Dos presos
Dos presos conversan en una cárcel. ARCHIVO

Los cinco miembros de La Manada detenidos el pasado viernes cuentan cada uno de ellos con un preso de apoyo en estos primeros días para evitar conflictos dentro de la prisión.

No es la primera vez que la dirección de un centro penitenciario establece este protocolo. Se hizo con Alberto S.G, el joven de 26 años que presuntamente mató y descuartizó a su madre. En2012, José Bretón, que cumple 40 años de condena por la muerte de sus hijos José y Ruth en 2011, estuvo sometido al protocolo antisuicidio en la cárcel de Córdoba en los momentos previos a su sentencia final por agredirse con una cuchilla de afeitar.

Este año, la asesina confesa del niño Gabriel Cruz, Ana Julia Quezada, tuvo un altercado que protagonizó con otra reclusa e intentó suicidarse con una cuchilla desechable que consiguió en la prisión, aunque los trabajadores lograron impedirlo. Entonces, la dirección del centro penitenciario tomó la decisión de asignarle una interna de acompañamiento para estar controlada.

¿Qué es el protocolo antisuicidio?

Fuentes de Instituciones Penitenciarias explican a 20Minutos que, tras el ingreso en prisión del nuevo interno, se tramita evaluación del preso que realiza un equipo multidisciplinar para encontrar algún signo de depresión por el "choque" que supone entrar en prisión, o para detectar si el preso pretende llevar acabo "ideas autolíticas o autolesivas".

Dicho equipo —compuesto por psicólogos y médicos— decide si el interno debe ser sometido al protocolo antisuicidio. "Hay personas que no saben llevar su ingreso en prisión y pueden tener ideas autolíticas", trasladan desde Instituciones Penitenciarias.

El protocolo antisuicidio se aplica a aquellos presos a quienes se les ha detectado síntomas de depresión. En función de los resultados arrojados por la evaluación, se pueden aplicar distintas medidas para "contribuir" a prevenir o disminuir la probablidad de que se produzca un "suceso suicida".

El 'preso-sombra'

Una de estas medidas es el seguimiento del presidiario a través de la figura del "interno de apoyo" o preso-sombra. Se trata de internos que de manera "voluntaria" están con el recluso sometido a este sistema —no remunerado— "las 24 horas" y que se unen a este programa para "contribuir en las tareas de seguimiento, apoyo y atención de aquellos internos que tengan signos depresivos".

Sin embargo, aunque se le llame interno de apoyo, no quiere decir que las funciones sean llevadas a cabo por un solo preso, sino que pueden participar varios. "Que se le llame preso-sombra no quiere decir que sea un único recluso el que presta el apoyo, sino que pueden ser dos o tres los que realicen esas tareas de soporte", aseguran las mismas fuentes.

Entre las funciones que tiene un interno de apoyo están el acompañamiento durante las 24 horas del día, la asistencia a todas las actividades no colectivas, compartir la celda con el preso sometido al programa, el acompañamiento en momentos especialmente sensibles "como es el ingreso en prisión", además de la "observación preventiva en otros módulos".

El programa antisuicidios, que debe durar como mínimo dos semanas, no conlleva ningún beneficio penitenciario para el preso-sombra, no conduce hacia "ninguna reducción de condena". "No hay incentivos penitenciarios pero, cuando se revisa su expediente, y el interno en cuestión fuera merecedor de permisos o tuviera alguna salida programada, la colaboración en este programa ayuda a conseguir esos permisos", explican desde Instituciones Penitenciarias.

Los requisitos para ser 'preso-sombra'

Aunque el programa no reduzca la condena del interno que realice este programa colaborativo, sí existen una serie de requisitos para poder llevar a cabo esta función.

Según Instituciones Penitenciarias, los reclusos que quieran ser internos de apoyo deben presentar una "adecuada capacitación, actitud y motivación". Además, deben encontrarse en una situación estable en la prisión y sin "un traslado previsible".

Por otro lado, los presos-sombra no pueden tener "sanciones" por conductas tipificadas, deben carecer de antecedentes de autolesiones o de "enfermedad mental grave" y no pueden ser consumidores activos de drogas.