Marcos, en lo alto de su casa a cuatro ruedas
Marcos, en lo alto de su casa a cuatro ruedas. NOMAD CAMPERS

Marcos decidió cambiar su vida hace cuatro años, cuando convirtió una camper en su nuevo hogar. Su dirección está ahora en Francia, pero antes estuvo en Eslovenia, Croacia, Italia o Austria; hoy dirige Nomad Campers, empresa dedicada al diseño de este tipo de vehículos.

Desde su casa sobre ruedas, anima a dar el paso a todos aquellos que se planteen un cambio de aires. Así es su inspiradora historia.

¿Qué te llevó a tomar esta decisión?

Es una historia que en un principio veía como una desgracia, pero que se ha convertido en la mejor experiencia de mi vida. En 2014 era trabajador del servicio sanitario del 112, y me acabé hastiando. Un día, me armé de valor y decidí que era hora de hacer eso que llevaba dentro y que no dejaba de moverse dentro de mí. Así que me até la manta a la cabeza y me puse a buscar cómo vivir en el extranjero. El único requisito era que no entendiese lo que decía la gente, además de poder seguir siendo útil para las personas que estuviesen en ese sitio. Ahí empezó la aventura.

¿Dónde te has establecido durante este tiempo?

Hasta el año pasado no había echado raíces en ningún lado: pasé por Hungría, Eslovenia, Croacia, Bosnia, Italia, República Checa y Austria. A día de hoy estoy en Francia, porque llevo un tiempo felizmente casado con una chica francesa a la que conocí al principio de esta aventura. La vida nómada no se nos ha dado nada mal a ninguno de los dos.

¿Cómo es el día a día desde una camper?

La vida del día a día, lejos de lo que se puede pensar, no es muy diferente a la de una casa. Solo hay que ser un poco más organizado. Al vivir en un sitio tan pequeño tienes muy pocas cosas materiales y aprendes a vivir con lo estrictamente necesario.

Desayunar, por ejemplo, lleva un poco más de tiempo de lo normal: vivir en un lugar modular te hace ser más organizado, ya que tienes que decidir qué comerte antes de poner la mesa en su sitio, porque si no tendrás que desmontarla. Luego friego y me ducho (¡sí, tengo ducha!).

Luego toca trabajar, algo que depende del lugar en el que esté. Ahí viene una de las mejores cosas de vivir en una camper: es más barato. Por lo tanto, no necesitas trabajar ocho o diez horas al día; basta con hacerlo hasta la hora de comer. Después, estoy libre para marcharme al monte si hace bueno, o a la ciudad a conocer sitios, tomar algo o conocer gente. Si hace malo, quedan mil cosas que hacer: ver una película en el ordenador, leer o jugar a juegos de mesa.

¿Cómo se relacionan tu trabajo y tu modo de vida?

Actualmente mi trabajo y mi modo de vida están muy relacionados. Estaba un poco cansado de trabajos que no me llenaban, así que me di cuenta de que, igual que había construido una camper, podía hacer dos, tres o cuatro. Así que monté una empresa, Nomad Campers, a los pies del Pirineo francés, en la que nos dedicamos a hacer campers a medida.

¿Cómo se gestionan los gastos? ¿Cuáles son los principales?

Me encantaría viajar sin mirar cuánto cuesta todo, pero desgraciadamente no puedo. El principal gasto de este modo de vida es, sin duda alguna, el combustible, aunque hay gente que está bastante asentada y gasta menos. Mis ganas de moverme también han llevado a averías; por muy nuevo que sea un vehículo, cuando haces bastantes kilómetros tarde o temprano se termina rompiendo algo, sobre todo en el motor. Además, hay que tener un buen seguro antirrobos. A partir de ahí, son gastos típicos: la comida, algo que también tienen las casas tradicionales, o el ocio, entradas a museos o al cine.

El lado positivo es que no tenemos gastos en electricidad, porque funcionamos con paneles solares y batería. Tenemos gas para la cocina, pero el gasto es mínimo, como también lo es el del agua, así que no lo tenemos en cuenta.

¿Cuáles son las ventajas y las desventajas de vivir viajando?

Una de las mayores ventajas es que limpias la casa en media hora (risas). Además, si algún día no te gustan tus vecinos, arrancas y te vas a vivir a otro sitio. Si llueve y no quieres ver llover, te vas a buscar el sol. No son todo ventajas, pero sí que existen muchas.

En el lado malo tienes que ser más organizado, tener menos objetos… pero a cambio tienes un jardín muy grande, o una casa en primera línea de playa.

¿Conoces más casos como el tuyo?

¡Claro! Somos muchos los que nos hemos ido de casa para coger una moto o una caravana, tres o cuatro mochilas y dar la vuelta al mundo. Ahora mismo te puedes conocer por redes como Instagram, YouTube o Facebook.

De hecho, esta vida nómada está de moda. Hay muchísima gente que quiere hacer algo así y no sabe cómo enfocarlo, quizá por el miedo a fracasar. Toda esa gente que hemos conocido es gente que al final se ha atrevido a ser más fuerte que sus miedos. Recorrer el mundo, Europa, la ruta de la Seda, América… o incluso vivir en el jardín de tu casa. Al final, todo consiste en escapar de la rutina.