Estas generales serán las décimas desde 1977 y coinciden con el año en que se cumplirá el 30 aniversario de la Constitución. Esto da una idea sobre el peso que tienen ya electoralmente en España las generaciones que sólo han conocido la democracia. La sociedad española es la que, sin duda, más ha cambiado de toda Europa occidental en casi todos los aspectos, pero las normas jurídicas que rigen la participación política apenas han registrado cambios: la Constitución de 1978 se mantiene invariable y la ley electoral (Loreg) apenas ha sido modificada.

Esto tiene ventajas e inconvenientes. Por el lado positivo, tenemos una forma de hacer las elecciones estable y transparente y los resultados detallados difundidos al poco de acabar la votación (en muy pocos países se anuncian tan rápido) nunca se han puesto en duda. Por el lado negativo, el sistema electoral para elegir el Congreso (se verá en esta serie), poco proporcional, beneficia más en escaños a las primeras candidaturas estatales o a las formaciones nacionalistas, que con pocos votos logran una rentabilidad máxima en sus territorios o circunscripciones respectivas. Penaliza al resto. Y si ello provocó en su día la desaparición del centrismo de Suárez (CDS), ahora está afectando gravemente a IU, que si no se recupera en estas elecciones podría llegar también a desaparecer. En cuanto al Senado, que también se elige el mismo día, pero con otra fórmula electoral, todos piensan que como Cámara territorial que es está perfectamente desfasado con la realidad de la España de las autonomías y, sin embargo, su reforma sigue sin abordarse.


Otra distorsión importante también reside en la relación entre la población y el tamaño del Congreso. Desde las primeras generales de 1977 hasta ahora el número de diputados se ha mantenido invariable en 350, pese a que la Constitución posibilita un tamaño que puede variar entre los 300 y 400 diputados. La cifra de 350 se fijó porque hace treinta años cada escaño de diputado equivalía a unos 100.000 habitantes. Ahora la población de España supera los 45 millones y la relación alcanza ya unos 130.000 habitantes por diputado. El Congreso debería tener ahora como mínimo 400 diputados (el aumento podría hacerse coincidir con la reforma de la ley electoral, quizá eligiéndose éstos dentro de una circunscripción única estatal como en Alemania).

Hace unos pocos meses surgió un debate sobre la reforma electoral y se hicieron muchas propuestas, algunas fueron verdaderos propósitos, pero al final el debate decisivo, el que debe tener lugar en el Congreso, ha seguido sin abrirse en la pasada legislatura. ¿Serán éstas últimas generales celebradas antes de acometerse las reformas?