Berenice Abbott. Autorretrato, distorsión, ca. 1930
La exposición formada por casi doscientas fotografías. Berenice Abbott. Autorretrato, distorsión, ca. 1930. Courtesy Howard Greenberg Gallery © Getty Images/Berenice Abbott BERENICE ABBOTT

"Hacer el retrato de una ciudad es el trabajo de una vida y ninguna foto es suficiente, porque la ciudad está cambiando siempre. Todo lo que hay en la ciudad es parte de su historia: su cuerpo físico de ladrillo, piedra, acero, vidrio, madera, como su sangre vital de hombres y mujeres que viven y respiran. Las calles, los paisajes, la tragedia, la comedia, la pobreza, la riqueza...". Estas palabras de Berenice Abbott (Springfield, Ohio, 1898 - Monson, Maine, 1991) resumen a la perfección la esencia de una fotógrafa que basó su proyecto de vida en documentar el mundo que la rodeaba.

Su trabajo es el protagonista absoluto de Berenice Abbott. Retratos de la modernidad, la exposición con la que la Fundación Mapfre de Barcelona inaugura su programación este 2019 y que explora la trayectoria de una de las fotógrafas más modernas de la primera mitad del siglo XX.

Con apenas veinte años llega a Nueva York y se instala en el Greenwich Village, donde entra en contacto con artistas e intelectuales como Marcel Duchamp. Tres años después da el salto a París, donde empieza a trabajar como ayudante en el estudio de Man Ray y gracias al cual descubre su vocación fotográfica.

Allí topó también con otro fotógrafo que le marcaría de por vida: Eugène Atget. Durante treinta años, éste había había documentado la vida en París, su archivo sobre la ciudad llegaría a alcanzar las 4.000 imágenes. Abbott quedaría totalmente fascinada por su trabajo y tras su muerte en 1927 adquiriría todo su archivo personal.

A su regreso a Nueva York en 1929 e inspirándose en el trabajo de Atget, la artista inicia su propio proyecto sobre la ciudad de los rascacielos. Desarrolla este proyecto de forma independiente hasta que, en 1935, logra financiarlo con ayuda del programa Federal Aret Project. En 1939 las imágenes serán publicadas en un libro Changing New York, que se convertiría en un rotundo éxito.

"Contempla Nueva York como una gran dama que va desde el cielo al suelo, desde las alturas aprovechando la construcción de muchos de los rascacielos, hasta el nivel más bajo, donde retrata panaderías, queserías, peluquerías, quincallerías, parados, vagabundos, la Bolsa, aparcamientos o puentes", explica la comisaria de la exposición Estrella de Diego. En su búsqueda de la modernidad Abbott supo extraer todo el jugo que le ofrecía la inmensa urbe, retratando sus impactantes rascacielos pero también sus barrios marginales y la realidad de sus habitantes más desfavorecidos. En homenaje a su maestro, once instantáneas de Atget se incluyen en este recorrido.

La exposición, formada por casi doscientas fotografías, se completa con otras dos importantes secciones. La primera de ellas dedicada a los retratos de los artistas e intelectuales que marcaron aquella época y con los que Abbott se relacionó: Cocteau, André Gide, Hopper, Joyce... Especial relevancia tienen los retratos de algunas mujeres que, como ella, vivieron al margen de las convenciones de la época como la periodista Janet Flanner o la mecenas Peggy Guggenheim. Por otro lado, las fotografías de experimentos y fenómenos científicos, en las que empezó a trabajar a finales de los años cincuenta y que formaron parte del Physical Science Study Committee del Massachusetts Institute of Technology.

Y aunque para Abbott la fotografía era el vehículo por excelencia para documentar la realidad y siempre huyó de los artificios - "es el medio adecuado para recrear el ahora, el mundo vivo de nuestros días, no es un cuadro bonito", solía decir - sus imágenes son el resultado de un exquisito trabajo de imaginación y creatividad.

 La muestra, que podrá verse en la Casa Garriga Nogués hasta el 19 de mayo, llegará en el mes de junio a Madrid.