Gonzalo Torrente Ballester
Gonzalo Torrente Ballester fotografiado por Elisa Nuria Cabot, en 1982. ELISA NURIA CABOT

La casa de la infancia de José Miguel Torrente —corrector y editor— era un desorden ordenado. Los libros brotaban de las esquinas como flores valiosas que conviven con su entorno en plena paz y armonía. J. M. Torrente cultivó un gran amor por la literatura, pero no está seguro de si su padre, Gonzalo Torrente Ballester (Ferrol, A Coruña, 1910-Salamanca, 1999), le inculcó de forma intencionada esa pasión por las letras o si la mera presencia de sus volúmenes —que reposaban con naturalidad sobre las mesas, el suelo, las paredes— logró hacer su parte.

Este domingo se cumplen veinte años de la muerte de Torrente Ballester y parece que es un buen momento para leerle. Alianza Editorial lanza una biblioteca de autor de unos de los escritores más únicos de la literatura española del siglo XX, el primer novelista nacional galardonado con el Premio Cervantes (1985), miembro de la Real Academia Española desde 1975 y Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 1982.

La biblioteca incluye títulos como Don Juan, La Isla de los Jacintos (Premio Nacional de Literatura 1981) o Crónica del Rey Pasmado, que se pondrán a la venta el 31 de enero en El Libro de Bolsillo. Además, Alianza publica una edición del vanguardista La saga/fuga de J.B. (Premio de la Crítica 1977), en su colección Alianza Literaturas —que arranca el 21 de febrero—, con un prólogo del ganador del premio Herralde de Novela 2017, Andrés Barba.

También Alfaguara se suma al aniversario con una edición completa, y en un solo tomo —casi tan grande como la Biblia—, de una de sus obras más emblemáticas: Los gozos y las sombras; compuesta, a su vez, por El señor llega, Donde da la vuelta el aire y La Pascua triste.

Para el hijo del escritor, el hecho de que Alianza Editorial reedite las obras de su padre es una buena noticia y un signo de que sus palabras aún siguen interesando. Si J. M. Torrente aprieta las ideas en un esfuerzo por recordar a su padre escribiendo, le resulta complicado. “No era tan fácil verle porque siempre lo hacía en su despacho, en la biblioteca, y era un sitio al que no se podía entrar. Pero, a veces, sí se le veía escribir o corregir”, cuenta.

El padre, el escritor, el académico

La diferencia entre progenitor e hijo era amplia: cincuenta y nueve años separaban a un hombre del otro. Por eso, para J.M. Torrente, la figura física de su padre era más parecida a la de un abuelo. Cuenta que había un momento en el que no sabía lo que significaba la profesión de su padre, porque era muy pequeño. “Luego, cuando ya era consciente de lo que suponía, lo tenía tan metido en la vida cotidiana, que no diferenciaba al escritor del profesor”.

En palabras del mismo Torrente Ballester sus obras intentan “explorar, mediante la palabra, mundos imaginarios”. Como un niño que juega a esconderse, Torrente Ballester correteaba por los límites entre la realidad y la fantasía. “Es un escritor muy fácil de enclavar en una tradición cervantina y costumbrista pero que, al mismo tiempo, lleva esa literatura a un lugar mágico, imprevisible y totalmente desmesurado”, explica Andrés Barba.

Para J. M. Torrente puede que el mayor logro de su padre haya sido su capacidad para crear una obra tan extensa a pesar de las circunstancias. “Primero, porque por razones personales, ejercía la escritura al margen de su ejercicio profesional, que era profesor. Por otro lad, tenía una familia bastante grande, éramos once hermanos, aunque fueran de dos matrimonios. Y segundo, porque era un tiempo difícil por las circunstancias políticas y sociales”.

Torrente Ballester comenzó a vivir durante el reinado de Alfonso XIII, vivió la dictadura de Primo de Rivera y la II República y desarolló casi toda su carrera dentro de la dictadura franquista. “Era una época de dificultades económicas y políticas, censura, persecuciones”, cuenta su hijo.

Desde muy pequeño empezó a sufrir una miopía que le acabaría dejando prácticamente ciego. Lo que no impidió su carrera literaria y académica. Tras realizar estudios en Filosofía y Letras y en Derecho y Ciencias, viajó a París, en 1936, con la intención de realizar su tesis doctoral. Cuando terminó el conflicto, empezó a dar clases en la Universidad de Santiago. Pero no fue hasta 1943 cuando apareció su primera obra: Javier Mariño, una pieza con tintes autobiográficos que tiene como base algunos acontecimientos vividos por el escritor durante la Guerra Civil.

“El hecho de empezar a publicar con treinta años y seguir publicando casi hasta al día en que se murió quiere decir que algo quería decir y, sobre todo, que algo tenía que decir. Que luego acertara, o no, eso ya lo decidirá el público, la crítica”, dice J. M. Torrente.

Elegir un libro entre tantos

Dentro de la extensa obra de Torrente Ballester —que cuenta con más de una veintena de novelas, un puñado de obras de teatro y otro de ensayos—, elegir un solo libro se convierte en  una tarea difícil. Y aún lo es más para su hijo: si J.M. Torrente tuviese que decir un nombre, entre tantos, ese sería el de Don Juan.

Dice que es su libro preferido porque, en él, su padre cultivó una visión muy particular del tema del amor. Y no del amor romántico entre dos personas, sino del amor como un sentimiento humano, expandido.

Por otra parte, J.M. Torrente recuerda que ese libro tiene un importante componente religioso. “Mi padre era una persona bastante preocupada por la religión, era creyente y algunos de los dilemas que tenía sobre ese asunto están plasmados en ese libro, personalizados en la eterna discusión entre católicos y protestantes”.

Por su parte, Barba reconoce que puede que no sea la mejor puerta de entrada, y que tal vez sería más conveniente comenzar por Don Juan, pero que el libro al que tiene más cariño es La saga/fuga de J.B., una obra que considera la pieza más irrepetible de su producción. “Fue un texto que me deslumbró mucho cuando lo leí por primera vez, en la facultad de Filología”, recuerda. “Tenía algo completamente nuevo y, a la vez, absolutamente familiar”.

“Me parece un libro extraordinario y sin parangón en la literatura española del siglo XX. Y no solo es único, sino, también, extraordinariamente divertido y descacharrante”. Como un Macondo en el que la realidad se confunde con lo fantástico, Castroforte del Baralla  —pueblo en el que transcurre La saga/fuga de J.B.— aparece en algún lugar imaginado de la geografía gallega para dar origen a una historia inusitada.

Barba dice que si abres La saga/fuga de J.B. por cualquier página, encuentras “una imagen brillante, un hallazgo verbal”. Descubrimientos literarios como el siguiente, que se corresponde con el inicio de la novela: “[...] En la mañana de niebla, casi al alba, las voces estremecen al aire como trompetas”.

A pesar de que Torrente Ballester comenzó sus andanzas literarias afiliándose a la Falange, eso no impidió que tuviese que pasar el filtro de la censura franquista. En el prólogo de La saga/fuga..., Andrés Barba recuerda el informe del censor encargado de revisar ese libro y comenta: "Solo una censura tan absolutamente destartalada como la nuestra pudo dejar colar un texto plagado de críticas políticas de todo tipo".