Empresarias
Clara Arpa, CEO de Arpa Equipos Móviles de Campaña, en el madrileño recinto ferial de Ifema. JORGE PARÍS

En 2011, contra todo pronóstico, Clara Arpa pasaba a ocupar el cargo de directora ejecutiva de Arpa Equipos Móviles de Campaña. Ella, que en principio no estaba predestinada a heredar la compañía que su padre fundó en 1968, se ponía al frente de una empresa que trabaja con el Ejército y en países como Arabia Saudí o la India. "Tengo 55 años y en mi generación se sobreentendía que las mujeres, aunque estudiáramos, en el momento que nos casábamos y, sobre todo, cuando teníamos hijos, nos íbamos a quedar en casa", relata esta zaragozana.

Ese, sin embargo, no fue su caso. Clara se rebeló contra lo que el destino le tenía preparado. Contrajo matrimonio y es madre por partida triple pero desde el primer momento luchó por tener un empleo. Trabajó de higienista dental, montó un despacho laboralista y luego una empresa de parques infantiles. Entró en la compañía familiar por el área comercial y la dejó entre 2006 y 2011 para crear Arpa Construcción Modular. Todo lo hizo "a la chita callando", sin hacer ruido, a pasos cortos pero firmes, y "sin retroceder ni para coger carrerilla": "Era una época en la que el hecho de que trabajaras fuera te obligaba también a ser buena ama de casa y buena madre. No podías desatender esas facetas. Si por la noche tenías que levantarte cuatro veces no pasaba nada. No se entendía que te quejaras".

La directiva echa la vista atrás, hacia un pasado que no ha sido del todo superado. "Las cosas cambian. Hace 25 años eran más complicadas. Pero aún siguen siendo muchas las mujeres que llevan el peso del hogar y de los hijos y las que cuidan de los padres cuando envejecen. Nos queda mucho por hacer", lamenta y lo ejemplifica con una circunstancia que se da en su empresa: "Tenemos muchos trabajadores jóvenes. Este año han nacido cinco bebés. Pues creo que voy a tener que obligar a los chicos a cogerse la alternancia con la madre en las cinco semanas de permiso. Los padres están fenomenal porque están más fuera de casa que dentro. Pero, ¿qué pasaría si la madre se incorporara a trabajar y el hombre se quedara con el niño? La conciliación empieza de puertas para adentro y es cuestión de educación por parte de las familias".

Su propuesta se inspira en las leyes de Suecia, donde los progenitores tienen obligación de repartirse a partes iguales cuatro de los dieciocho meses de baja. Arpa Equipos Móviles de Campaña cuenta con 80 empleados de los que solo el 25% son mujeres. Fabrican tiendas de campaña, contenedores, remolques... y abastecen de saneamiento, energía, cocinas, alojamiento, gestión de residuos... en definitiva, de todo lo necesario en emergencias humanitarias. Pertenecen al sector del metal y su directora argumenta que por el tipo de trabajo que realizan les cuesta encontrar mano de obra femenina. Sin embargo, en el comité directivo sí hay más mujeres que hombres, fruto de un proceso de promoción interna. "Cuando miras con ojos sin prejuicios el que vale, vale y el que se esfuerza, lo consigue. El talento no tiene género y el esfuerzo tampoco", remarca quien también pertenece al grupo de mujeres influyentes de Aragón.

Con ocasión este viernes del Día Internacional de la Mujer, la consultora Family Business Solutions ha estudiado  precisamente el papel femenino en la dirección de la empresa familiar. Tras examinar las prácticas de más de 150 ha detectado que solo en un 11% hay una mujer como directora general o CEO. El porcentaje asciende al 33,4% en los puestos directivos y al 27% en sillones del consejo de administración y/o del consejo asesor. "Aún hay una tendencia a que la hija ocupe los cargos del segundo escalafón. Si hay una hija al frente suele ser porque todas son hermanas o porque el varón se hizo a un lado. A lo mejor dentro de unos veinte años empezamos a ver cambios. Las que están ahora en la universidad creo que sí estarán en igualdad frente a sus hermanos", coincide Clara, quien dirige la empresa después de que lo hiciera su padre primero y su hermano en segundo término.  

La empresaria plantea estas reflexiones sentada en una de las terrazas de Ifema-Feria de Madrid. En la capital para asistir a varias reuniones, no ha querido irse sin visitar ARCO. A las dos de la tarde del penúltimo día de febrero la temperatura roza los veinte grados, algo que le preocupa, y mucho, porque además de en la igualdad cree en la sostenibilidad, "entendida como una prosperidad económica dentro de una protección del medio ambiente". "Estoy convencida de que hay que cambiar el modo de producir,  gestionar, consumir… Solo tenemos un planeta y a este paso vamos a consumir dos y medio. Ya no hay nada de qué hablar. Hay que actuar", defiende.

Con la sostenibilidad como bandera llegó ella a la dirección de una empresa con 43 años de vida, a la que le hacía falta "reinventarse". Implantó una estrategia alineada con los diecisiete objetivos de Naciones Unidas como parte de la agenda para 2030, se adhirieron a su Pacto Mundial, y en junio era sorprendida con la designación como miembro de la junta directiva de dicho pacto, la mayor iniciativa voluntaria de responsabilidad social empresarial en el mundo. "Cada vez habrá medidas más estrictas. Pero lo que escuché en Davos es que vamos a pasarlo mal porque la esfera internacional no está enfocada a esto. Tenemos el brexit, la independencia, Trump, Bolsonaro... Y se relega hacer una política común para preocuparse del clima", se queja.

Pese a ese horizonte, Clara seguirá luchando. Y tiene la oportunidad de hacerlo desde la ONU o el Foro Económico Mundial, organismos sin duda con una predominante presencia masculina. Como mujer le apena que el mayor esfuerzo que a ellas les supone alcanzar sus metas las puede llevar a desistir e insta a las nuevas generaciones a no flaquear y a no perder el espíritu combativo.