Eva Rufo
La actriz de teatro Eva Rufo durante la entrevista. JORGE PARÍS

La crítica y el público se han rendido a sus pies y los de la Joven Compañía de Teatro Clásico por el montaje de Las bizarrías de Belisa, que ella protagoniza. Sin embargo, Eva Rufo conserva una humildad sorprendente que acompaña durante toda la entrevista de una gran sonrisa.

¿Cómo y cuándo se inició en el mundo de la interpretación?

Lo tuve claro cuando fui por primera vez a [la feria de oferta educativa] AULA. Vi la Real Escuela Superior de Arte Dramático (RESAD) y dije: "¡anda, esto se estudia!" (risas). Como siempre he sido muy cuadriculada, decidí que, después de terminar C.O.U., haría las pruebas y que si no me cogían no era lo mío.

Y cuando lo propuso en casa...

Me dijeron que estudiara primero algo serio y que luego ya veríamos (risas). Así que estudié Educación Especial, que es mi segunda vocación. Cuando terminé, me presenté a las pruebas [de la RESAD]... ¡y entré!, dio esa casualidad. En la muestra final de carrera me vio el director de Zampanó Teatro y me cogieron para La Celestina. Desde entonces no he parado, casi siempre [haciendo] clásicos.

¿Por casualidad?

No. Si quieres dedicarte a algo toda tu vida y hacerte una buena carrera lo que tienes que hacer es formarte bien. Es como el que empieza a bailar o a pintar. Tienes que empezar siempre por la base, y la base son los clásicos.

En casa me dijeron que estudiara primero algo serio"

¿Cómo la eligieron para protagonizar Las bizarrías de Belisa?

Eduardo Vasco, el director, fue profesor de la Escuela. Me había visto trabajar en alguna muestra, en la compañía José Estruch... y, seis meses antes de empezar con el proyecto, me llamó para hacerme una prueba.

¿Cree que este trabajo y las excelentes críticas que ha cosechado supondrán su lanzamiento definitivo?

Creo que sí... ¡es una subida de escalón! (risas), he subido un peldaño. Pero no está todo hecho. Se debe ir dando pequeños pasos y trabajar duro... poco a poco. Pero está muy bien, estoy conociendo a gente que de otra manera no habría podido conocer.

¿Sabe cuántos resultados arroja la búsqueda de su nombre en Google?

¿Cuántos?

2.560

¡Ay, qué fuerte! (carcajada). Son cosas graciosas, no dejan de ser curiosidades.

Con Las bizarrías de Belisa he subido un peldaño"

¿Qué es lo más difícil de interpretar a Belisa?

Dotar de profundidad a un personaje que está incluido en una comedia. Por el texto de Lope, Belisa tiene momentos de gran lirismo y profundidad emocional. Es difícil no romper el código de la función ni sacar de él al espectador llevándole a terrenos que no tienen que ver con la comedia pura y dura. A la vez es precioso trabajar como actriz tantos registros... Dentro de la función me vuelvo loca, me visto de hombre, sufro, exploto de ira...

Al respecto de los momentos de lirismo, ¿qué siente cuando, al terminar la representación, consigue que el auditorio casi contenga la respiración escuchándola?

Es como tener la capacidad de que se pare el tiempo, ¡y da una sensación de poder!... (risas). Es tener la posibilidad de regalarle al público lo que te está pasando en ese momento, que es enorme. Es una sensación muy rara.

¿Resulta más complicado interpretar en verso?

Quizá, porque si se te va el texto en un momento improvisar en verso es prácticamente imposible, aunque le vas cogiendo el tranquillo (risas).

¿En serio?

Alguna vez nos ha pasado... Se te olvida una palabra, no sabes por dónde seguir y empiezas a contar las sílabas de otra que se te ocurre en décimas de segundo (risas). Pero, vamos, no es más difícil que estudiar otro texto.

Lograr que el público casi contenga la respiración al escucharme es como tener la capacidad de que se pare el tiempo"

¿Qué ha aportado la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico?

Eduardo nos ha dado la oportunidad a gente joven de trabajar con personajes de envergadura. ¡En otras circunstancias no podrías aspirar ni siquiera a hacer "criada 2"! (risas). Por otro lado, es una manera de demostrar a la profesión que estamos bien preparados, ¡que no sólo aspiramos a salir en la tele! No digo que eso esté mal, pero hay gente joven que también se preocupa por labrarse una carrera seria.

Tendrá que abandonar la Compañía cuando cumpla 30 años. ¿Ya tiene algún proyecto?

Seguir trabajando con Las bizarrías, que tengo hasta mayo. En abril creo que empezamos a ensayar el siguiente montaje, La noche de San Juan, que dirige Helena Pimenta. Y, como cumplo los 30 en octubre, creo que todavía me mantienen en nómina (risas).

Hablando de nóminas, ¿cómo vive un actor de teatro?

¡Madre mía! Los que llevan muchos años en esto te dirán que del teatro no se come... y es verdad (risas). Lo que se mantiene siempre es la inseguridad; por supuesto no tengo vacaciones pagadas, pagas extraordinarias... Estás ganando mucho seis meses y los otros seis no ganas nada. Pero, quien algo quiere... (risas).

El teatro no es elitista, pero tampoco debe ser masivo; para eso está el cine"


¿Cómo podría el teatro llegar a un mayor número de gente? ¿Podría ser igual de masivo que el cine?

Es que el teatro no es elitista, pero tampoco debe ser masivo; para eso está el cine, para comunicar las cosas de otra manera.

La tele, el cine... ¿no le atraen?

Decirte a estas alturas que descarto la tele o el cine sería como cavar mi tumba profesional (risas). Claro que sí, me encantan, pero hay un momento para todo. Tienes que estar preparado y yo me lancé por el teatro porque creo que es para lo que me formé.

¿Y la fama?

Es algo accesorio. Que la gente te conozca por la calle ayuda a tener trabajo, sería tonta si pensara lo contrario, pero buscar la fama como fin... Estaría dispuesta a soportarla (carcajada), pero me queda tan lejos...

BIO: Eva Rufo nació en Madrid en octubre de 1978. Es diplomada en Educación Especial y licenciada en Arte Dramático por la RESAD. Está soltera.