El recargador de patinetes eléctricos Carlos Medina, con varios de los patinetes recogidos con su furgoneta
El recargador de patinetes eléctricos Carlos Medina, con varios de los patinetes recogidos con su furgoneta. ÓSCAR GUTIÉRREZ

Carlos Medina es un juicer de 30 años que vive en Madrid. Pero ¿qué es un juicer? Son un grupo de autónomos, la mayoría hombres de menos de 35 años, que trabajan recargando la batería de los patinetes eléctricos de las marcas que han llegado a España a raíz de esta moda en los últimos meses como Lime o VOI.

Cada día, cuando está terminando la tarde, los juicers salen a buscar patinetes para llevárselos para recargar su batería. El proceso de búsqueda es similar al juego de Pokemon Go: tienen una aplicación, en ella salen símbolos de sacos de dinero donde, supuestamente, se puede encontrar un patinete que puede recoger. Una vez que les encuentran, se los llevan, les recargan la batería y los devuelven a la mañana siguiente.

Según indica Medina a este periódico, los precios en general por recargar un patinete están la mayor parte las veces entre cinco y seis euros por cada patinete en bruto. A partir de ahí, habría excepciones de hasta diez euros. De estas cantidades habría que descontar el paso del precio bruto a neto, el precio de recargar cada patinete, entre 12 y 18 céntimos y los gastos de trabajo como la gasolina utilizada para conseguir estos vehículos.

Las condiciones pueden parecer apetecibles teniendo en cuenta que el propio Medina ha llegado a tener varias rachas de días cogiendo 30 patinetes. Pero, aunque hay dinero en el sector, este trabajo es más duro de lo que se ve en un principio. 20minutos ha acompañado en uno de sus días de trabajo a Carlos Medina para conocer de primera mano el sector.

Inestabilidad laboral

Carlos Medina tiene un local pequeño, situado en el Barrio de Salamanca de Madrid, donde recarga los patinetes. Ahí tiene 40 cargadores preparados para recargar estos vehículos, sin embargo, cada noche que sale a recoger patinetes, no sabe cuántos va a recoger.

Cada tarde noche Carlos Medina sale con su furgoneta a buscar patinetes. Este autónomo va en su coche, con todas las aplicaciones abiertas, buscando todos los patinetes que pueda. Este juicer barre "de zona en zona" a la caza de estos vehículos, un trabajo que le "gusta", aunque cambiaría los horarios. Pero, dentro de los riesgos de este trabajo, está que cada día no tiene garantizado encontrar nuevos patinetes.

Dentro de los riesgos que tiene este trabajo Medina destaca los patinetes fantasmas, vehículos que aparecen señalizados en la aplicación, pero vas al lugar donde supuestamente se encuentran y no están. "No hay nada que te garantice que un patinete está o no está" asegura Medina a 20minutos. Para intentar evitarlos, se basa en la "intuición", se aleja de zonas como el parque del Retiro y trabaja en zonas de calles pequeñas, en las que se pueda "maniobrar bien".

Además, hay veces que la aplicación de búsqueda no funciona bien, y es imposible localizar patinetes esa noche de esa marca. Otro de los problemas que tienen en la búsqueda de patinetes es que puede ser que cuando llegues a uno de estos vehículos, esté roto, por lo que no puede ganar dinero con él. "No sabes en la aplicación en que estado está cada patinete" se lastima.

Medina lleva un mes y medio trabajando recogiendo patinetes. Al principio era un complemento a su trabajo de informático, pero al ver que conseguía un buen salario ahora se dedica principalmente a esta ocupación y tiene a una persona contratada para hacer el trabajo con él. A pesar de esta decisión, este juicer ve los patinetes más como una moda que como un trabajo a largo plazo. "Cuando empiece el frío, esto va a bajar mucho", sentencia.

De hecho, ya ve que la cantidad de trabajo ha bajado mucho ya que recuerda que en las primeras semanas se "iba a las doce de la noche aburrido de recoger patinetes". Ahora, hay días que se puede conseguir veinte y otros que no puede recoger ninguno.

Él se ha organizado dentro de este sector tomando decisiones cuando las veía seguras. Ahora tiene alquilado un pequeño local, de donde cuelgan todos sus cargadores en las paredes, y una furgoneta vieja. Al contrario que él, Medina conoce a gente "que se la ha pegado". "Han hecho un renting (un alquiler a largo plazo), para un año, y ahora no saben que hacer con ella", declara a este medio.

Después de recargarlos durante la noche, tiene que devolverlos en un punto de control, las localizaciones donde la gente recoge los patinetes por la mañana. Según detalla Medina, los patinetes tienen que estar allí antes de las 07:00. Si lo entregas después, te pagan la mitad. Y si lo devuelves después de las 08:00, "no te lo pagan".

Hipercompetitividad y abusos de poder

"Es la ley de la selva", los patinetes se liberan a un hora, (pasan a estar operativos para cargar) y "el primero que llegue se lo lleva" asiente Medina a 20minutos. Él atestigua a este medio que ha visto gente pegándose por recoger un patinete o a personas que se colocan "encima de uno" para llevárselo él.

Este autónomo afirma que no va a zonas como el Retiro, por la cantidad de "carnívoros" que hay allí. "Ves a la gente actualizando la aplicación como locos cinco minutos antes de que liberen los patinetes" y, cuando llega el momento "salen corriendo a por ellos", garantiza.

 

De hecho, él mismo reconoce haber sido adicto a recoger patinetes, llegando a tener problemas con su pareja y con gente de su entorno. "Crea adicción, porque tu estas viendo que hay dinero en la calle, que tú solo tienes que ir a por ello". Aunque tiene un grupo de compañeros con los que tiene piques sanos, y ahora se lo toma de una forma más tranquila, Medina entiende que esta profesión "no deja de ser una competición pura y dura".

Más allá de sus compañeros, Medina sostiene de una forma muy contundente que no te puede "decir que los juicers sean buena gente". Al margen de la competitividad, denuncia la "especulación" del sector, donde ha visto que hay gente que tiene "a cuatro, cinco personas, trabajando para ellos de malas formas", sin darles de alta a la Seguridad Social.

Recientemente, el chico que trabaja para él sufrió un atropello cuando iba a recoger un patinete. No miró al cruzar a un lado de la carretera, y cuando pasó a la otra acera, un coche le pilló la pierna. Medina le acompañó al hospital y estuvo mirando por él hasta que a la semana se acabó recuperando. "Si hubiera estado con otros, hubiera estado en la mierda", dado que no habría tenido derechos laborales a los que acogerse, confirma.