Antonio, en su habitación
Antonio, en su habitación, con una de sus creaciones. FAMILIA DE ANTONIO

En la actualidad, la programación está muy ligada a la creación de aplicaciones informáticas y videojuegos. Antonio García, de 11 años, lo sabe bien porque lleva desde los seis programando todo tipo de actividades interactivas.

Este joven genio vive en en Villanubla, un pequeño municipio de Valladolid con alrededor de los 2.600 habitantes y empezó sus andaduras en el mundo de la programación gracias a un evento organizado por la Universidad de Valladolid destinado para padres e hijos.

Antonio no dudó en ir al taller de programación porque siempre ha tenido curiosidad por cómo están hechas las cosas. "Me pregunté cómo estaban hechos los videojuegos a los que jugaba, vimos que había un evento en la universidad para aprender a programar y nos apuntamos", cuenta.

Desde entonces, este joven de tan solo once años se enganchó a la programación y se ha dedicado los últimos años a utilizarla para mejorar la vida de sus compañeros de clase y sus amigos.

"Programando puedes crear lo que sea. Yo decidí hacer videojuegos para aprender los contenidos de clase y aprender de forma más divertida los temarios del colegio", explica Antonio. "A todos les encantaba".

Llevar la programación a las aulas

Antonio considera que la programación es importante para "poder entender cómo funcionan las cosas que dependen de la robótica" y tiene claro que en el futuro "todo va a girar entorno a eso". "Si lo aprendes desde pequeño, cuando estás en el instituto ya puedes meterte a un lenguaje de programación más complejo y lo aprendes todo pronto", detalla.

Para él, la mejor edad para empezar a programar son los ocho años porque "te permite adquirir los conocimientos más difíciles a una edad a la que ya estás preparado para ellos".

Antonio y su hermana Noelia

Su madre, orgullosa de las grandes cosas que está consiguiendo su pequeño, está convencida que la robótica debería incluirse en las aulas desde Primaria. Su hijo y sus compañeros del Club de Programación de El Páramo de Villanubla (fundado por Antonio y su hermana), son ejemplo de que los niños a esa edad son suficientemente capaces de desarrollar ese tipo de actividades y además aprender otros conocimientos de forma anticipada.

"Aprendí qué son los grados antes de darlo en el colegio, porque lo necesitaba para programar. No me resultó difícil", cuenta Antonio, que explica además que lo entendió con facilidad porque estaba haciendo algo que le gustaba. "Se debería dar como asignatura escolar porque te sirve para desarrollar el pensamiento lógico", añade.

El club fundado por los hermanos García empezó con algunos compañeros de la clase de Antonio, pero ahora ya son 54 alumnos apuntados, con edades de entre los seis y los quince años.

Además de programar, Antonio ha participado en diferentes charlas relacionadas con el mundo de la programación. Su interés por transmitir sus ventajas le llevó a ser uno de los participantes de 'la clase de software con más alumnos del mundo', que aunó a 585 personas y que logró batir el primer Récord Guinness del ámbito tecnológico en España.

Su primera conferencia la hizo con ocho años después de mandar un vídeo a TEDx Talks (los organizadores) donde explicaba lo que hacía. "Les gustó mucho, a parte de por lo pequeño que era, y fui a intentar motivar a más niños a que se animen a programar", contó Antonio.

De mayor, inventor

El primer videojuego que creó consistía en identificar los huesos del cuerpo humano. "Aparecía un esqueleto con huesos señalados con números y tenías que poner cual era", explica Antonio, que confiesa que lo hizo junto a un amigo suyo del curso "un poco más mayor que él".

Sin embargo, ahora el joven de once años lo hace todo el solo: "Hace poco hice un vídeo tutorial para crear una aplicación en el que enseñaba un tres en raya que te podías instalar en el móvil. También he hecho más juegos para clase, sobre el Camino de Santiago, de minerales... En uno tenían que controlar con un joystick un avión para que aterrizase bien".

Antonio es un apasionado del fútbol. En su tiempo libre, los días que hace buen tiempo, sale a jugar con sus amigos al parque, pero tiene claro lo que quiere ser de mayor (y no, no es futbolista), quiere ser inventor.

"Me quiero dedicar a hacer inventos relacionados con la programación. Tengo un proyecto pensado para acabar con la contaminación, pero hasta entonces necesitaré más conocimientos de física, química y algunas cosas más", afirma manteniendo en secreto los detalles sobre su idea para proteger el medio ambiente.