¿Ha presumido alguna vez de que el pescado malagueño no tiene parangón? Si es así, conviene que no haga patria chica y pregunte antes de dónde procede el género que llega al mercado o al plato de un restaurante.

Un paseo por el central y Mercamálaga, donde compran la mayoría de comerciantes, basta para llenarse el ojo con boquerones italianos, gambas onubenses y sardinas de Castellón.

Además de la disminución de estas tres especies en los caladeros de la provincia, sobre todo de la gamba malagueña, la merluza y la bacaladilla también se suman a la criba de nuestro litoral.

«Se va notando bastante en algunas especies», describe Francisco Pastor, patrón mayor de la Federación de Cofradías de Pescadores, pero es cíclico.

«Ahora le toca a unas y luego a otras. Esas que parece que han desaparecido más tarde se dan en abundancia. Alguna vez han podido pasar tres o cuatro años sin boquerón de ninguna clase y luego tenemos dos muy buenos», matiza.

Pastor confirma que se trae mucho pescado «de fuera», aunque no cree que sea un problema de que haya menguado la flota, que casi llega a 400 barcos. «Antes había 600, pero los de ahora son más potentes y más grandes».

Contaminación

Para el biólogo del Aula del Mar Juan Jesús Martín, los caladeros de la provincia no dan para abastecer la demanda tan fuerte que existe aquí de residentes y turistas. Y las razones que esgrime para que escaseen algunas especies se basan en la «contaminación y, en algunos casos, la sobrepesca», aunque la acuicultura intente contrarrestar.

Es más fresco y, encima, escasea. Estas dos razones propician que dos de las especies más apreciadas de nuestros caladeros puedan costarnos el doble respecto a las de otros litorales.

El boquerón de Málaga valdría entre 6 y 7 euros, mientras que el italiano sólo 3 ó 4. En la gamba, tres tipos: congelada de Marruecos (6 €), fresca de Huelva (hasta 12) y malagueña (de 20 a 30).