudó desde el minuto uno a ver que eramos los tres de la misma cuerda. Hemos hecho una piñita muy bonita.

Esta es una historia de personas desesperadas...
Joaquín Furriel: La desesperación a todos nos acompaña, vivimos en un mundo en el que a veces hay que alejarse un poco de todo para no vivir en la ansiedad permanente en la que solemos vivir. Los tres entramos rápidamente en lo que proponía la película, gracias a Alejo, que tiene muy claro lo que quiere.

También es una película de acentos...
J.F: El color expresivo que tiene Diego Manfredi no lo había usado, incluso en otras películas en las que hacía de argentino, pero en las que hablaba con acento de otras partes de Argentina. Hasta ahora no había podido usar toda mi argentinidad en la mayor cantidad de colores posibles.

¿Es terapéutico sacar la mala leche, le ha costado?
D. R: No aunque León se diferencia de mi en que yo soy una persona bastante apacible, es raro verme enfadado o irascible y mi manera de enfadarme es muy tranquilita. Supongo que porque yo soy de pequeñas detonaciones en el día a día, que apenas te das cuenta y no me guardo nada, al contrario que León, que es una puñetera olla a presión y te pasas la peli diciendo "cuando reviente...".

Ésta es una comedia, pero sin pasarse, ¿no?
D. R: Uno de los retos ha sido contener la comedia, sobre todo la de mi personaje, y más con estos dos personajes tan divertidos y tan locos al lado, porque les veía divirtiéndose con su pelota y yo quería la mía (risas). Ha sido más un reto egoísta que técnico. A lo mejor en una escena tenía que estar callado y yo como Dani Rovira quería meter baza.

¿Cómo ha sido rodar en calzoncillos en medio de una carretera?
J. F: Sufrían más los demás por mí, por el frío que hacía, que yo. Ese tipo de jornadas donde sabes que vas a pasar frío, yo entro en una especie de estado zen y se sobrelleva.

(Suena el móvil del redactor)

D. R: Esto, ves, por ejemplo León te habría metido un tortazo... (risas).

¿Aquí Sancho se Quijotiza y Quijote se sanchifica?
Dani Rovira: Uy, que bien, no podría haberlo dicho mejor. Es verdad que había un personaje que era un poco más alocado. Si el Quijote tuviera que ser uno de los dos sería Diego, con su idea peregrina, con la que convence a León, que es el que le ayuda cuando Diego se viene abajo.

¿Es posible hacer una película española en la que salga Gibraltar y en la que no se diga aquello de 'Gibraltar español'?
R: El personaje de León, que es español, se viene arriba y cuando tiene que pasar la frontera lo usa como una arenga, para creerse él mismo la tropelía que va a hacer.

J.F: Le pasa también a Diego, cuando se motiva con sus tópicos y dice que Dios es argentino. Les dan los subidones y les salen esas frases.

¿Han vivido anécdotas en taxis que les hayan servido para la película?
D. R: El que no haya vivido anécdotas en un taxi es que no está en el mundo, pero tan locas como estas, no. Yo estaba ya bastante familiarizado con el mundo de los taxistas y la semana antes cogí muchos más de los que nunca habría cogido sin la película.

El conflicto del taxi, Gibraltar, el Brexit... Es una película que está muy pegada a la actualidad, ¿no?
J. F: Sí, justo estrenamos y son temas que están en las primeras planas, pero la película no va de eso, aunque son temas que están. Va de la desesperación de estos personajes por lograr una realidad diferente.

¿La desesperación puede ser el sentimiento más poderoso?
D. R: Totalmente, el espacio de confort no te mueve a hacer cosas nuevas. Pero la desesperación te convierte en un animal herido. Estos personajes están en un punto en el que tienen muy poco que perder. Así que se aferran al clavo más pequeño y más ardiente.

J. F: Al final sólo quieren vivir felices y tranquilos...

¿Esa es la clave para ser feliz, vivir tranquilo?
D.R: En mi caso no, pero lo puedo entender. Es algo muy personal, de cómo cada uno quiere gastar las balas que le da la vida.

J. F: Yo hago montañismo, me gusta mucho y hay gente a la que le gusta detenerse y mirar el paisaje. A mi me gusta caminar y mirar sin detenerme.

D.R: Y hay gente a la que le gusta verlo en National Geographic directamente, sin caminarlo.

¿Es duro rodar una road-movie, tanto tiempo dentro del coche?
D. R: Sí, es duro porque si ruedas en verano no puedes llevar las ventanas abiertas ni el aire acondicionado puesto por el tema del sonido, son muchas horas, porque son carreteras que se tienen que cortar. Y a lo mejor hay una recta de 800 metros y tienes que hacer la toma en los 20 segundos que tardas, porque si no hay que llevar toda la caravana de nuevo para atrás. Es un espacio como muy íntimo y lo compartes con tu compañero, con el del sonido, con el del foco... a mi la suerte me ha llevado a compartir esos espacios con gente con la que he sido muy afín.

J. F: La pasamos muy bien, el trabajo fue muy cómodo en ese sentido.

D. R: Y tenemos un olor corporal muy agradecido...

J. F: Y una buena digestión...

¿Qué les saca a ustedes la mala leche?
J. F: Cuando manejo [conducir] a veces me cabreo, aunque ahora estoy más tranquilo. Y en general me pone muy nervioso la gente que hace mal su trabajo, cuando lo hace mal adrede, con desgana.

En la película hay muchos elementos, objetos, ¿se han quedado con algo?
D. R: En muchas pelis te quedas con cosas, pero en esta no... a veces algo de ropa. En Superlópez había dos petisos carambanaleros hechos por arte y al final del rodaje me regalaron uno.

J. F: En El Árbol de la Sangre Montse Sanz, que era la directora de Arte, me regaló unos cuernos que había en la casa de los padres del personaje.

Estrenan en Málaga y aunque no compiten, por lo general es raro que una comedia gane premios de cine...
D. R: No queramos tenerlo todo siempre. Con una comedia lo que no ganas en festivales a lo mejor te lo agradece el público luego con la taquilla. Y a los premios hay que darle la importancia que tienen. A veces te acaricia el público y a veces los premios.