Los pianistas Mine Kawakami y Chucho Valdés.
Los pianistas Mine Kawakami y Chucho Valdés. JORGE PARÍS

El este y el oeste reunidos en su centro. Eso pretenden la japonesa Mine Kawakami (conocida como la pianista del alma) y el cubano Chucho Valdés (hijo del mítico Bebo Valdés): un diálogo entre culturas, dos pianos mediante, sobre el escenario del Teatro Real de Madrid. Mine & Chucho tendrá una única función este sábado. Ellos, la conocida como la pianista del alma y el hijo del mítico Bebo Valdés, después de esto, seguirán aprendiendo.

¿Qué les sugiere la música del otro?
Chucho: Siento una gran admiración por Mine. Aunque ya está consagrada, tiene un futuro todavía mejor. Y como persona es muy especial. Su música es de una belleza extraordinaria y muy descriptiva: de los bosques, los vientos, el mar. Del amor. Pone imágenes a lo que tú solo puedes imaginar mientras la estás escuchando.

Mine: Es un monstruo tocando el piano [risas]. Y gran persona. No puedo dar con alguien que admire tanto en global. Es un motor de mi música. Chucho tiene lo que yo estaba buscando en la vida. Cuando me siento mal, en Japón, voy a un templo sintoísta o budista, que nosotros vivimos en estas filosofías, y me afina el espíritu, me deja bien, me da fuerza. Chucho es como ese templo.

¿Cómo se fusionan dos culturas, en apariencia, tan diferentes?
Chucho: El mundo es una fusión. La música de Cuba es África, España y la música indígena. Para enriquecerse y desarrollarse, la música tiene que tomar elementos de otras culturas, pero teniendo en cuenta sus raíces. Lo que hacemos Mine y yo es exactamente eso. Ahora tengo rasgos de su música que he incorporado a la mía y viceversa, porque la música es el único idioma universal que existe.

¿Sentís que la música clásica es cada vez más una isla?
Chucho: No lo creo. La clásica es el punto de partida. Lo he hablado con Mine: sin una formación clásica, no puedes desarrollar ningún tipo de arte. Y cuando ya tienes la esencia, desarrollas tus propios temas. Es decir, la técnica. Si no, se te pueden ocurrir las cosas pero no sabes cómo las vas a plasmar. Y eso solo la da la música clásica. No hay otra.

Mine: Tampoco hace falta dominarla, pero sí saber lo que es una partitura, la gramática base para comunicarte.

¿Una partitura es la única bandera que debe seguir la música?
Mine: Cuando tocamos juntos, compartimos partituras para ver por dónde vamos, pero no la miramos, no tiene mayor importancia ni nos domina. La partitura es una llave...

Chucho: ...un guion, un pretexto, pero a partir de ahí nos entendemos en la improvisación.

Gabriel Celaya decía que «la poesía es un arma cargada de futuro». ¿Y un piano, qué es?
Chucho: Exactamente lo mismo. No poesía escrita, sino del sonido, con las mismas reglas. Igualito.

La vida, sin música, es un error, que diría Nietzsche.
Mine: Es que no nos la podemos imaginar.

Chucho: Piensa que no existiera la música en el mundo por un segundo. [Silencio] No habría nada, seríamos otro tipo de seres humanos.

Vamos a pasar a diferentes "usos" de la música. Me explico: ¿sirve para dialogar?
Mine: Si hablamos de usos de la música sí, claro. Es hablar.

Chucho: Es lo que hacemos, un diálogo, entre dos personas y entre dos culturas. No es una competición. Nos acerca o nos separa si nos entendemos o no. Si conoces a alguien y habla otro idioma, no lo entiendes. Inclusive existe la mímica en la música [risas]. Las señas que tú haces con las que dices "vamos a continuar" o "vamos a acabar aquí", sencillamente con un movimiento de cabeza.

¿Y sirve para viajar?
Mine: Claro que sí, es el transporte más universal. Te puede llevar no solo a lugares, sino al pasado y al futuro, a otros planetas. Es como ese tren o ese avión que te lleva donde quieres.

Chucho: Te puede llevar al pasado cuando escuchas una canción de otra etapa anterior de tu vida, que te recuerda qué te pasaba cuando la compusiste. Y luego hay canciones que te pueden dar una visión futurista de la vida, como una pintura abstracta, que están más allá de lo que está pasando aquí y ahora.

¿También para migrar y derribar fronteras?
Chucho: Ella cuando toca se sitúa en los paisajes de su tierra, de su país. Cuando yo toco el son cubano, en mi mente estoy en La Habana, tomando el sol, con un café y un puro. Es lo que nos acompaña musical y psicológicamente. Porque la música sí derriba fronteras. Ha derribado tantas que te diría todas. Todas las fronteras. Es una medicina.

Es decir, la música tiene raíces pero llega a cualquier lugar.
Mine: Siempre. Yo sola no puedo crear nada de la nada, busco inspiración con otras músicas. Necesito siempre estar conectada con cualquier música que existe...

Chucho: La música afrocubana tiene sus raíces en África; la asiática, en Asia, claro; la música europea tiene sus raíces en la historia, desde el Renacimiento a, luego, lo barroco y lo romántico. Todas tienen sus raíces y tienen que ver con los seres humanos de esos sitios. La música te enseña, sin verlo, el tipo de persona de cada lugar. Un ejemplo. Yesterday, de los Beatles. O Bésame mucho. Han polinizado el planeta. No son ya del autor, ni siquiera del país. El mundo entero las conoce. Pero no lo consiguen todos los autores, solo los mejores.

Pero para eso deben ser emociones comunes. ¿Ustedes a qué sentimientos apelan?
Mine: Yo soy muy neutral. No lloro con la música. Sí quiero que la gente sienta algo, pero no compongo para consolar, sino para consonar. Soy sincera con una idea. Mi intención es transcribir lo que hay en la naturaleza, pero sin tener que transmitir mi sentimiento.

Chucho: En mi caso, no tengo un camino exacto. A veces compongo cosas rítmicas, otras melódicas. Y a veces, sin querer, tristes. Como yo sienta en ese momento, porque uno no siempre siente igual y lo que vaya a pasar luego es un misterio. Por eso yo no apelo a nada, porque no fabrico música. No es algo mecánico.

¿Qué da la experiencia?
Mine: Por ejemplo, con la preparación de este concierto me he dado cuenta de que sigo aprendiendo. Que, de hecho, aprendo más que durante los seis años que pasé en Alemania estudiando. Después de este concierto, después de todos estos meses o incluso dentro de unos años, te puedo contar qué me ha dado la experiencia, pero ahora estoy en ello.

Chucho: Yo trato todos los días de aprender algo, aunque sea una sola cosa. Y después de tantos años tratando de aprender, de estudiar mucho, me doy cuenta de que la música tiene más cosas que no sé que aquellas que he aprendido hasta hoy. Y eso, más que ponerme triste, me da alegría, porque hay mucho camino por seguir.

Puede ser que la enseñanza sea seguir aprendiendo.
Chucho: Como dice mi profesor Leo Brouwer: "El arte y la música son una eterna espiral". No termina, como una ciencia, cada día algo nuevo. Porque el que crea que aprendió todo, ese no sabe nada. [Risas]. Nunca nadie lo aprendió todo: ni Franz Liszt ni Chopin.