Fukushima
El accidente en Fukushima es uno de los ejemplos más recientes de emergencia radiactiva. EFE

Hombres y mujeres enfundados en trajes plomados camino de una zona cero en cuyo centro late una barra incandescente con plutonio hasta los topes. Desde hace año y medio, la Comunidad de Madrid diseña su propio plan de protección ante catástrofes radiológicas, un dossier de más de 150 páginas que fija las pautas de actuación para un buen abanico de episodios radiactivos que van desde los que durante años ha imaginado Hollywood a otros menos peliculeros. "El riesgo es bajo y no hay ninguna amenaza concreta a la vista", advierte a 20minutos Carmen Martín, subdirectora general de Coordinación Operativa. "Pero desarrollarlo es una obligación, como con los de inundaciones o incendios forestales".

El hecho es que en Madrid solo hay una instalación nuclear, la categoría con un mayor riesgo asociado de crisis. Está en el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (Ciemat), en plena Ciudad Universitaria y a cinco kilómetros de Sol. Ahí, durante un tiempo, se almacenó un reactor "ya desmantelado" y quedan varias unidades "operativas". Así lo refleja el plan, cuya primera versión se acaba de hacer pública antes de someterse a un largo proceso de verificación legal y técnica para su aprobación a mediados de 2019.

Fake news y planchas de hormigón

Por debajo de ese nivel hay unas 230 instalaciones diseminadas por toda la región preñadas de elementos radiactivos. "Muchas", según Martín, aunque bajo control. Aceleradores de partículas, aparatos para diagnósticos médicos o medidores de las propiedades del suelo que, en manos equivocadas, pueden ocasionar una emergencia.

Si se registrasen vertidos o emisiones, el protocolo empezaría por el "rescate urgente de víctimas" y su atención sanitaria. En paralelo, el mando único encargado de la gestión de la crisis decretaría una zonificación, esto es, la delimitación del territorio en anillos en torno al lugar de los hechos. El área más protegida (y vigilada) sería la "zona de medidas urgentes", a la que solo podrían acceder "grupos de intervención" encargados de combatir la "propagación" de la radiactividad. Envolviendo ese perímetro, se podrían ubicar grandes blindajes con planchas de plomo o de hormigón. A su alrededor, otras dos zonas ("de alerta"y "libre") determinarían las medidas de protección.

Porque, como explica Martín, proteger a los madrileños sería la clave de esta estrategia elaborada por un grupo de expertos y que, ahora, el Ayuntamiento de la capital deberá transponer a su normativa. Las autoridades podrían recurrir a la radio y la televisión, a la megafonía o al puerta a puerta para dar instrucciones. También, a llamar de forma masiva a teléfonos fijos con "locuciones" pregrabadas y enviar mensajes a móviles. Entre las órdenes, el plan autoriza a la Comunidad a decretar "confinamientos" en hogares y "edificios públicos aislados", traslados "temporales" a albergues hasta que la contaminación en suelo, agua y aire se elimine o, incluso, realojamiento de vecindarios enteros en "nuevos asentamientos". En este contexto, se alerta sobre el peligro de que cunda la "desinformación" de fake news y pseudoexpertos.

Robos de película... que ya han ocurrido

Además, el protocolo prevé otros escenarios. Al movimiento de mercancías peligrosas en Barajas y en las aduanas de Coslada y Abroñigal, se incluyen detonantes como la aparición de "fuentes huérfanas", como material radiactivo robados que los ladrones abandonan "conscientes de su peligro", algo que "ha ocurrido".

También, un ataque terrorista con "bombas sucias" –que requieren tecnología "bastante sofisticada"– o la llegada de nubes tóxicas desde un nuevo Chernóbil, un evento que dispararía la actividad de los 900 medidores repartidos por el territorio nacionalde la red centinela que vigilan los niveles de radiación de fondo a cada momento. Incluso, se cita la caída de a la superficie madrileña de "satélites de la era soviética" cargados con "pequeños reactores". Algo "muy poco probable" pero capaz de desatar el caos "en pocas horas".

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