Suicidio
Imagen de archivo de una mano con muchas pastillas. PIXABAY

"Buenos días, teléfono contra el suicidio, ¿en qué puedo ayudarle?", se escucha al marcar el 910 380 600. Es el teléfono contra el suicidio puesto en marcha por la asociación La Barandilla hace un año. Muchas de las 1.100 llamadas registradas estos primeros 12 meses de existencia comienzan con un silencio.

"Llaman porque es la única salida que ven pero no saben qué decir", explica Marta Gómez, una de las voluntarias que atiende las llamadas. Esta psicóloga de 26 años pide a las personas que llaman que se tomen su tiempo, a continuación introduce delicadamente preguntas "y entonces se abre la caja de pandora", relata.

De media atiende entre dos y tres llamadas durante las cuatro horas que dura su turno. Parecen pocas, pero es que cada una dura entre hora y hora y media. "Las rápidas—señala— son de entre 20 y 30 minutos".

Son personas en situación de "desesperación absoluta, ya sea porque la vida les ha dado un vuelco total, por ejemplo con una enfermedad o accidente que les invalida, o por enfermedad mental tipo trastorno bipolar o depresión, o bien atraviesan una crisis existencial o sentimental, o bien están viviendo malos tratos en casa, en el centro escolar...", detalla Gómez para revelar que "hay muchas situaciones y no existe un perfil o contexto de siempre".

La psicóloga voluntaria del teléfono contra el suicidio Marta Gómez. | FOTO: JORGE PARÍS.

Según las cifras del Instituto Nacional de Estadística (INE), en España se quitaron la vida 3.679 personas en 2017, un 3,1% más que en 2016. A esta cifra "que nunca baja" hay que sumar los suicidios encubiertos que no cuentan como tal, como "los accidentes de tráfico que en realidad son suicidios, o los ahogamientos en verano de personas que nadaban muy bien", comenta la presidenta de la asociación La Barandilla, Ana Lancho.

No tienen una media de llamadas al día, pero estas "se triplican cada vez que el teléfono sale en los medios", bien sea por la rueda de prensa que organizan desde hace cuatro años cada 10 de septiembre, Día Mundial para la Prevención del Suicidio, bien por la carrera contra el suicidio, cuya primera edición se llevó a cabo el pasado 11 de noviembre para reclamar más atención a este problema de salud. "Unos días llaman 10, otros cuatro. Unas 1.100 en total este primer año", detalla la presidenta de la asociación.

Lancho resume la función del teléfono: "Exclusivamente, para parar el impulso suicida. Luego no hacemos seguimiento ni ofrecemos terapia, pero sí les damos los pasos a seguir y los recursos públicos a los que pueden acudir".

Hay personas que llaman para confesar por primera vez que la idea de suicidarse les ronda la cabeza, que "no se lo han dicho ni a sus familiares ni a sus psicólogos. Estos son el 70% de las llamadas". Otras, en cambio, "cuentan que lo tienen todo preparado y que lo van a hacer ahora, pero primero quieren llamar". Desde hace pocos meses, han detectado un nuevo perfil: gente del entorno. "Padres y madres que se preocupan por los comportamientos de sus hijos y solicitan orientación, o parejas de personas con depresión que tienen miedo y no saben dónde tienen que ir para ayudarle", cuenta Lancho.

Tema tabú

El hecho de que el 70% de las personas pronuncien por primera vez sus ideas suicidas a un teléfono anónimo "muestra que el suicidio es un tema tabú, escondido por la sociedad, y que la gente no tiene libertad para hablarlo porque se sienten juzgados. En cambio, si la persona que escucha está informada, lo tratará sin miedo".

"Detrás de todo suicidio hay una depresión. Una persona feliz no intenta suicidarse. Lo único que tenemos es la vida, nadie quiere morirse sino dejar de sufrir. Hay muchas causas que te pueden abocar a una depresión, y cuando estás así crees que no hay solución. Siempre les decimos desde el principio que lo que les pasa es puntual y temporal, y que todo el mundo puede salir de esas situaciones, pero si te quitas la vida, eso ya es para siempre". Lancho tiene respuesta hasta para "situaciones muy duras" como estar en una cama "muerto de dolores": "¿Y si la ciencia avanza?", plantea.

Además de detectar que terceros llaman preocupados, la presidenta de la asociación que gestiona el teléfono contra el suicidio apunta que la horquilla de edad de la mayoría de las llamadas se sitúa entre los 15 y 39 años, pero también "repuntan los mayores", a partir de los 75. "Es lógico, son personas que se quedan solas y no saben qué hacer con su vida". Las estadísticas muestran que los mayores se quitan la vida sobre todo por la noche, "cuando les acecha la soledad", mientras que los jóvenes lo hacen durante el día, "porque es cuando se levantan y se dan cuenta de lo duro que les va a resultar el día".

Según los datos que maneja, los hombres se suicidan de forma más agresiva —"balas o ahorcamientos"—, lo intentan menos pero lo consiguen más. En cambio, las mujeres lo intentan "más veces pero se suicidan menos" porque utilizan planes menos agresivos como sobredosis de pastillas.

La presidenta de la asociación La Barandilla Ana Lancho. | FOTO: JORGE PARÍS.

Signos de advertencia

La Organización Mundial de la Salud habla de un "alarmante incremento" de los suicidios entre menores de 15 años. La Barandilla empieza a recibir llamadas de colegios que les solicitan charlas para alumnos y familias sobre el suicidio. Pero, ¿qué señales hay que atender? En los jóvenes, "que empiecen a bajar su rendimiento en el colegio, que dejen de comer, que se aíslen... En las redes sociales dejan muchos mensajes". Los mayores, por su parte, "se van desprendiendo de objetos que siempre han llevado, de repente nos abrazan y nos dicen que nos quieren, cambian de hábitos...", expone Lancho. Y advierte, para todas las edades: "Cuidado con las llamadas de atención, porque quizá sí lo haga en el futuro".

En el 95% de los suicidios hay una depresión detrás. El suicidio es un proceso mental que va desde tener la idea a diseñar el plan, prepararlo y llevarlo a cabo. Después "nos encontramos con el frustrado (cuando se salvan) y el consumado. Otro concepto son los "parasuicidios", que están "ligados a enfermedades mentales" y consiste en "autolesiones para llamar la atención pero no para quitarse la vida". E insite: "Hay que tener cuidado porque se les puede ir la mano".

En noviembre de 2017, el diputado de UPN Iñigo Alli propuso un Proyecto No de Ley sobre Prevención de Suicidios en el Congreso de los Diputados, iniciativa que fue apoyada por la Cámara Baja "pero que actualmente, 16 meses después y con dos Gobiernos diferentes, no se ha avanzado", lameta el secretario de La Barandilla, José Manuel Dolader. Un estancamiento que se agrava ahora con la convocatoria de elecciones generales.

Plan Nacional de Prevención

"¿Cuántas personas tienen que morir para que se elabore un plan nacional?". Lancho compara el número de muertes por suicidio en España con las cifras de accidentes de tráfico —1.198 en 2017, y 1.180 en 2018— o las víctimas de la violencia de género —51 en 2017, y 47 en 2018— para reclamar medidas estatales que reduzcan los 10 suicidios diarios que se producen en el país. En cambio, señala, "campañas publicitarias contra el suicidio no vemos". En el Reino Unido, por ejemplo, se realizó una campaña en 2018 para "hacer visible lo invisible" que consistió en colocar 84 estatuas en tejados de edificios.

Por cada persona que se suicida, seis de su alrededor lo sufren. "Parece que esto los políticos no lo saben, porque es un montón de dinero público: son bajas laborales y aumento de las listas de espera en la Sanidad", explica Lancho. El presidente de la Sociedad Española de Suicidología, Andoni Anseán, calcula que unas mil vidas se podrían salvar cada año en España con un plan estatal de prevención. "Es gastarse dinero ahora para ahorra el día de mañana", añade Lancho.

Esta profesional de la salud mental retrata el déficit de atención psicológica y psiquiátrica que sufren los usuarios de la sanidad pública. "Cuando intentas suicidarte, te llevan al médico y después a casa. Te citan para la próxima visita a los dos o tres meses. Y mientras tanto la idea sigue ahí", cuenta. "Hay muchas llamadas que se identifican como una petición encubierta de la vigilancia y el seguimiento al que la Sanidad Pública actual no llega", sentencia.

Los colectivos implicados no descansan. En febrero se celebró por primera vez una jornada en el Congreso para reclamar un Plan Nacional de Prevención del Suicidio. En marzo, la Confederación Salud Mental de España organizó la Jornada sobre la Prevención del Suicidio: Una realidad silenciada, a la que acudió la ministra de Sanidad en funciones, María Luisa Carcedo, que aseguró que, si el PSOE continúa en el Gobierno tras las elecciones del 28-A, en un plazo de dos meses podría empezar a funcionar un teléfono de corta numeración y fácil de recordar de ayuda para prevenir el suicidio.

"No hay salud sin salud mental"

El presidente de la Confederación de Salud Mental de España, Nel González, exige un "esfuerzo político" para implementar medidas que prevengan el suicidio porque ahorraría vidas y "mucho dinero" a la Sanidad Pública. Reprueba que la salud mental sea "la pariente pobre" de la Sanidad porque "la OMS asegura que una de cada cuatro personas sufrirá un problema de salud mental a lo largo de su vida", y porque "no hay salud sin salud mental".

Por su parte, el patrono de la Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental, Jerónimo Saiz, añade que "el porcentaje de recursos para atender a la salud de mental no se corresponde con el porcentaje de discapacidades que se deben a problemas de salud mental". En cifras, este catedrático en psiquiatría explica que "los gastos directos e indirectos que provocan las enfermedades mentales en Europa representan el 1,5% del PIB, sin embargo los recursos destinados a salud mental representan el 0,5% del total del gasto sanitario. Esto pasa en muchos países, no solo en España, donde además hay diferencias entre comunidad autónomas".

Con todo, Saiz recalca el sistema de salud pública "potente, equitativo, eficiente y barato" de España, donde cualquier persona con pensamientos suicidas puede acudir a las urgencias hospitalarias, donde siempre hay un psiquiatra de guardia, al médico de familia o a los equipos de salud mental. En Madrid, explica, existe el protocolo Arsuic, que se activa tras recibir el alta en urgencias con una cita en el centro de salud mental correspondiente en un plazo de cuatro días y se realiza un seguimiento para comprobar que el paciente acude a esta visita.

La Organización Mundial de la Salud elaboró en el año 2000 una guía para los medios sobre cómo tratar el suicidio. En ella se recalca la importancia de "resaltar las alternativas y recursos de ayuda, no publicar fotos o notas suicidas, no glorificar ni sensacionalizar ni simplificar, no aportar culpas y huir de estereotipos religiosos, sociales o culturales", entre otras recomendaciones. La OMS recomienda hablar del suicidio porque, en palabras de Lancho, "si no se cuenta, no existe. Y si no existe, no se puede prevenir".