Eduardo Arroyo. El Buque Fantasma, 2018
Eduardo Arroyo. El Buque Fantasma, 2018 © Eduardo Arroyo, A+V Agencia de Creadores Visuales, 2018/2019.  EDUARDO ARROYO

Creador inagotable, trabajador incansable, Eduardo Arroyo (Madrid, 1937-2018) permaneció al pie del cañón hasta sus últimos días, aferrándose a sus obras y, a la vez, a la vida. La última de ellas, titulada El Buque Fantasma, es un cuadro de gran tamaño que inició durante el verano del 2018 y finalizaría el 14 de agosto.

"Lo pintó de noche, cuando se encontraba mal y ya no tenía fuerzas, aunque él no se daba cuenta, se levantaba, pintaba y lo terminó, como él quería", recordaba su viuda, Isabel Azcárate, hace unos días en el Real Jardín Botánico de Madrid.

Hasta allí ha llegado este cuadro, junto con otras 37 esculturas y pinturas producidas en las últimas dos décadas por el artista, para dar forma a Eduardo Arroyo. El Buque Fantasma, una exposición póstuma que rinde homenaje a este maestro desaparecido el pasado mes de octubre y con la que se completa, además, una trilogía expositiva que empezó en 2017 en la Fundación Maeght de Saint-Paul-de Vence en Francia y continuó el pasado año en el Museo de Bellas Artes de Bilbao.

Ya con motivo de esa primera cita que reunió más de 150 trabajos suyos en Francia - segunda patria de Arroyo y país al que se exilió huyendo del franquismo en 1958 y hasta la llegada de la democracia- el creador se lamentaba así: "En España, las antológicas son necrológicas. Aquí no ha ocurrido y quizás no ocurra".

Llegaría a contemplar parte de estos trabajos en su querido Bellas Artes de Bilbao - museo al que consideraba uno de los más importantes de España- pero, a pesar de su enorme ilusión por estar en el Jardín Botánico y participar activamente en la preparación de esta muestra, no ha sido posible que la viese materializada en la capital.

Pintado en su taller de su casa familiar de Robles de Laciana (León), El Buque Fantasma, como otros tantos cuadros suyos, se adueña del imaginario literario y artístico que siempre fue fuente de inspiración inagotable para el artista. En concreto, toma como punto de referencia la famosa leyenda del marinero maldito recreada por el compositor Richard Wagner en la ópera Tristán e Isolda.

De gran formato (dos metros por tres), en la pieza destaca un gran submarino marrón de ruedas naranjas flanqueado por dos caballitos de mar rojos y con un fondo repleto de máscaras de Fantomas, el personaje literario de Marcel Allain. Las máscaras y las referencias literarias no solo están presentes en este lienzo sino también en otras pinturas presentes en la muestra que evocan a Dorian Gray, Moby Dick y su duelo a vida o muerte con el capitán Ahab, Don Juan Tenorio, Falstaff, Madame Butterfly o Doña Inés.

La exposición, coproducida por La Fábrica junto a la Fundación Enaire y comisariada por Fabienne Di Rocco, se completa con la proyección de la película Arroyo. Exposición individual producida en 2011, en la que el artista dio rienda suelta a su elocuente verborrea en un monólogo de ¡24 horas! y en el que se definió como "Un pintor que escribe. Un pintor que hace objetos. Pero en realidad no soy nada más que un pintor. Un pintor que ha tenido una buena educación. Todo gira en torno a la pintura".

Para la ocasión también se ha editado el libro Eduardo Arroyo. El Buque Fantasma, con 41 imágenes y dos textos de la comisaría y del escritor Julio Llamazares. La exposición puede visitarse hasta el próximo 17 de marzo.

El divorcio de Fantomas, 2016

El divorcio de Fantomas, 2016. Eduardo Arroyo.