Amelia Tiganus
Amelia Tiganus, exprostituta y activista. JORGE PARÍS

Aún hoy (y eso que han pasado 12 años) Amelia Tiganus recuerda cómo caían "las gotas de sudor" de un cliente sobre ella. Jadeos, olores, luces... Son pequeños flashbacks que le transportan a un pasado imborrable, independientemente de los años que pasen: cuando fue víctima de la trata y de la explotación sexual.

"Los prostíbulos son como campos de concentración en los que pierdes la identidad, te anulan", cuenta a 20minutos esta rumana de 35 años antes de acudir como ponente a la conferencia Avances y retos de futuro en la lucha contra la trata y explotación sexual de mujeres y niñas, que reúne este martes en Madrid a diferentes supervivientes.

Todas buscan lo mismo: que se penalicen todas las formas de proxenetismo y que su lucha no caiga en el olvido, sobre todo con unas elecciones autonómicas a la vuelta de la esquina. "Hablar de la prostitución es impostergable. España está en el punto de mira de los proxenetas porque se ha convertido en un destino de turismo sexual", sostiene cuando se cumplen 30 años de la Coalición contra la Trata de Mujeres. Se estima que en torno al 39,6% de los hombres españoles consumen o demandan este servicio.

La experiencia de Amelia es similar a la del resto de víctimas, cuyo perfil desgrana Sara Vicente, abogada y miembro de la Comisión para la investigación de malos tratos. "Son mujeres jóvenes, incluso menores de edad, que son engañadas con falsas promesas y están en situaciones de extrema vulnerabilidad". Eso es precisamente lo que le ocurrió a Amelia. Hija de una familia de clase obrera con carencias afectivas, soñaba con ser profesora o médico. Su deseo, sin embargo, se truncó a los 13 años, cuando fue víctima de una agresión sexual múltiple. Fue la primera vez que ocurría, pero no la última.

Con el tiempo, sus violadores se convirtieron en sus captores. "No tenía ni 17 años cuando me vendieron a un proxeneta español por 300 euros. Me prometieron una vida. Mi deuda con él ascendía a los 3.000 euros". Hasta la mayoría de edad se quedó en un piso en el que recibía consejos de proxenetas para ser mejor "puta". Y fue a los 18 cuando desembarcó en un prostíbulo de Alicante y empezó el horror. "La penetración se convierte en un acto de tortura. Te das al alcohol y la cocaína para intentar evadirte".

Una vez dentro fue consciente del funcionamiento de una industria que genera miles de millones. "La puta tiene la puerta abierta para irse, el problema es que saben que sin dinero no te puedes ir. Nos engañaban con los beneficios. Nos obligaban a pagar precios infladísimos por habitaciones en las que estábamos hacinadas. Ponían sanciones por todo y tenías que pagar más". La pescadilla que se muerde la cola.

Para ella, "los proxenetas son expertos en manipulación y chantaje, como cualquier maltratador". "Son maquinarias perfectas de quebrar mujeres. Fabrican putas. Cogen a las que están en situación de vulnerabilidad y han sido víctimas de la violencia sexual y se nos anula, se nos doblega. Se nos deshumaniza. Primero se destruye al ser humano y después llega el periodo de la captación". Amelia, al igual que el resto de sus excompañeras, vivía "con miedo las 24 horas del día". "Miedo por si se quitan el preservativo, por si coges ETS, por si sigue el maltrato... Te planteas el suicidio".

Cinco años después de pasar por más de 40 prostíbulos de España ("Se nos movía cada 21 días porque los clientes no quieren ver los mismos culos siempre"), colapsó y la dejaron marchar. "Ya no era capaz de hacer el papel de puta feliz". Lo hizo de la mano de un cliente a quien prometió sexo gratis a cambio de un techo bajo el que dormir hasta que consiguió un trabajo de camarera. "Salir no es fácil", recuerda de la "mejor decisión" que tomó en la vida.

De aquella etapa que la anuló como persona han pasado ya 12 años, y no fue hasta hace cuatro, gracias a libros sobre "feminismo", cuando fue consciente de que había sido víctima de la trata y de la explotación. Entonces empezó a dar la cara, a pesar de que ninguna mujer quiere que en su vida laboral figure la experiencia como prostituta.

"Todo el mundo piensa que está relacionado con la violencia física, pero no es así. El proxeneta no pega porque el putero quiere mercancía de buena calidad. La violencia se ejerce de otra forma. Al proxeneta se le exime de culpa si la puta lo fue con consentimiento, da igual bajo qué circunstancia aceptara. Eso no puede seguir siendo así. Por eso me río cuando alguien dice que esto es un trabajo. No lo es".

"No hay clientes buenos"

Durante sus años como prostituta, Tiganus dividió en tres categorías a sus clientes. "Está el que quiere una performance romántica, que te hagas pasar por su novia. Son extremadamente narcisistas. Parecen que son los buenos porque nos tratan bien y pagan, pero tienes que soportar sus caricias, sus besos... No puedes evadirte, es insoportable". El segundo grupo lo engloban quienes piden una actitud "ninfómana" y en el tercero están los torturadores. "Disfrutan haciéndote sufrir. Te paralizas. No hay clientes buenos".

Cuatro preguntas a... Sara Vicente, abogada


¿Está obsoleta la legislación en España en materia de prostitución?

Está obsoleta y es ilegal. Actúa en contra de todos los instrumentos internacionales. En España tenemos suscrito el convenio del 49, el de Naciones Unidas, que deberían estar penalizadas todas las formas de proxenetismo y la trata, con independencia de que la mujer quiera o no quiera ejercer la prostitución. Lo tenemos suscrito y sin embargo no se cumple. Tenemos suscrito la CEDAU, y el artículo 6 recomienda que todos los países penalicen todas las formas de explotación sexual contra las mujeres y la trata y tampoco se ha conseguido. Lo que queremos es que se generen instrumentos internacionales que obliguen a los estados a cumplir sus compromisos internacionales. Esto es lo que estamos pidiendo y reivindicando.

¿La legalización de la prostitución agravaría el problema?
En los países donde se ha legalizado (Alemani, Holanda) ha aumentado la trata exponencialmente y también aumentan las víctimas en situación de explotación sexual. Los traficantes y los tratantes se convierten en empresarios, tienen todos los derechos, en contra de los derechos de las mujeres a no sufrir ningún tipo de explotación.

¿Qué podemos aprender de otros países?
En Suecia, que fue el primero que penalizó la demanda y que es lo que reclamamos, las mujeres víctimas de trata son prácticamente inexistentes, la demanda ha disminuido un 80% y la opinión social con respecto a la prostitución ha cambiado totalmente, ya no consideran que sea normal, sino una forma gravísima de violencia contra las mujeres. Esto es lo que falta por hacer.

¿Por qué los políticos dan la espalda?
Porque muchos acuden a los prostíbulos, porque hay una normalización de la prostitución brutal, porque el proxeneta se encarga de vender la imagen de que las mujeres están ahí porque quieren y que sancionar a la demanda perjudica a las mujeres cuando es mentira. También porque las mujeres seguimos siendo sujetos de segunda categoría.

¿Cuáles son los retos?
Conseguir una legislación similar a la sueca, de penalización de la demanda, de protección a las mujeres en situación de prostitución y ofrecerle un trabajo real y no la prostitución como un trabajo.