Las fuerzas del este de Libia toman un yacimiento petrolero clave

  • Las milicias del mariscal Hafter se han hecho con el control de Sharara, vital para el Gobierno de Trípoli.
  • El yacimiento genera 300.000 barriles diarios y está explotado por empresas extranjeras como Repsol.
  • En Libia conviven dos focos de poder: Hafter en el este, y el ejecutivo que apoya la ONU, en la capital.
El yacimiento petrolero de Sharara, en Libia, en una imagen de archivo.
El yacimiento petrolero de Sharara, en Libia, en una imagen de archivo.
Javier Blas / Wikimedia Commons

Milicias leales al mariscal Jalifa Hafter, hombre fuerte del este de Libia, tomaron este miércoles el control del yacimiento petrolero de Sharara, vital para el suministro energético del oeste y el aérea controlada por el gobierno sostenido por la ONU en Trípoli, informaron fuentes de seguridad.

Según un portavoz en la ciudad vecina de Ubari, unidades de las brigadas 30 y 177 de la "Operación Karama", fundada por Hafter en Bengasi en 2014, arrebataron por la mañana el control de este yacimiento, que genera 300.000 barriles diarios y está explotado por compañías extranjeras como la española Repsol.

"Las fuerzas entraron en el yacimiento y expulsaron a las tribus locales y a las milicias" afines al gobierno en Trípoli, añadió la fuiente, por lo que, de confirmarse, pierde así uno de sus principales puntos de financiación. Además, supondría que Hafter controla ya todas las instalaciones petroleras de Libia, tanto en el este como en el oeste del país.

La noticia se conoció pocas horas después de que el referido Ejecutivo tutelado por la ONU anunciara que había enviado una fuerza militar al sur del país para proteger este yacimiento petrolero, como revelaron a Efe fuentes de seguridad.

De acuerdo con su relato, la fuerza se desplazó bajo el mando del coronel Idris Boukhamada, vinculado a la controvertida milicia Guardia de Protección de las Instalaciones Petroleras, rival del gobierno que tutela en el este el mariscal Jalifa Hafter.

"La fuerza ha llegado a la aldea de Adri en el sur y continuará su camino hacia el campo petrolero de Sharara para ayudar a la fuerza que vigila esta instalación", vital para el oeste de Libia, precisó la fuente.

Escalada de violencia

La decisión coincide con una escalada de la violencia en el sur, escenario desde hace dos semanas de cruentos combates entre grupos paramilitares procedentes de Chad, organizaciones yihadistas y milicias de Hafter.

En un comunicado enviado a los medios, el líder del Gobierno sostenido por la ONU criticó este miércoles con dureza la operación militar lanzada por Hafter, al que responsabilizó de la inestabilidad del sur y de las pérdidas en la producción petrolera en Sharara, que calculó en más de mil millones de euros.

Al Serraj, que lidera el llamado Ejecutivo de Acuerdo Nacional desde que este fuera creado por la ONU en 2016, denunció el bombardeo aéreo de la localidad de Marzuk, próxima a Sebha, capital del sur de Libia, y el ataque a posiciones civiles. "Exigimos el cese inmediato de los combates en el sur para poder preservar la paz y evitar el derramamiento de sangre", subrayó.

"Hay que unir y coordinar esfuerzos con un trabajo bien estudiado, organizado e integral. Lo que ocurre en el sur no puede convertirse en un ajuste de cuentas políticas o en la puerta de entrada a la sedición división social y cultural", advirtió.

Al Serraj se reunió el martes en Trípoli con el Consejo de Estado Mayor de las tres regiones militares que domina, con los que estudió los últimos avances en la situación militar y de seguridad actual en el país.

Estado fallido

Libia es un Estado fallido, víctima del caos y la guerra civil, desde que en 2011 la comunidad internacional contribuyera a la victoria militar de las diferentes facciones rebeldes sobre la dictadura de Muamar al Gadafi.

En la actualidad tiene dos focos de poder, uno liderado por el Hafter en el este del país y otro restringido a Trípoli que dirige Al Serraj y al que sostienen la ONU y la Unión Europea.

A ellos se suman el poder de las ciudades estado de Zintán y Misrata, cientos de milicias locales, grupos yihadistas de diferente ideología y numerosas redes de contrabando de personas, combustible, armas e incluso alimentos, que definen y controlan la economía del país.

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