Paca Tricio
Paca Tricio, presidenta de la Unión Democrática de Pensionistas y autora del libro 'La rebelión de los mayores'. JORGE PARÍS

Enérgica. Directa. Luchadora. Y con las ideas muy claras. Una mujer que no se deja ningún tema en el tintero. Así es, y según cuenta, ha sido siempre, Paca Tricio, presidenta de la Unión Democrática de Pensionistas (UDP) y autora de La rebelión de los mayores (Ediciones Península), un libro que surgió para hablar de pensiones, pero que se acabó convirtiendo en un alegato a favor de un colectivo que representa casi el 20% de la población, con cerca de nueve millones de personas con más de 65 años. En él, Tricio también se dirige a los jóvenes, a quienes pide que se acerquen a sus mayores y les anima a elevar el tono de la protesta.

Nació en Barcelona (1946), tiene dos hijas y tres nietos y cuenta que al amor de su vida no conoció superados los cincuenta. Fue gerente de la empresa de su padre, tras lo que creó una filial. En una visita al colegio de las niñas conoció el movimiento asociativo y ya no pudo dejarlo. De aquello hace 40 años, durante los que ha participado en multitud de colectivos sociales.

¿Por qué escribe el libro?
El libro se escribe en el momento en el que los pensionistas recibimos una carta de la señora [Fátima] Báñez diciéndonos que nos iban a subir la pensión un 0,25% y que debíamos estar muy contentos. Hubo quien rompió y quemó las cartas, otros la devolvimos diciendo que era indigno. Hay pensiones muy pocos dignas. Han llevado a pensionistas mayores a la ruina y a viudas, por debajo del umbral de la pobreza. ¿Y encima les decís que no se quejen del 0,25%? Me pareció una falta de respeto absoluta. La gente se enfadó mucho, salió a la calle y ahí están.

Se siguen manifestando.
Sí, porque además pedimos más cosas que las pensiones. Empecé el libro sin pensar que iba a ir más allá del dinero. Pero luego me pareció que sería muy corto si solo hablase de dinero. Todo lo que trato tiene un contexto de quiebra de derechos de las personas mayores.  

¿Qué otras reivindicaciones plantea?
Hablo de malos tratos, de abuelos esclavos, de que nos sentimos ignorados y ninguneados, de la soledad, de que el sexo no se acaba a los 65...

Y del edadismo.
Sí, de la discriminación que nadie habla. Y ahí pongo como ejemplo el caso de un amigo de 85 años que fue al médico porque le dolía la rodilla derecha y este, con un insultante tono de condescendencia, le dijo que su problema se llamaba edad. Mi amigo le respondió con ironía que cómo explicaba entonces que la rodilla izquierda tuviera los mismos años y no le doliera. Es una falta de respeto. La vida hay que vivirla hasta el último momento. A los mayores nos interesa todo. Yo ya no quiero un teléfono que no sea iPhone y tengo Twitter. No hay cosa que más nos moleste, a mí desde luego muchísimo, que el hecho de que nos digan ‘esto no es de tu tiempo’. Tengo otros pero este también es mi tiempo.  

¿Es partidaria de aumentar la edad de jubilación?
Yo me jubilé con 70 años. Hay profesiones muy físicas en las que es imposible pero hay otras en las que teniendo la cabeza bien se puede continuar. Lo que no se pueden poner, en una situación tan importante como la que tenemos, son parches. Tendrán que mirarse un conjunto de cosas. Tendrán que ver primero si es posible, que lo es, que carguen más impuestos a los multimillonarios porque pagan menos en proporción que cualquiera de nosotros. Y deberían devolver con intereses de mercado lo que sacaron de la caja de las pensiones para dedicarlo a otras cuestiones. Así tendríamos pensiones dignas.

¿Corren peligro las pensiones?
Los mayores no vamos a movernos de la calle hasta que estén garantizadas las pensiones de los jóvenes. El problema es que en unos pocos años va a llegar la generación del baby boom.

En el libro también se dirige a los jóvenes.
Sí, hay un alegato al mayor, que tiene mucho por vivir y una carta a un joven de hoy, al que si tuviera que darle un consejo le diría que no pase por la vida sin hacer ruido. A mí no me satisface nada que no sea que mi pensión no pierda poder adquisitivo pero tampoco que a mis nietos, a mis hijos, a mis amigos los jóvenes los tengan con sueldos indignos y, lo que es peor, la temporalidad escasísima. Así no podrán llegar nunca a una pensión competitiva. No lo podrán hacer como no cambie la reforma laboral que les castró absolutamente las posibilidades de vivir dignamente. Como no se arregle la situación nos vamos a encontrar con más de tres cuartas partes de la población española en el umbral de la pobreza. Cuando un país tiene a sus jóvenes sin poder formar una familia, sin poder a veces ni alquilar un piso… cogen los bártulos y vuelven a casa de los padres. Es lo que hemos hecho durante la crisis los mayores, que tampoco se reconoce. Se ha logrado que chavales independientes se conviertan en dependientes y eso es una ignominia para ellos.

¿Los jóvenes son inmovilistas?
No me atrevería a decirlo porque es una palabra muy fea. Sí es cierto que están despistados porque nos acercamos poco y nos tienen que conocer. Las relaciones intergeneracionales son maravillosas. Nosotros tenemos una mochila a la espalda, cuando hemos fracasado hemos sabido cómo levantarnos, y podemos enseñárselo.

¿La brecha generacional es mayor que antes?
No es fácil. Creo que a veces los jóvenes no nos ven. Ese ejemplo de que el mayor no tiene casi vida, que lo único que hace es gastar pensiones, no dejarles hacer cosas, o pedirles explicacaciones... configura una imagen distorsionada. Claro que hay mayores insoportables, como hay jóvenes insoportables. Pero la gente mayor suele ser muy cariñosa y comprende perfectamente a los jóvenes porque les estamos amparando constantemente. Cuando mis nietos tienen que decirles algo a sus padres a la primera que recurren es a mí.

¿Cómo le gustaría que fuera el país en el que ellos serán mayores?
Distinto. Les vamos a dejar un mundo horrible. Mi generación ha tenido un aprendizaje. Antes cuando hablábamos de toros nos parecía bien, mis padres fueron cazadores y jamás se me ocurrió pensar que estaban matando a nadie... Ahora soy consciente pero antes era así. No se puede juzgar lo de entonces con la visión de ahora y con descarnamiento. Todo aquello los jóvenes no lo tienen. Yo creo que tienen unos valores, con los que han nacido y se han criado, que les van a permitir cambiar las cosas.