En los años veinte, Man Ray (Filadelfia, 1890 - París, 1976) compró un metrónomo a cuyo péndulo le añadió la fotografía de un ojo. La escultura surrealista fue bautizada como Objeto para ser destruido. Una década despúes, destrozado tras su ruptura con la famosa fotógrafa y periodista Lee Miller (quien fue su asistente y, posteriormente, su amante y musa), el artista sustituyó ese ojo anómimo por el ojo de su ex pareja y rebautizó la obra como Objeto de destrucción. Para describir su obsesión con el amor perdido escribió, además, unas instrucciones de uso: "Coloca en el péndulo de un metrónomo el ojo de la persona amada a la que ya no volverás a ver / Pon en marcha el metrónomo hasta el límite de tu resistencia / Con un martillo, intenta destruirlo de un solo golpe".

Siguiendo los postulados del surrealismo y de su colega Marcel Duchamp, Ray convertía lo cotidiano en obra de arte, o lo que es lo mismo, creaba un readymade a partir de objetos supuestamente banales u ordinarios. Sus objets trouvés (objetos encontrados) eran seleccionados por el artista por su atracción emotiva y con ellos creaba poesía despojándoles de su función primigenia y rebautizándolos como objets de mon affection (objetos de mi afecto).

Algunos de estos objetos (25 piezas) acompañados de una nutrida selección de fotografías del autor dan forma ahora a la exposición Man Ray. Objetos de ensueño. Una muestra que reúne 107 obras procedentes de diversas colecciones privadas españolas y europeas y puede visitarse hasta el 21 de abril en la Fundación Canal de Madrid.

Esta suma de objetos e imágenes nos aproxima a la inquieta y compleja personalidad de un pintor que encontró en la fotografía el vehículo perfecto para expresarse libremente y que, a su vez, revolucionó el medio liberándolo de corsés. No hay que olvidar que Ray fue uno de los primeros en abandonar la función meramente documental de la cámara para apostar por la fotografía creativa, la experimentación y la ensoñación más surrealista.

Dividida en siete secciones, la exposición suma además el original diseño realizado por el estudio de Gabriel Corchero, que evoca en el visitante el universo onírico del artista (juegos simétricos en la composición, suelos simulando baldosas blancas y negras en movimiento casi psicodélico, fotografías retroiluminadas en tonos azules...).

En la primera de ellas, titulada Amigos, retratos y autorretratos encontramos instantáneas de algunos de los personajes más relevantes de la cultura de la época con los que Ray mantuvo una estrecha relación de amistad como Picasso, Marcel Duchamp, André Breton, Gertrude Stein, André Derain o Jean Cocteau. También se muestran autorretratos en los que disfrutaba posando con algunos de sus objetos predilectos - su pipa, su cámara, obras de arte africano o sus propias pinturas y objetos de su creación- y se incluye uno de sus trabajos más impactantes, el retrato post morten que le hizo al escritor Marcel Proust.

A continuación, el plato fuerte de la muestra: Objetos de ensueño que reúne esos 25 objetos y otras tantas fotografías de objetos, hechas por él mismo no presentes en la exposición (excepto uno de ellos). Definido por Breton como "el gran escrutador de la decoración de la vida cotidiana", aquí encontramos piezas como Lampshade/Pantalla (1921) que convierte una espiral de papel en una lámpara, o Cadeau (1921/1974), una plancha con púas de hierro que Ray regaló al compositor Satie.

La tercera sección está dedicada a sus revolucionarios 'rayogramas' o fotografías sin cámara, que consistían en registrar la silueta de pequeños objetos cotidianos que tenía en su cuarto oscuro - fósforos, plumas, lápices...- o en la cocina -unas tijeras o una cuerda- directamente sobre el papel fotosensible por medio de la incidencia aleatoria de la luz. Muchos de ellos los reuniría en un álbum Los campos deliciosos, con prólogo de Tristan Tzara.

Mujeres y Venus habla de la mujer como objeto de deseo. Los desnudos fueron una fuente inspiración inagotable para Man Ray, para los que contó con la inestimable colaboración de sus musas: la bailarina Ady, Lee Miller o Meret Oppenheim. Un apartado propio merece también su idílica amistad con Marcel Duchamp. Máquinas poéticas reúne algunas de las fotografías con las que documentó las obras de arte de su amigo o su alter ego femenino Rrose Sélavy. También se incluye la pieza Anemic Cinema, dirigida por ambos.

En La realidad inquietante de los maniquíes contemplamos una serie de maniquíes intervenidos por artistas como Dalí, Joan Miró o Max Ernst para la Exposición Internacional de Surrealismo organizada por la Galería de Beaux Arts de París en 1938, que Ray inmortalizó con su cámara; y, por último, en El azar y la mente: el ajedrez, los tableros y piezas que él mismo diseñó para este juego que fascinó a los surrealistas.