La Semana Santa de Málaga es un compendio de religiosidad, cultura, espectáculo, tradición, historia..., pero sobre todo de arte. El arte con mayúsculas que se refleja en la riqueza del patrimonio procesional de las cofradías de la mano de artistas que demuestran que en esta ciudad también se saben hacer las cosas bien.

Frente a los años ochenta, en los que se daba la espalda a los maestros del arte cofrade, ahora parece que esa tendencia pasó a mejor vida, ya que las hermandades apuestan más por los artesanos locales. Este aspecto refuerza de alguna forma nuestras tradiciones con nuevas piezas que dejan huella de la artesanía malagueña, pese a algunos que todavía creen que aquí no se ofrece calidad ni estilo propio y miran a otras provincias.

Y ese trabajo de años convertido en verdaderas joyas, como el nuevo trono de la Virgen de Consolación y Lágrimas de la Sangre (foto), no tiene parangón. Porque la devoción, el estilo, el amor y la dedicación de los autores es incondicional. ¡Ah! Y de manera totalmente artesanal. Ya estamos hartos de escuchar que los verdaderos artistas utilizan máquinas de punto, doran con pistola, copian o dan puntadas industriales.   

Una profesión al servicio de la Semana Mayor cuyos nuevos talentos ya despuntan en algunos de estos oficios, aunque en otros aún no han sabido expresar el sentir artístico-devocional y critican a los veteranos en vez de aportar.