Lavavajillas
Una imagen de un lavavajillas lleno. CHEFKEEM / PIXABAY

Son muchas las personas que, antes de meter los cubiertos, vasos y platos en el lavavajillas, los remojan en el fregadero con la intención de que queden más limpios. Sin embargo, esto puede ser contraproducente puesto que estos aparatos funcionan mejor con los platos sucios.

Aunque la intuición nos haga pensar que el agua ablandará la suciedad de nuestra vajilla y el lavaplatos tendrá menos problemas para limpiarlos, si el electrodoméstico tiene menos de cinco años lo único que ocurre es que se esforzará menos en limpiar nuestros cubiertos, según cuenta MyRecipes.

Esto ocurre por dos razones. La primera es que las máquinas modernas cuentan con sensores que analizan la suciedad y ajustan los ciclos de lavado basándose en los datos obtenidos. Si metemos platos que están medio limpios, el lavavajillas los lavará menos.

Por otro lado, las partículas de detergente necesitan suciedad a la que agarrarse para tener un mayor efecto ya que están diseñadas para pegarse a la grasa y expandirse. Si el plato está limpio, no tienen a donde adherirse y resbalan por la superficie sin efecto alguno.

Además, hay también que tener en cuenta que muchos de los lavavajillas tienen una función de prelavado, por lo que remojarlos previamente pierde todavía más el sentido.

Forzar el lavavajillas para que los sensores no trabajen y utilizar el ciclo más largo para que la vajilla salga impecable solo provocará que gastes muchísima agua.

Si eres de los que remojan la vajilla antes de meterla en el lavaplatos, evita hacerlo, saldrá más caro y dañará más el medio ambiente. Lo único que tienes que tener en cuenta es eliminar los trocitos grandes de comida que puedan atascar el lavavajillas.