Fátima es la cara más dramática de la guerra que azota Yemen. A sus 12 años ha conmovido al mundo por su extrema delgadez, un estado físico que encierra una vida plagada de calamidades.

Junto a su padre y sus diez hermanos, Fátima tuvo que dejarlo todo huyendo de los incesantes bombardeos. Ahora no tiene más consuelo que vivir bajo un árbol, de la caridad de sus vecinos. A su hermana se le agotan las esperanzas, cree que no tienen futuro.

Fátima recibe tratamiento en una clínica que atiende a personas malnutridas, pero están desbordados. Cada vez que miden su peso las agujas de la báscula se estremecen: apenas llega a los 10 kilos.

Yemen es uno de los países más castigados por conflictos armados que afectan a decenas de miles de niños. En los últimos tres años, más de 85.000 menores han fallecido por consecuencias indirectas de la guerra como la desnutrición, las enfermedades y la falta de atención sanitaria.

Una cruda realidad de la que tampoco se libran cerca de diez millones de yemeníes, todos al borde de la hambruna, esperando un alto el fuego que no llega.