Blade Runner y Akira
'Akira' y 'Blade Runner', dos títulos emblemáticos de la ciencia-ficción Warner Bros / Selecta

No hay replicantes a los que aplicar el test de voight-kampff o "retirar", ni coches voladores, ni hemos colonizado otros planetas, ni afortunadamente ha habido una Tercera Guerra Mundial, ni la telerrealidad se basa en luchas a muerte en directo para entretener a los ciudadanos. Este era el futuro 2019, ahora convertido en presente, que mostraban películas como Blade Runner, el largometraje de Animación Akira o Perseguido (The Running Man).

Ciencia-ficción de los ochenta intentado anticiparse a cómo sería el devenir de la tecnología, las arquitecturas y la humanidad más de tres décadas después. Seguramente la elección del año era puro azar, un mero dato con el que enmarcar sus distopías, plagadas de acción y filosofía.

Pero el tiempo pasa y ese destino (ficticio) nos ha alcanzado, aunque sea distinto al imaginado por la película de Ridley Scott, basándose en la novela de Philip K. Dick, al de la obra de Katsuhiro Ôtomo o al filme protagonizado por Schwarzenegger.

Gran parte de la informática y los diseños tecnológicos entre los que se movía Rick Deckard (Harrison Ford) nos parecerán desfasados, o la ciudad de Los Angeles oscura, sucia y permanentemente lluviosa, de edificios e interiores góticos, exagerada. No tanto la globalización, con urbes abarrotadas de población y multirraciales y, en Blade Runner, con predominio de rasgos asiáticos (japoneses).

Blade Runner

O el cambio climático, la devastación medioambiental y la polución, cada vez más presente en las grandes ciudades, y que en China ha alcanzado cotas preocupantes. Además estaban esas enormes pantallas de videos publicitarios presidiendo rascacielos. Una publicidad omnipresente, invadiendo grandes espacios, y espacios íntimos, hoy en día rastreando en nuestro historial, búsquedas y perfiles de Internet.

Y no hay todavía automóviles que surquen los aires, pero sí las primeras pruebas con Teslas eléctricos con el piloto automático; y en cuanto a robótica e inteligencia artificial, aún es un terreno incipiente, balbuceante, pero cada vez con mayores logros e incluso está llegando a los presentadores de televisión.

La temática cyberpunk que trataban se caracteriza por el alto desarrollo tecnológico en contraste con las miserias de la sociedad que reflejaba. Resulta chocante ver los progresos en un terreno y la precariedad en otros. Akira también era un buen ejemplo.

Akira (1988)

Nos imaginaba en un 2019 posapocalíptico, sufriendo las consecuencias de una Tercera Guerra Mundial y las radiaciones nucleares. Y aún así, con gobiernos empeñados en seguir su progresión militar.

La megalópolis de Neo Tokio era además un compendio de las desavenencias entre distintos grupos y formas de pensar. Tensiones y conflictos, bandos odiándose a muerte por cualquier razón, por cualquier pequeña diferencia de opiniones. ¿Demasiados reconocible con lo que tenemos hoy? Esto y el hecho de vaticinar que los Juegos Olímpicos de 2020 serían en Tokio.

En Perseguido, basada en una novela de Richard Bachman, Estados Unidos estaba bajo el férreo control de un gobierno totalitario militar, y los alimentos y la diversión en manos de las grandes corporaciones. Para mantener calmada a la población su principal baza era el reality show que da título a la película. Criminales, convictos y políticos disidentes convertidos en nuevos gladiadores.

Persseguido (The Running Man, 1987)

La arena de los antiguos circos romanos sustituidos por platós de televisión emitiendo en abierto para millones de espectadores. Una versión urbana de Los juegos del hambre.

Su trama empezaba en 2017, pero la acción principal se desarrollaba en 2019. Y no hay todavía jetpacks (mochilas propulsoras) como en la película, pero sí Internet, una red que en Perseguido se denomina Infonet.

Un 2019 bajo el terror de mutantes, vampiros o monstruos gigantes

En los márgenes de la serie B, de escasos presupuestos y menos aspiraciones artísticas, proliferaron también en los ochenta producciones italianas intentando aprovechar el filón posapocalíptico o de sagas como Mad Max.

Era un futuro habitado por bandas violentas, mutantes, líderes oscuros y héroes con curiosas habilidades adornados por cintas de pelos y encrespados peinados ochenteros. Elementos de ciencia-ficción, a su manera, y otros propios de civilizaciones clásicas antiguas. En este 2019 situaron su acción dos de ellas, 2019: Tras la caída de Nueva York y Los nuevos bárbaros, ambas de 1983.

Los nuevos bárbaros (1983)

Mucho más cercana en el tiempo, el pasado año se estrenó Geostorm, con Gerard Butler y más de 100 millones de dólares de presupuesto, recreando una posible catástrofe meteorológica, pero generada por medios artificiales.

El largometraje de animación Hotel Transivania 2 (2015) también transcurría en 2019 y, hace diez años, Daybreakers, dirigida por los hermanos Spierig y protagonizada por Ethan Hawk, puso a la humanidad al borde de la extinción, sometida a una raza de vampiros.

Daybreakers (2009)

También hubo dos prácticamente desconocidas películas de 1995 como son Heatseeker, con combates entre kickboxers y cyborgs, y Los caballeros de la muerte (Steel Frontier) en un mundo destruido y un puñado de supervivientes en un lugar sin ley. Se estrenó directa a vídeo. y en definitiva, ninguna nos deparaba nada halagüeño ni idílico.

Y una de las superproducciones más esperadas este año en el género fantástico es Godzilla II: El rey de los monstruos, que está previsto que se estrene en junio. Colosales criaturas y humanos coexistiendo en pleno 2019.