Ratón de laboratorio
Un ratón de laboratorio sobre la mano de un científico. GTRES

La presentadora lanzó la siguiente pregunta al público: "¿Cuántos de los que estáis en esta sala sois veganos?". La inmensa mayoría del más de centenar de personas alzó sus manos y el júbilo invadió el espacio. Era noviembre, y se estaba celebrando en Berlín (Alemania) la gala de entrega de premios del Lush Prize 2018, un galardón que recompensa la labor de científicos y activistas que buscan alternativas a la experimentación con animales. Esta ceremonia lleva ya siete años efectuándose, y en ella se congregan expertos de todo el mundo que comparten un fuerte sentimiento: proteger a los animales y, en la medida de lo posible, sacarlos de los laboratorios.

Entre los inventos laureados la edición pasada se alzó un ojo parpadeante compuesto por células humanas que cuenta con conductos de lágrimas y un párpado móvil que pestañea respondiendo a estímulos externos. Su creador, el profesor Dan Dongeun Huh junto con su equipo de la Universidad de Pensilvania (EE UU), pretende acabar progresivamente con la prueba de Draize, en la que se colocan filas de conejos en los laboratorios para administrarles productos químicos en los ojos y medir así la irritación ocular. Entre el resto de ganadores también hubo por primera vez una española, Pilar de la Puente, que ha creado una especie de 'gelatinas' porosas personalizadas con muestras de pacientes afectados por cáncer. En ellas recrea el ambiente que rodea al tumor y les aplica distintos tratamientos para predecir a cuál de ellos responderá favorablemente el paciente y viceversa.


Pilar de la Puente, ganadora de la categoría 'Joven Investigador' del Lush Prize / CEDIDA.

Cabe preguntarse si, gracias a este tipo de avances científicos y tecnológicos, a día de hoy se podría poner punto y final al testaje con animales. En España, solo en 2017, numerosas especies de animales fueron sometidas a distintos tipos de experimentos un total de 802.976 veces. El ranking lo encabezaron los ratones (523.467 veces) seguidos por las aves de corral (82.107), las ratas (56.036), "otros peces" (44.667), los peces cebra (41.020) y los conejos (25.931), según los últimos datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

Aunque de manera aislada estas cifras puedan sonar abrumadoras, lo cierto es que el empleo de animales en los laboratorios españoles se ha reducido considerablemente desde 2009, cuando fueron sometidos más de 1.400.000 veces a estas prácticas. Este descenso supone una disminución de aproximadamente el 43%.


Evolución del uso de animales en la experimentación en España / MAPA

Lluís Montoliu, investigador científico del CSIC en el Centro Nacional de Biotecnología, explica a 20minutos por qué se ha reducido el uso de animales en la experimentación así como por qué aún no se puede prescindir de estas prácticas: "Lo que tiene que quedar claro es que los investigadores somos los primeros que queremos dejar de utilizar animales tan pronto como sea posible, pero todavía no se puede. Este tipo de investigaciones siguen siendo prioritarias para entender cómo funcionamos, cómo se establecen las enfermedades y qué podemos hacer para curarlas. Hay muchos procedimientos de investigación que ya no requieren animales y que se pueden implementar mediante aplicaciones informáticas o mediante simulaciones -como es el caso de los estudios genómicos- , pero hay otros que siguen requiriendo el uso de animales, como por ejemplo el desarrollo del sistema de visión del ojo, que es muy complejo".

Karl Bygrave, director de la compañía Lush e impulsor del premio Lush Prize, no opina lo mismo. "Hay numerosas alternativas evaluadas y simplemente ya no es necesario seguir testando en los ojos de los animales. Si eres científico y aprendiste con el testaje animal, has llevado a cabo testaje animal y entiendes el testaje animal, el nuevo tipo de conocimiento científico que está emergiendo puede parecerte amenazante porque es algo con lo que no estás familiarizado. Los investigadores jóvenes están más abiertos a las posibilidades que la ciencia está desarrollando. Entiendo el punto de vista tradicional, pero tenemos que empezar el nuevo viaje y comenzar a confiar en las posibilidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías".


Karl Bygrave, director de Lush e impulsor del Lush Prize / CEDIDA

Transparencia

En 2016, la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE) aprobó un acuerdo por la transparencia sobre el uso de animales en experimentación científica al que ya se han adherido 133 instituciones. Su objetivo es que los ciudadanos puedan disponer de toda la información sobre el testaje animal en de manera clara y transparente. Para ello informan sobre los contextos en los que se experimenta con animales, subrayan la voluntad de algunas organizaciones para reducir el uso de los mismos o incluso divulgan la normativa que regula esta actividad. En Europa, aparte de España, solo un país ha lanzado una propuesta como esta: Reino Unido.

A pesar de este logro, en otras cuestiones vamos a la cola de Europa: en España no existe una financiación pública destinada específicamente a desarrollar alternativas a la experimentación animal. Montoliu señala que "países como Suecia, Dinamarca o Reino Unido no solo apuestan por el desarrollo, sino que tienen centros nacionales para investigar métodos alternativos financiados por el Estado. Allí se prueban alternativas, se validan y se ponen a la disposición de la comunidad científica. Eso deberíamos tenerlo en España, pero no lo tenemos. Es un déficit que hay que denunciar. Hasta donde podemos, los investigadores estamos reclamando que se pongan en marcha estructuras alternativas".

El Ministerio de Ciencia y Universidades español, preguntado por este diario sobre si el Estado dedica alguna partida concreta al desarrollo de alternativas a la experimentación animal, sostiene que no hay "constancia de cuánto dinero se destina concretamente a la investigación científica de alternativas a la experimentación animal, más allá de algunos proyectos concretos. Por tanto, tampoco conocemos con certeza cuánto dinero se destina a la experimentación animal, porque habría que revisar miles de proyectos uno por uno para saber cuántos realizan experimentación con animales".

Otros datos sobre la experimentación

Nivel de sufrimiento

De todas las ocasiones en las que se experimentó con animales en España en 2017, 41.203 supusieron la muerte inmediata del animal. En la mayoría de ocasiones, el grado de dolor, estrés o sufrimiento que soportaron fue "leve" (415.094). Por leve ha de entenderse, tal y como recoge el informe del MAPA, "un dolor, sufrimiento o angustia leves de corta duración y aquellos cuyo bienestar o estado general no haya sufrido un deterioro significativo como resultado del procedimiento". El segundo grado de dolor experimentado por los animales fue el "moderado" (280.781), en el que los animales sufren más que en el anterior. Por último, se encuentra la clasificación "severa" que vivieron 65.898 veces los animales. En esta ocasión, el sufrimiento que padecieron los animales fue muy duto y las secuelas muy graves. Las principales víctimas de este cuarto grupo fueron los peces.

Alteración genética

El mismo infome distingue entre aquellos animales que fueron alterados genéticamente y que durante dicho proceso no sufrieron dolor frente a los que sí lo experimentaron. Aquí hay que decir que la mayoría de animales directamente no fueron alterados genéticamente (aproximadamente el 64%). De los que sí lo fueron, aproximadamente el 31% no sufrió dolor, estrés o angustia. Entre ese 5% restante que sí padecio algún tipo de molestia durante la alteración, el informe especifica que la mayoría fue leve o moderado.

Reutilización de animales

De esas 802.976 ocasiones en las que se llevó a cabo un experimento con algún animal en 2017, 10.252 se realizaron en animales reutilizados, es decir, en animales con los que se ha experimentado más de una vez. Para reutilizar a un animal se tienen que dar una serie de condiciones: que en las ocasiones anteriores en las que se experimentó con él, el grado de sufrimiento no haya sido "severo"; que el animal esté recuperado plenamente del último experimento; que el experimento al que va a ser sometido no conlleve un sufrimiento "severo" y que un veterinario haya realizado una evaluación favorable.