Hyla Molleri, la ranita de San Antonio
Hyla Molleri, la ranita de San Antonio Paulo Brandao / Wikimedia Commons

Los anfibios constituyen una clase particularmente delicada de animales. Son especialmente sensibles a todo tipo de cambios ambientales, lo que ha provocado un dramático descenso de su población mundial desde los años 80, por la coincidencia de una serie de factores (cambio climático, destrucción de su hábitat, introducción de especies invasoras, incremento de radiación UV-B, presencia de contaminantes químicos) que, casi en su totalidad, hemos provocado los humanos.

Sin embargo, mucho antes de que la especie humana se convirtiese en la amenaza ecológica que hoy constituye, los anfibios ya se enfrentaron a eventos que diezmaron su población: las glaciaciones. Esta clase de animales, por su ectotermia (sangre fría), su piel permeable y su modo de vida semiterrestre, sufre seriamente las consecuencias del frío, lo que explica que, como regla general, la diversidad genética de las poblaciones de anfibios en las zonas más afectadas por las últimas glaciaciones sea mucho menor que en aquellas zonas en los que el clima mantuvo condiciones más benignas.

En la Península Ibérica, sin embargo, tenemos una clara excepción a la regla. La ranita de San Antonio (Hyla molleri) es una especie extendida por todo el territorio, desde las costas cantábrica y atlántica, a nivel del mar, hasta cotas superiores a los 2000 metros de altura en el sistema central. Mientras otros anfibios ibéricos, como el gallipato (Pleurodeles waltl) o el sapo de espuelas (Pelobates cultripes) cuentan con un acerbo genético muy limitado en el norte de España y Portugal, este pequeño anuro cuenta con un buen número de endemismos en el mismo área, comparable a las poblaciones del sur.

Tolerancia al frío y capacidad de dispersión

Según un estudio llevado a cabo por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y la Universidad de Évora (Portugal), el mismo que ha descubierto esta pervivencia de la ranita de San Antonio pese a las glaciaciones, las herramientes que permitieron a este animal sobrevivir fueron una mayor tolerancia al frío de lo habitual, unido a su capacidad migratoria.

No sería el primer paso conocido de una especie de anfibio especialmente resistente al frío; se ha observado que numerosas especies pueden sortearlo empleando hábitos particulares de brumación (refugiándose, normalmente, en zonas con fuentes de calor natural, como puede ser materia vegetal en descomposición) intercalados con breves períodos de actividad para hidratarse. Incluso, en Alaska y Canadá, se conoce una especie de rana (Lithobates sylvaticus) que posee la capacidad única de congelarse y "regresar a la vida" al descongelarse.

Por otro lado, a diferencia de muchas otras especies anfibias, que desarrollan la totalidad de su ciclo vital dentro de unos pocos kilómetros (o menos) y no pueden abandonar su hábitat cuando las condiciones se tornan adversas, la ranita de San Antonio pudo colonizar nuevas zonas más favorables, garantizando la pervivencia de sus poblaciones.

Amenazas actuales

Pese a sus sorprendentes capacidades, Hyla Molleri aparece recogida en el Atlas y libro rojo de los anfibios y reptiles de España como especie "casi amenazada", a causa del preocupante descenso observado en sus poblaciones. En este caso, son, de nuevo, alteraciones provocadas por la actividad humana las que ponen en peligro a la especie: principalmente, el aumento de las sequías y la presencia de contaminantes agro-químicos en sus aguas.