El papa Francisco
El papa Francisco, durante la audiencia semanal general en el Vaticano. GIUSEPPE LAMI / EFE

La reunión sin precedentes en la historia de la Iglesia en la que la jerarquía eclesial afrontará desde este jueves el problema de los abusos sexuales a menores prevé que los obispos asuman finalmente su responsabilidad y también que rindan cuentas de sus actos.

El papa Francisco explicó, en el vuelo de regreso de su reciente viaje a Panamá, que había convocado este encuentro para que los obispos "sean conscientes del drama y del sufrimiento de las víctimas de abuso" y que "esa conciencia suscitará un fuerte sentido de responsabilidad por parte de cada obispo, por parte del episcopado en general y por parte de toda la comunidad eclesial".

Por ello, el pontífice ha convocado, entre este jueves y el domingo, a los presidentes de 114 conferencias episcopales de todo el mundo, 14 representantes de las Iglesias católicas orientales, 12 superiores generales de instituciones y 10 superioras de instituciones femeninas, 10 prefectos de dicasterios vaticanos y otros obispos y expertos, en total 190 personas.

El primer día del encuentro, el tema principal a tratar será la responsabilidad de los obispos en su tarea pastoral, espiritual y jurídica y en las jornadas posteriores se abordará sobre todo la "rendición de cuentas" y se discutirá las soluciones que deben adoptarse de acuerdo con el Derecho Canónico, para concluir con el compromiso de transparencia en los procedimientos internos de la Iglesia.

Durante los días de reunión, se presentarán tres exposiciones diarias, tres de ellas por mujeres, dos laicas y una religiosa, a las que seguirán preguntas y respuestas por la mañana y trabajos de grupo por las tardes. Además, habrá lugar para testimonios de víctimas y momentos de oración en apertura y cierre de las jornadas.

Tanto el papa como los organizadores han reiterado que hay que reducir las expectativas sobre la cita, pues el problema no se acaba en estos días. Uno de los miembros del comité organizador, el cardenal y arzobispo de Chicago, Blase J. Cupich, señaló durante la presentación de la cumbre que lo que se espera es "nuevo albor en lo que respecta a la transparencia".

En las horas previas a la reunión, también surgió el asunto de la homosexualidad en los clérigos, ya que la mayoría de los abusados son varones, pero diferentes eclesiásticos como Cupich rechazaron completamente esta explicación.

Durante las jornadas, habrá dos momentos en los que las víctimas podrán ser escuchadas: se emitirá un vídeo con el testimonio de cinco de ellas al inicio y, en cada uno de los momentos de oración vespertina, uno de ellos presentará su testimonio.

Falta de un plan concreto

Varias víctimas que se reunieron este miércoles con los organizadores del encuentro señalaron después que el evento debe derivar en acciones concretas.

El investigador del papa y arzobispo de Malta, Charles Scicluna, recibió a un total de once "supervivientes" de abusos sexuales y al periodista peruano que destapó el escándalo del Sodalicio, Pedro Salinas.

Se reunieron en el Instituto Agustiniano, junto a la columnata de San Pedro, durante algo más de dos horas, en un clima cordial pero a veces tenso, según relataron a su salida ante una multitud de periodistas, muchos enviados a Roma para cubrir esta cumbre.

Uno de los integrantes del grupo de víctimas era el español Miguel Hurtado, quien denunció los abusos que sufrió por parte de un monje del monasterio catalán de Montserrat y su encubrimiento y que salió de la reunión "decepcionado" por la falta de concreción.

"Ha sido una reunión honesta, pero me voy decepcionado, porque no me han presentado un proyecto concreto para luchar con esta pandemia global", lamentó, visiblemente irritado.

Hurtado, de 36 años, reconoció que, en cualquier caso, la Iglesia les ha escuchado y que durante el encuentro, dijo, "las víctimas no nos hemos mordido la lengua".

"Se acabó el tiempo de las palabras, es hora de acciones contundentes", señaló, para después reclamar un "plan de acción global, creíble, con calendario", y "medidas específicas" con "un régimen sancionador para los obispos que no lo cumplan".

"Hacen falta cambios, como extender los plazos de prescripción en los delitos de pederastia, reformar la ley canónica para eliminar el secreto pontificio y establecer la tolerancia cero para todo el mundo: si tocas a un niño una vez, te vas a la calle", detalló.